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La fiesta de los comunistas franceses
L’Humanité: Es un combate cotidiano
César Jerez / Miércoles 24 de septiembre de 2008
 

Fundador y redactor de la Agencia Prensa Rural. Geólogo de la Academia Estatal Azerbaijana de Petróleos (exURSS). En Bakú obtuvo una maestría en geología industrial de petróleo y gas. Es profesor y traductor de idioma ruso. Realizó estudios de gestión y planificacion del desarrollo urbano y regional en la Escuela Superior de Administración Pública -ESAP de Bogotá. Desde 1998 es miembro de la ACVC. Actualmente coordina el equipo nacional dinamizador de Anzorc. Investiga y escribe para diversos medios de comunicación alternativa.

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En La Jonquera, la frontera entre Catalunya y Francia, el autobús bajó la velocidad a la espera de la orden policial para detenerse en el control. Tal como lo haría una lechuga en semejante situación, preparé lentamente un discurso valeriano que justificara mi equipaje de 45 kilos de harina venezolana para hacer arepas, adquiridas en la tienda latina de Barcelona. Había pensado de antemano que decir que iba para una fiesta con 45 kilos de harina de color blanco, sin más maleta, no serviría de nada. Decir que la fiesta era de los alicaídos, del poder, comunistas franceses tampoco ayudaría mucho. Mi pasaporte colombiano a los ojos de un policía trasnochado me condenaría de nuevo, por unas horas, hasta que la policía francesa verificara las propiedades alimentarias de la harina de maíz.

El policía galo no salió de su garita, por pereza o por estar mamado de su papel interrogador de "cabezasnegras". El conductor, un andaluz bonachón, empujó la chancleta hasta alcanzar de nuevo la velocidad permitida. Antes del mal dormitar en el Eurolines, reí recordando el último altercado de frontera: un policía luxemburgués, al ver mi estigmatizado pasaporte y mi pequeño bolso de viaje me pidió levantar la camisa, señalando mi barriga de ciclista profirió una pregunta inesperada: “–¿Qué llevas ahí dentro?” El humor negro de ultrajado, que me hace de fiel compañero y de farmacia desde hace varios años, esgrimió una respuesta a la altura de la cuestión: “– Un poco de comida y otro tanto de mierda”. Mi carcajada no le hizo tanta gracia al desconcertado "guachimán", pero la justicia verbal ya se había realizado.

Al llegar a París, como era de esperar, nadie me esperaba, pese a lo previamente acordado. Arrastrando el cargamento de harina por los pasillos del metro rememoré al prolífico poeta Wilson Burbano del Hierro y nuestras penitencias forestales de Moscú. Ya en Le Bourget, después de tres cambios de metro y tren pasando por la Gare du Nord, tenía la conciencia transparente y muchas ganas de empezar la faena. Era el viernes 12 de septiembre y llegaba tarde al festival del periódico comunista L’Humanité. En el puesto de solidaridad con Colombia de la ADPC de Dijon y la ACVC ya estaban "camellando" los Traslaviña: Libardo, Mirta y el sobrino, así como los franceses: Julien, el hermano y el primo. Era nuestro modesto equipo culinario que posteriormente sería reforzado por la gente de Arlac proveniente de Bruselas.

Tengo que ser franco y decir que no pudimos asistir a ninguna conferencia, a ningún concierto o actividad política más allá de lo realizado por nosotros y nuestros vecinos de puesto. Hacer arepas rellenas, empanadas, papas rellenas, arepaehuevos, así como servir Caipirinhas a la Uyuni y mojitos cubanos se convirtió en una actividad frenética siempre superada por comensales y dipsómanos durante los tres días de fiesta. La buena música de los Corraleros de Majagual, de los Gaiteros de San Jacinto, la excelsa salsa, los precios bajos y las caras amables funcionaron como un gancho magnético. No faltaron las muchachas que se aprovecharon de las dotes de bailarines del equipo culinario.

La fiesta de los comunistas franceses es sin duda más grande que la crítica realidad electoral de su partido. Es un ejemplo de capacidad logística y organización. Centenares de actividades políticas, culturales y lúdicas en condiciones de comodidad y seguridad. Un servicio de autobuses especiales garantizaba el acceso al parque departamental de La Courneuve desde la estación de tren. Más de 500 mil personas desfilaron por el festival e hicieron un importante aporte a la supervivencia financiera de L’Humanité.

Por nuestra parte, cabe decir que nos hicieron falta documentos y compañeros que hablaran francés para profundizar en los temas de la actualidad colombiana, en la situación de la ACVC, las actividades de la ADPC y la necesidad del acompañamiento francés a nuestros procesos. Nuestro puesto vendió seis mil euros en total y dejó dos mil de utilidades netas. Las ganancias serán utilizadas para enviar una sembradora mecánica a la Zona de Reserva Campesina del Valle del Río Cimitarra.

Agradecimientos muy especiales al Partido Comunista de Dijon, a la ADPC, a la familia Traslaviña, a Arlac por el esfuerzo solidario, por contestar tantas veces esa pregunta repetida una y otra vez: “¿Qué lleva esta empanada por dentro?”. Con esta experiencia se va consolidando la presencia de la ACVC en las grandes fiestas de solidaridad europeas. Una labor necesaria, pues como rezaba uno de los lemas publicitarios de la fiesta de París: La solidaridad es una cuestión de humanidad y la humanidad es un combate cotidiano.