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Medellín le cumplió la cita a la paz
Marcha Patriótica Antioquia / Sábado 18 de abril de 2015
 

La marcha que se realizó este 9 de abril en Medellín constituyó sin duda un acontecimiento histórico para la ciudad. Significó un punto alto en la capacidad de organización, movilización y convocatoria tanto de Marcha Patriótica como del movimiento social en general porque fue capaz de generar el espacio unitario y de convergencia con otras plataformas y organizaciones, a favor del amplio clamor nacional por la paz y la justicia social, por el cese bilateral de fuegos y por la Asamblea Nacional Constituyente.

En los últimos años no se conoce un hecho político de la magnitud de esta marcha, así la participación mayoritaria haya estado de cuenta de las delegaciones campesinas, afros e indígenas que arribaron desde diferentes regiones y departamentos como Chocó, Caldas, Risaralda, sur de Córdoba y los múltiples municipios de Antioquia.

El éxito político de la movilización radicó en la disposición y capacidad política de todas las organizaciones que se comprometieron y en la capacidad para unir al movimiento popular y democrático, de donde surgió el equipo de trabajo que organizó la jornada del 9 de abril.

Se destaca la trascendencia del mensaje político que dejó la movilización, porque contribuyó a hacer pedagogía sobre la necesidad urgente de la paz y el cese bilateral de fuegos que tanta falta le hace al proceso, en estos días funestos donde los diálogos mismos están en peligro, como acaba de ocurrir en el departamento de Cauca y Antioquia tras los lamentables y trágicos hechos donde han muerto más de 13 soldados y más de una veintena han resultado heridos.

Más ahora cuando la mezquindad de la derecha colombiana no tiene límites. Cuando se regocija, así trate de disimularlo con frases grandilocuentes de dolor y pesar, con las muertes de colombianos humildes que hacen parte de las filas del Ejército y la Policía Nacional encargados de velar por sus intereses. Si los caídos son de las filas guerrilleras, allí no hay cálculo ni premeditación, ni es aleve, ni bárbaro el ataque. Si el bombardeo es efectivo y produce destrucción y muerte de guerrilleros, poco importa si éstos son hijos de humildes campesinos colombianos. Ni qué decir de los campesinos y población civil víctima de la guerra.

La oligarquía colombiana ha hecho de las fuerzas armadas una máquina de muerte tan brutal que no puede ser tocada, ni si quiera en el campo de batalla por sus enemigos. No hay nada más absurdo y falso que pedir el fin de los diálogos de paz y llamar a reanudar unos bombardeos que lo único que conseguirán será prolongar el sufrimiento y aumentar la montaña de muertos que lleva la guerra en Colombia. ¿A quién le conviene eso? ¿Al pueblo colombiano? ¿A los humildes campesinos, indígenas, afros? La verdad es que al pueblo colombiano no le conviene la continuación del conflicto armado, que no es más que la prolongación de una guerra que no ha producido sino muertos de su lado. La continuidad de la guerra sólo le conviene a un sector de ultraderecha empoderado y enorgullecido a costa de mandar a otros a servir de carne de cañón en una guerra que ni empezaron ni se inventaron los pobres de Colombia, la mayor víctima de los intereses mezquinos de una oligarquía que se niega a dar el paso verdadero y definitivo hacia la terminación del conflicto armado.

Los soldados y policías, hijos de humildes colombianos, no pueden seguir siendo obligados y condenados al inhumano e indigno destino de ofrendar sus vidas bajo la falsa creencia que defienden la patria, cuando en el fondo lo que defienden es el egoísmo y los intereses miserables de las élites que gobiernan el país.

La mejor demostración de que amplios sectores de la sociedad quieren la paz, fueron las marchas multitudinarias que salieron a las calles el pasado 9 de abril.

Es apremiante exigir al cese bilateral de fuegos; el apoyo a la mesa de diálogos de La Habana y el establecimiento de mesas con el ELN y el EPL; y la Asamblea Nacional Constituyente.

Dos grandes tendencias se debaten hoy en el país: la que sigue empeñada en la guerra y la que está construyendo el camino hacia la paz. La Colombia que enarbola la bandera de la esperanza y el cambio no puede abandonarla, porque si lo hace deja el camino abierto a una derecha que manipula y se aprovecha del dolor de los más humildes, para continuar en la idea perversa de mantener a Colombia atrapada en el laberinto de la muerte.

Marcha Patriótica Antioquia se empeñará en mantener en alto la única bandera posible en Colombia: la de la paz con justicia social, la del cese bilateral de fuegos y la de la Asamblea Nacional Constituyente para que logremos transitar de la larga lucha armada a la lucha política en esta sacrificada nación.

Junta Patriótica Departamental de Antioquia