Asociación Campesina del Catatumbo
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Un decálogo de respuestas sobre la Zona de Reserva Campesina del Catatumbo
Respuesta al editorial del diario La Opinión
César Jerez / Viernes 20 de febrero de 2015
 

Fundador y redactor de la Agencia Prensa Rural. Geólogo de la Academia Estatal Azerbaijana de Petróleos (exURSS). En Bakú obtuvo una maestría en geología industrial de petróleo y gas. Es profesor y traductor de idioma ruso. Realizó estudios de gestión y planificacion del desarrollo urbano y regional en la Escuela Superior de Administración Pública -ESAP de Bogotá. Desde 1998 es miembro de la ACVC. Actualmente coordina el equipo nacional dinamizador de Anzorc. Investiga y escribe para diversos medios de comunicación alternativa.

El diario La Opinión de Cúcuta ha dedicado su editorial del 19 de febrero a la situación de la región del Catatumbo, la que consideran “la zona más conflictiva de Colombia”. Con este breve escrito, que espero sea publicado por La Opinión, quiero responder a algunas de las inquietudes y miedos que se plantean en el editorial.

1. El Catatumbo no es una región “difícil” per se, los orígenes del drama social, económico y bélico que vive esta región hay que buscarlos en la secular exclusión y en la explotación de los recursos de este territorio sin que esa renta y esos eventuales beneficios se distribuyan entre su gente. Más de 70 años de explotación petrolera y esta región no tiene carreteras, hospitales, escuelas, alcantarillados, agua potable. El mismo resultado se obtuvo con el agro-negocio de la palma aceitera que implantó el paramilitarismo de Estado y la misma miseria y marginalidad se vivirán si finalmente se entregan 300 mil hectáreas de esta región a la explotación a cielo abierto del carbón.

2. La guerra, la mafia, la ilegalidad que tanto les preocupa, son más bien el resultado de esa dificultad estructural caracterizada por la ausencia de políticas públicas, inversión social y desarrollo para la gente del campo. ¿Cómo solucionar los problemas del Catatumbo, si todo se planifica en función de entregar ese territorio para la extracción de sus recursos sin tener en cuenta que allí viven indios Barí y campesinos?

3. Señor Director, el campesinado del Catatumbo no es "un Estado dentro del Estado", son mujeres y hombres, hijos de las 12 mil víctimas mortales que dejó el paramilitarismo en esta región, que bajaron de las montañas y regresaron desde Venezuela después de la barbarie, para reconstruir su tierra, exigiendo sus derechos negados, organizándose en la Asociación Campesina del Catatumbo - ASCAMCAT, implementando unos mecanismos de participación directa que buscan solucionar sus problemas ante la ausencia del Estado. ¿Qué peligro representa para la institucionalidad del Estado una reunión de Junta de Acción Comunal, una Asamblea de Ascamcat o una constituyente popular donde se toman decisiones y se mandata desde la gente y para la gente? La autonomía del campesinado y sus formas directas de hacer política devienen de la dificultad del estado para llegar, estar y solucionar los problemas de la mano del pueblo del Catatumbo, más allá de las doctrinas de la guerra.

4. La Guardia Campesina no es una "figura retórica", es un mecanismo de participación con enfoque de derechos humanos. Ya existía antes, durante y después del paro campesino, fue formalmente constituida durante la constituyente regional por la paz del Catatumbo. Hace parte de Ascamcat, no es una estructura policial o militar, es netamente civil, se identifica con un simbólico bastón, se crea para garantizar protección y establecer mecanismos de defensa del territorio y su gente ante las arbitrariedades de las partes de la guerra. Durante el IV Encuentro de Zonas de Reserva Campesina en Tibú, esta guardia neutralizó al provocador profesional, Jaime Restrepo, y lo entregó al alcalde y a los mandos de policía y ejército. Su oportuna acción evitó que la provocación generara una tragedia, como lo querían quienes llevaron a ese desadaptado en un helicóptero militar a Tibú. Así que señor director, ya sabe todo sobre la Guardia Campesina, las sospechas infundadas sobran. Nosotros no necesitamos meterle miedo o presión a nadie. Crear organizaciones civiles es legal, lo que no hay es que crear una idea distorsionada de la Guardia Campesina que se traduzca en la eventual vulneración de los derechos humanos de sus miembros.

