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Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018, en contravía del proceso de paz
Imelda Daza Cotes / Lunes 16 de febrero de 2015
 

El Plan Nacional de Desarrollo fue concebido como un instrumento-guía del gobierno, que define prioridades en materia de planes y programas para atender las necesidades de los colombianos mediante la maximización en el uso de unos recursos siempre escasos.

Para que así sea, es necesario consultar la voluntad y las aspiraciones de las regiones, de los departamentos y de las localidades, eso compromete la participación de las asambleas, concejos, organismos de planeación, organizaciones gremiales, cívicas y políticas y de la academia; todo en concordancia con principios democráticos consagrados en la Constitución y con el Sistema Nacional de Planeación que es el organismo responsable del seguimiento al PND durante el cuatrenio.

Todo indica que el PND14-18 que será estudiado a partir de esta semana demanda minuciosa observación y seguimiento de todos porque de su lectura se colige que no interpreta el sentir popular, no atiende los problemas cruciales del país y no se corresponde con la coyuntura histórica que exige inversiones y programas clave al finalizar la confrontación armada. Es un Plan excluyente, centralista, ajeno a las mayorías que no participaron de su preparación, alejado de una realidad que urge de participación ciudadana, de equidad, inclusión social y construcción de paz. La verdad es que los PND hace rato que extraviaron su ruta, perdieron peso técnico y político y se convirtieron en un ejercicio burocrático que cada 4 años realiza un grupo de tecnócratas en Bogotá, ceñidos exclusivamente a directrices del gobierno central y de los organismos internacionales.

Atendiendo a las abundantes críticas, el PND parece responder fundamentalmente a las exigencias de la OCDE, organismo promotor del neoliberalismo a escala planetaria, que impulsa la vinculación de Colombia al “club de los ricos”, en calidad de peón, se entiende.

El Plan es, según algunos analistas, “una selva de micos y sancocho legislativo” porque en él se camuflan otras muchas leyes en materia educativa (más privatizaciones y menos responsabilidad estatal), minera (más ventajas para las transnacionales), de salud (ventajas para las EPS), impuestos (avalúos catastrales superiores a la inflación), infraestructura, Tierras y desarrollo rural ( para modificar régimen de baldíos, suprimir y crear entidades), cultura (más televisión extranjera que nacional) amén de que ignoró a las comunidades indígenas y afrodescendientes. Hay un artículo que compromete a Colombia con la OTAN y autoriza enviar tropas a las guerras de EEUU y Europa.

Se otorgarán así “plenos poderes” al gobierno central en perjuicio de ese otro país no consultado y siempre perdedor. Es un Plan que va en contravía de los acuerdos de La Habana. ¿Hasta cuándo tanta plutocracia?