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Debate
¡No, ’Charlie Hebdo’ no es racista!
Tras las acusaciones de racismo contra Charlie Hebdo en 2013, Le Monde publicó esta tribuna de Charb y Fabrice Nicolino. Charb, director de la publicación satírica, fue asesinado hoy en París
Charb, Fabrice Nicolino / Miércoles 7 de enero de 2015
 

A ’Charlie’, a nuestra ’Charlie Hebdo’ le duelen la tripa y el corazón. Porque una increíble calumnia circula por círculos cada vez mayores y se nos atribuye a diario. ’Charlie Hebdo’ se habría vuelto una publicación racista.

Un día, un taxista árabe exige a uno de los colaboradores de la revista, al que reconoce, que se baje inmediatamente de su coche, por haberse burlado de la religión musulmana. Otro día, un interlocutor nos niega una entrevista porque "no habla con una revista de profundos racistas". Y, cuando el crápula ’Minute’ arremete, como sólo él sabe, contra Christiane Taubira, hay imbéciles, incluso en las televisiones, que colocan nuestra portada al lado de esa panfleto racista.

Proceso por brujería

¿A dónde ha ido a parar la conciencia moral, si las villanías se tornan habituales? Casi nos da vergüenza recordar que el antirracismo y la pasión por la igualdad entre todos los seres humanos son y seguirán siendo el acto fundacional de ’Charlie Hebdo’.

Está claro que el proceso por brujería que tantos espíritus débiles nos hacen sólo lo pueden ejecutar en secreto, lejos de la luz y sin dar posibilidad de defensa alguna. La lectura de nuestro periódico es la prueba definitiva de lo que afirmamos. Los que se atrevan a decir lo contrario es que nos nos leen y se contentan con alimentarse de un deleznable rumor.

Para los demás, para los que todavía respetan los valores más elementales, les contamos, en pocas frases, nuestra historia. Creada después de la prohibición de ’Hara Kiri hebdo’ por parte del ridículo poder gaullista de 1970, ’Charlie Hebdo’ es hijo del Mayo del 68, de la libertad, de la insolencia, y de personalidades claramente definidas como las de Cavanna, Cabu, Wolinski, Reiser, Gébé, Delfeil de Ton...

¿Quién se atrevería a hacerles un proceso retroactivo ? El’Charlie Hebdo’ de los años 70 ayudó a formar el espíritu crítico de toda una generación, burlándose, ciertamente de los poderes y de los poderosos. Riéndose, a veces a mandíbula batiente, de las desgracias del mundo, pero siempre, siempre, siempre defendiendo a la persona humana y los valores humanos que están asociados a ella.

Uno de los dramas de los calumniadores es que Cavanna, Cabu y Wolinski siguen con nosotros, fieles a su puesto de cada semana, sin haber jamás renegado ni un ápice de su pasado. Al contrario de otros muchos, que, en los últimos cuarenta años, tuvieron tiempo de cambiar varias veces de chaqueta social, el equipo de Charlie sigue el mismo camino.

Nos reímos, criticamos y soñamos todavía con las mismas cosas. No traicionamos secreto alguno, si les contamos que el equipo actual se compone de partidarios de la izquierda, de la extrema izquierda, de los anarquistas y de los ecologistas. No todos votan, pero todos aportaron su granito de arena a la derrota de Nicolas Sarkozy en el mes de mayo de 2012.

Nosotros hemos elegido bando

Ninguno de nosotros se atrevería a defender a la derecha, a la que combatimos a fondo. Y consideramos los fascismos, el fascismo, como un enemigo definitivo, que jamás se privó, por otro lado, de llevarnos ante los tribunales.

¡Abran, pues, nuestra revista! Jean-Yves Camus sigue, con el rigor que le caracteriza, las actividades de la extrema derecha. Laurent Léger desvela las sombras de las redes corruptas tan extendidas. Bernard Maris analiza la economía y el capitalismo como nadie. Patrick Pellous cuenta con dulzura los horrores de las urgencias hospitalarias. Gerar Biard lucha contra el sexismo y la publicidad. Zineb el Rhazoui critica -sí, y a fondo- las insoportables manifestaciones de un cierto islamismo. Fabrice Nicolino mira al mundo desde su prisma de ecologista radical, pero humanista. Sigolene Vinson detalla la vida diaria absurda de los Tribunales. Luce Lupin defiende con tozudez a las animales, esos grandes ausentes del debate público. Antonio Fischetti cuenta la ciencia o las ciencias con impertinencia y buen humor. Philippe Lançon proclama, cada semana, la victoria de la literatura sobre la tele. ¡IY todos los demás!

Por lo que a los dibujantes se refiere, ¿quién no los conoce ? Desde Charb a Riss, desde Luz a Willem, desde Riad Sattout a Tignous, pasando por Honoré, Catherine y, por supuesto, Wolin y Cabu, que hacen reír cada semana a todos los que no renunciaron a ser libres.

¿Dónde están, entonces, los supuestos racistas? No tenemos miedo de confesar que somos militantes antirracistas convencidos y desde siempre. Sin necesariamente tener una tarjeta que lo acredite, en este ámbito hemos elegido bando y jamás los cambiaremos. Si por casualidad -y no sucederá nunca- se publicase una palabra o un dibujo racista en nuestra revista, la eliminaríamos al instante y con bombo y platillo.

Por eso, falta saber el porqué. El porqué de esta idea loca que se extiende como una enfermedad contagiosa. Según esa idea proclamada por nuestros difamadores, seríamos islamófobos. Lo que, en su vocabulario, significa racistas. Ejemplo paradigmático de la involución que se apodera de tantas mentes.

Evidentemente, seguiremos adelante

Hace cuarenta años, era obligatorio execrar y hasta maldecir las religiones. El que quería criticar la marcha del mundo no podía dejar de abominar de los grandes poderes de los principales clérigos. Pero, según algunos, cada vez más numerosos, hoy habría que callarse al respecto.

Pase todavía que Charlie consagre muchas de sus viñetas a los papistas. Pero la religión musulmana, bandera impuesta a innumerables pueblos del planeta (hasta Indonesia) debería respetarse. ¿Por qué diablos tendríamos que hacer algo así ? ¿Cuál es la relación, más que ideológica, que hay entre el hecho de ser árabe y la pertenencia al Islam?

Nos negamos a escondernos detrás de nuestro dedo índice y, lógicamente, seguiremos adelante. Aunque sea menos fácil que en 1970, seguiremos riéndonos de los curas, de los rabinos y de los imanes, por mucho que guste o disguste. ¿Que somos minoritarios ? Quizás, pero, en cualquier caso, orgullosos de nuestras tradiciones. Y que los que pretenden, y quizás mañana vuelvan a pretender, que Charlie es racista tengan al menos la valentía de decirlo en voz alta y con su nombre. Sabremos bien qué contestarles.

Todo la redacción de Charlie Hebdo se suma a los autores de esta tribuna.

FABRICE NICOLINO (Periodista)

CHARB (director de la revista Charlie Hebdo’)