5. La Zona de Reserva Campesina se creó de hecho ante el incumplimiento de la ley 160 por parte del gobierno. Todo el tramite administrativo esta cumplido y no existe ningún impedimento para constituir la ZRC en el polígono de Tibú y en zonas de San Calixto y Hacarí, pero Santos faltó a su palabra, incumplió los compromisos que adquirió para levantar el paro campesino, por eso el Catatumbo es ya una Zona de Reserva Campesina de hecho.

6. La ZRC es un proceso organizativo, incluyente, que busca integrar el Catatumbo al desarrollo del país con condiciones favorables para la economía campesina, busca la presencia efectiva del Estado con sus instituciones, solucionar los problemas estructurales en materia de acceso a la tierra, formalización de la propiedad y desarrollo rural. Es la lucha acumulada por la tierra de un sector importante del campesinado colombiano desde los 80 y es una figura que está en la ley 160 desde 1994 y parcialmente reglamentada. Así que no hay que meterle miedos a nadie o hacerle el juego a los latifundistas y a los señores de la guerra contra nosotros, estamos exigiendo derechos normativos y desde la total legalidad.

7. Los cultivadores de coca del Catatumbo no son ni guerrilleros ni narcotraficantes, son campesinos sin ninguna otra alternativa. Por eso es fundamental recuperar la viabilidad de su economía, con un marco territorial y con garantías de sostenibilidad, con derechos políticos también. El Plan de Desarrollo Sostenible de la Zona de Reserva Campesina del Catatumbo y su Programa de sustitución de los ingresos derivados del cultivo de la coca son una valiosa herramienta para la solución de este problema. La represión es bruta y no sirve, 400 campesinos y recolectores del Catatumbo en la cárcel y un drama social es su único resultado. Desafortunadamente el gobierno ha incumplido con el Programa de sustitución y ha hecho oídos sordos a nuestras propuestas.

8. Señor director, lo anteriormente descrito nos dice que “la inestabilidad social, política y económica” del Catatumbo, que le preocupa al editorialista, no es que venga, es que ya está servida, el paro campesino del Catatumbo fue uno de sus indicadores. En el paro protestaron 17 mil personas, fue un paro regional que sumó a campesinos, cultivadores y recolectores de coca, comerciantes, arrieros, transportadores, a casi todas las actividades económicas de la región. Si usted revisa el pliego de peticiones que se le presentó al gobierno, pues ve que estamos reclamando tierra, territorio en forma de Zona de Reserva Campesina, fortalecimiento de la economía campesina con garantías de mercado, el anillo vial para la paz del Catatumbo, recuperar la casi inservible vía Cúcuta Tibú, un hospital de tercer nivel para todo el Catatumbo, escuelas, colegios, universidad, agua potable, alcantarillados, empleo rural. ¿Qué peligro representan nuestros reclamos?

9. Creo que a nadie más que a un campesino le duelen los cuerpos destrozados de policías, soldados y guerrilleros. Y que decir de nuestros campesinos asesinados. Todos esos muertos juntos son sus padres, sus madres, sus hermanos, sus hijos. Los opinadores de Bogotá suelen decir que están cansados de la guerra sin siquiera conocerla. No conocen su terror, el olor de la muerte violenta, el estruendo de una bomba, la masacre, la ejecución extrajudicial, el miedo a la amenaza, no saben lo que es huir de ella. Yo he visto todo este horror en el Catatumbo y en los campos de Colombia. Por eso estamos convencidos de la necesidad de la paz, la paz como una necesidad urgente, la paz como un imperativo y un derecho.

