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Columna de opinión
Gina Paradoy la chantajista de la educación en Colombia
Jhon Jairo Salinas / Sábado 25 de abril de 2015
 

Quiero empezar este texto recordando apartes de un ensayo escrito por el más prominente hombre de letras que ha dado el país: Gabriel García Marquez, cuyo solo título “ Un País al alcance de los niños” nos deja como moraleja que la señora Gina Prody concibe la educación desde una forma estúpida de ver la realidad.

(...)Una educación desde la cuna hasta la tumba, inconforme y reflexiva, que nos inspire un nuevo modo de pensar y nos incite a descubrir quiénes somos en una sociedad que se quiera más a sí misma. Que aproveche al máximo nuestra creatividad inagotable y conciba una ética -y tal vez una estética- para nuestro afán desaforado y legítimo de superación personal. Que integre las ciencias y las artes a la canasta familiar, de acuerdo con los designios de un gran poeta de nuestro tiempo que pidió no seguir amándolas por separado como a dos hermanas enemigas. Que canalice hacia la vida la inmensa energía creadora que durante siglos hemos despilfarrado en la depredación y la violencia y nos abra al fin la segunda oportunidad sobre la tierra que no tuvo la estirpe desgraciada del coronel Aureliano Buendía. Por él, país próspero y justo que soñamos: al alcance de los niños.

La fiel expositora del Estado reaccionario de Colombia, hija de las familias más adineradas de la alta sociedad santafereña, de Bogotá, formada en los centros educativos más prestigiosos de Europa y Estados Unidos. Esa es la que se quiere mostrar como la adalid de la educación pública en el país.

La que sin vergüenza utiliza el chantaje como método de intimidación a los trabajadores de la educación aglutinados en la Federación de Educadores de Colombia (Fecode). El magisterio ve con escozor como esta filipichín del pensamiento neoliberal desconoce las justas causas que ellos reclaman: nivelación salarial, estímulo económico para educadores del escalafón catorce, vinculación laboral a los nuevos docentes sin intermediación laboral, mejoramiento de la planta física de los centros educativos, garantías para una jornada única con el presupuesto necesario para brindar plena calidad a los escolarizados, garantizar el servicio de salud a los docentes teniendo como principio que el derecho a la salud es fundamental. Estas son algunas de la demandas del magisterio.

Pero lo que llama la atención es la amenaza e intimidación a quienes ejercen su derecho a la legítima protesta, desconociendo los convenios y tratados internacionales de derechos humanos, como los pactados con la Organización Internacional del Trabajo (O.I.T).

Con gran preocupación también observamos cómo se violan por parte del Estado colombiano los derechos de los trabajadores, campesinos y urbanos, violando la libertad sindical en diversas formas: el Estado hace negatorios los derechos de asociación, contratación y huelga, a la cual se suma la guerra sucia y la creciente criminalización del ejercicio de los derechos sindicales. A la luz de los convenios sobre derechos humanos y de la OIT, el trabajo constituye un derecho humano fundamental y, como lo ha expresado la OIT frente al caso de nuestro país, donde se ha perturbado la libertad sindical, "no puede haber democracia sin sindicalismo" y "la situación de violencia que afronta Colombia de manera general hace imposibles las condiciones normales de existencia de la población e impide el pleno ejercicio de las actividades sindicales". Aunque la Constitución reivindica los derechos humanos, con gran énfasis en el derecho al trabajo, lo cierto es que las reformas laborales, los proyectos de ley en curso y las políticas del gobierno van dirigidas a acabar los derechos adquiridos de los trabajadores, haciendo que el sindicalismo pase de un estancamiento a un proceso de extinción si no hay correctivos a tiempo. Las cifras de este documento reflejan la intención del Estado y del capital de exterminar física y organizativamente a los trabajadores lo cual impone a estos optimizar sus formas de acción sindical para poder, de manera eficaz, confrontar la política neoliberal imperante.

Señora ministra no puede ser que mientras dice defender el Estado Social de Derecho, usted viole de manera infraganti el derecho a la huelga, utilizando el chantaje e intimidación “Al que no trabaje no se le paga”, se lo olvida a usted que los trabajadores sindicalizados tienen fuero sindical.

Señora Gina Parody la calidad de la educación no es embutiendo estudiantes en salones lúgubres, ni entregando "Coca Cola con Chocorramo" como alimentos básicos a los niños y jóvenes en sus jornadas de descanso, ni tampoco pagándole salarios miserables a las mujeres que laboran en los restaurantes escolares.

Señora ministra la «deshumanización» de la educación es la consecuencia de la opresión, y afecta a los oprimidos y a quienes oprimen.

“Los oprimidos, en reacción contra los opresores, a quienes idealizan, desean convertirse a su vez en opresores. Es una gran contradicción, que desafía al oprimido proponiéndole una nueva fórmula, transformarse en los restauradores de la libertad de ambos. De esta forma, debería nacer un hombre nuevo que supere la contradicción: ni opresor ni oprimido: un hombre liberándose, humanizándose”. (P. Freire)

Este es el momento histórico, educadores, estudiantes, padres de familia, para enarbolar las banderas de una educación digna, donde no sigamos siendo lacayos de un sistema, que lo único que quieren es convertir las escuelas, colegios y universidades en fábricas de mano de obra barata, donde cuyos futuros profesionales salgan con un título, mendigando por un salario miserable, trabajando para las transnacionales, que en últimas son las que se roban los recursos de esta sufrida patria.

Este es el momento de recordar apartes del manifiesto de Córdoba, cuyo documento lo dan a conocer los jóvenes estudiantes de Argentina en el año de 1918. “Hombres de una república libre acabamos de romper la última cadena que en pleno siglo XX nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas con el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos: las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.”

Señora ministra aquí en Colombia es momento de seguir la senda de hombres como Simón Rodríguez, el maestro de nuestro libertador, quien “no concebía la existencia de fronteras entre lo social, lo político y lo educativo. Tampoco pronunciaba ideas eclécticas que admitieran un todo vale. Sus pensamientos daban un valor puntual a cada aspecto en cada caso en particular, porque lo fundamental era que las mismas redundaran en beneficiar la razón del hombre, privilegiar lo humano. Esto hace complicado pretender ver su pensamiento segmentado, ya que él era una unidad confeccionada con ideas y pensamientos orientados a consolidar lo humano desde una visión educativa integral”.

Señora ministra Gina Parody: ¡Basta ya, no utilice el chantaje como argumento para aplastar las ideas y esconder la cloaca de la educación en Colombia!