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San José de Apartadó
Comunidad pide no militarizar fiestas del corregimiento
Asociación Campesina de San José de Apartadó / Miércoles 22 de abril de 2015
 

Carta abierta al gobernador de Antioquia

“Cuando los ricos hacen la guerra, son los pobres los que mueren” Jean Paul Sartre

Señor:
Sergio Fajardo Valderrama
Gobernador de Antioquia

Fraternal y cordial:

Siempre será motivo de alegría y optimismo para la comunidad y sus organizaciones sociales, la posibilidad de escuchar y sentir cerca las instituciones del poder político y publico nacional. El poder político, el poder público que se acerca a la comunidad para escucharla es un ideal de construcción de democracia. Pero también debería ser fácil de entender para las instituciones, que en las últimas décadas la comunidad ha tenido una relación con el poder críptico del Estado, con una representación de un poder obscuro que emana del Estado y sus instituciones.

Las tierras han sentido un Estado distante y que repetidamente se ha manifestado a través de fuerzas de violencia y muerte mas cercanas a la barbarie que a la construcción de civilidad y democracia, esto incluso, además de ser una verdad obvia para los habitantes de la comunidad, es una verdad judicial, ha sido establecido claramente en diversos procesos penales donde los habitantes de San José de Apartadó aparecen como víctimas de horrendos crímenes y el Estado y sus instituciones como victimarios.

Ante una situación tan clara, innegable ¿Por qué la insistencia de las instituciones del poder público nacional en continuar dándole la espalda a los sentimientos de dolor y tristeza de los habitantes de la región?
¿Por qué es tan difícil que se comprenda que la única opción de defensa de esta guerra y sus protagonistas, es exigir que no se involucre a la población civil en esta? ¿Por qué tantas veces hay que decir que no se quiere la presencia de hombres armados de ningún protagonista del conflicto en las tierras de la comunidad?

De alguna manera se entiende el interés que puede existir en reconstruir la confianza de la comunidad en las instituciones, pero el camino no debe ser imponer acciones de hecho repetidamente, ignorando los reclamos y reservas de la comunidad. Más aún, señor gobernador, ello sucede, cuando las estigmatizaciones y señalamientos públicos continúan de parte de la XVII Brigada hacia la comunidad y quienes buscan paz y entendimiento, y cuando las graves violaciones al Derecho Internacional Humanitario persisten.

Muy a pesar de la comunidad, deben recordar que la región hace poco vivió un carnaval sangriento contra gente humilde orquestado por militares como el General Rito Alejo del Río, no hubo poder humano que hiciera recapacitar a las instituciones para socorrer a las víctimas, en aquellos tiempos nadie desde las instituciones llamó a la interlocución, ni ofreció recursos eficientes para protegerlos.

Hoy, ante esta experiencia, son mucho más insistentes en la defensa de la comunidad, considerando además que en el comportamiento de algunos oficiales de alto rango de la brigada XVII, se ven hechos y actitudes (los cuales se han denunciado ante la institucionalidad nacional y ante la opinión pública internacional) remanentes de aquella actitud demencial y tiránica que tanto dolor y sufrimiento causó.

El Estado falló, no sólo no protegió a la comunidad sino que además actuó en complicidad con horrendos criminales. Pese a ello se reconoce que en la gobernación departamental existe un cambio en la relación de instancias del poder público con las comunidades, una actitud sincera que reconoce el conflicto como componente fundamental de la democracia y que los tramita de manera civilista, respetuoso de la diferencia en el marco de la legalidad.
Por ello se continuará con el señor gobernador los diálogos francos, trasparentes, sin cartas escondidas bajo la mesa, sin estigmatizaciones, sin miedos. El Ejército Nacional tiene el derecho constitucional de intentar reconstruir la confianza y el prestigio al interior de la comunidad. Pero los oficiales más idóneos deben entender las reservas.

Sin embargo no es un diálogo franco y trasparente de reconocimiento y respeto a la comunidad y sus organizaciones sociales cuando, a sólo unos cuantos días de la visita del gobernador al corregimiento, se ignora la insistente petición de darle un carácter predominantemente civil a las fiestas de fundación del corregimiento.

Se invita a la Gobernación y al Ejército Nacional a contribuir a la causa de la paz escuchando, comprendiendo la historia del corregimiento, donde podrán entender que repetidamente se han equivocado con hombres, mujeres, ancianos y niños desarmados que sólo han querido paz, diálogo y concertación.

Hay que terminar este círculo de permanentes desencuentros. No sembrar más motivos para la discordia imponiendo decisiones, muchas de ellas violando el Derecho Internacional Humanitario, e ignorando los sentimientos de la comunidad.

Hoy sólo queda como opción, como organización social, rechazar la propuesta de convertir el acto civil en un acto cívico militar, con una militarización de hecho de las fiesta del corregimiento, sobretodo la presencia de oficiales que estigmatizan y que continúan la tradición de violación de los derechos humanos en la zona sin que las instituciones obren como deberían. Se agradece, en cualquier caso, la posibilidad de diálogo que la gobernación ha ofrecido a la comunidad y a sus organizaciones sociales, y se cree que sabrán comprender de una manera democrática las causas justas que modestamente yacen aquí escritas y son motivo de todo el campesinado de este territorio que busca incansablemente la paz como lo dice la Constitución Política colombiana.

¡Por una paz duradera con justicia social, cese al fuego bilateral ya!