10. Nosotros necesitamos que la opinión pública de Norte de Santander sepa la verdad sobre lo que ocurrió y sobre lo que pasa actualmente en el Catatumbo. El gobierno le incumplió a los campesinos de esta región, nosotros vamos a reclamar nuestros derechos, desarrollamos actualmente la “firmatón” de un documento dirigido al presidente Santos, realizaremos igualmente acciones de manera escalonada y finalmente, si Santos no cumple, habrá un nuevo paro campesino. Eso fue lo que mandataron los campesinos, esos mismos que perdieron a sus seres queridos durante el paro, los que tienen a sus familiares presos, los que a diario tienen que sufrir la humillación de la guerra, el ostracismo y la pobreza, los que se mueren dentro de una ambulancia camino a un hospital incierto. Nos queda el derecho legal a la protesta. Cuando el gobierno cumpla tendremos un marco territorial, estructural, de inversión, de política pública, de participación para solucionar los problemas del Catatumbo, ese es el verdadero camino hacia la paz. Si nada cambia nuestro destino seguirá siendo la guerra. Ayúdenos, finalmente, a que todo esto cambie.

Editorial de La Opinióm

Catatumbo caliente

19 de febrero de 2015

Son varias ya las advertencias —y no dejaremos de formularlas— en relación con la realidad del Catatumbo, sin duda, la zona más conflictiva de Colombia, y, por lo que se avizora, donde más tarde podrían apagarse los ruidos de la guerra.

Siempre el Catatumbo ha sido una región difícil, muy difícil, en lo relacionado con el orden público y la convivencia. Ha estado en pie de guerra desde cuando a los europeos se les dio por desembarcar en el que llamaron Nuevo Mundo y enviar a un grupo de alemanes a explorar y andar de conquista por estos andurriales.

Con o sin petróleo, con o sin cacao, con o sin palma africana, el Catatumbo ha sido siempre una especie de crisol en el que se funden tantos intereses que uno más es, a veces, difícil de imaginar.

Solo en Catatumbo existen todas las formas de violencia de Colombia; solo en esta zona, tan nuestra y tan ajena, existen, todavía, guerrilleros del extinto Ejército Popular de Liberación (EPL), solo que están al servicio de Megateo, una especie de rara avis dedicada a conjugar el tráfico intensivo de coca y cocaína con la revolución popular campesina a la manera de los anacrónicos y superados postulados maoístas.

Megateo es, en realidad, el gran articulador del tráfico de drogas, responsable, en el fondo, de que los cultivos de coca estén creciendo de manera preocupante.

En el Catatumbo están —por alguna razón muy importante tiene que ser— el comando general de las Farc, uno de los más activos frentes del ELN, todas las bandas criminales, las mafias de contrabandistas de todo lo imaginable, fugitivos de todo origen, campesinos sin tierra en busca de parcela, aventureros, prostitutas y proxenetas, desempleados… en fin, todo un universo de factores que pueden, en cualquier momento, generar grave inestabilidad social, política y económica.

A esto hay que añadir la beligerante presencia de unos 20 mil campesinos que prácticamente se consideran una especie de estado dentro del Estado, con sus normas surgidas de una constituyente, y al amparo de una enigmática Guardia Campesina de la que nada se sabe pero mucho se sospecha.

Es, por decirlo de alguna manera, un ejército o una policía en ciernes, para respaldar la Zona de Reserva Campesina de hecho que crearon en la asamblea campesina constituyente.

Que nadie le quiera poner cuidado al Catatumbo es lamentable, porque, al menos en los últimos días, el país ha conocido algunos botones de muestra de lo que podrían ser de los 11 municipios de la zona en tiempos ojalá lejanos.

El atentado contra la patrulla del Goes ayer entre Ocaña y San Calixto se suma al ataque contra una patrulla del ejército en Sardinata. Al menos cinco muertos y otros tantos heridos no son cifras que puedan pasar inadvertidas.

Desde luego, importa saber quiénes son los responsables, pero, en verdad, importa más saber que las advertencias, los llamados de atención, no han sido suficientes para generar las alertas sobre tantas cosas que se mueven en ese subterráneo social de las zonas de influencia de la delincuencia, sea ella política o sea común, como sucede en el norte de este departamento.

¿Tendrá el gobierno idea clara y precisa de lo que es, por ejemplo, la Guardia Campesina? ¿Están los organismos de seguridad en capacidad de garantizar que es solo una figura retórica creada por los líderes campesinos para meter presión y miedo? Esperemos que sí.

De todos modos inquieta saber que existe la posibilidad de que una zona de reserva campesina ya decretada por sus usuarios tenga una fuerza que imponga criterios por la fuerza de una presión, quizás disimulada, pero perceptible.