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Sobre el trabajo del periodista
Lorena Pineda / Miércoles 29 de abril de 2015
 

Hace un par de días llegué, por recomendación de un colega, al artículo escrito por Mario Zamudio, titulado ¿Quién gobierna en San Juan de Lozada? y publicado en la sección ¡Pacifista!, de la revista Vice. La recomendación venía acompañada por la celebración de algo que estaba haciendo Zamudio y que, lamentablemente, pocos periodistas se atreven a hacer: reportería en campo.

La crónica inicia con la descripción del recorrido para llegar a San Juan, panorama no muy diferente al de todas las regiones rurales del país: carreteras destapadas, una serie de retenes militares, “curvas y polvo” como señala Zamudio y, finalmente, el objeto de la discordia: Un peaje popular. A partir de este hallazgo, el autor empieza a narrar algo que no es nuevo para el país y que, además, resulta ser uno de los grandes retos que existe, si de firmar la paz y construir los posacuerdos se trata: Existen relaciones de coexistencia entre las FARC-EP y algunas comunidades rurales.

A propósito, ya lo diría William Ramírez, en el prólogo al libro de Alfredo Molano Trochas y Fusiles y es que “para integrar a las FARC dentro de nuestro modelo sociopolítico vigente es preciso tener en cuenta que, detrás de sus fusiles, hay una vasta red de tejidos sociales y costumbres políticas que no se pueden encerrar dentro de las estrechas fórmulas aplicadas hasta hoy por los negociadores del gobierno”.

El relato continúa con el testimonio de algunos habitantes del lugar, éstos le cuentan al periodista sobre sus relaciones con las guerrillas, que van desde los vínculos familiares porque, aquí me permito citar a Zamudio “Todos aquí han visto alguna vez un guerrillero. Todos tienen un familiar, o un amigo, o un conocido que se fue para el monte”, hasta el papel que han desempeñado las FARC-EP en la resolución de conflictos; dejando en evidencia la figura de autoridad y justicia que llega a representar la guerrilla, en lugares donde la presencia del Estado es nula.

Con algunos de estos testimonios, Zamudio acierta a respetar el anonimato de la fuente, en un claro ejemplo de rigurosidad y ética periodística. Rigurosidad y ética que se pierden en el aire, cuando a partir de una de esas declaraciones, el periodista menciona a una organización campesina llamada “Ascal” de quién, de haberse tomado el tiempo para verificar, habría logrado escribir el nombre de manera completa y correcta. Y, aunque previamente Zamudio anunció la relación entre la población civil y la guerrilla, parece necesaria la aclaración de que “Si bien esta no es una organización guerrillera, cada representante de las veredas ante Ascal tiene alguna relación con la guerrilla. En el meta tienen presencia los frentes 7, 26, 27, 31, 40, 44 y 53 de las Farc y todos están interesados en saber qué se habla en las reuniones de esta y otras asociaciones campesinas. Su relación con la población civil es a veces orgánica y a veces de fuerza”

Aún así, hay señalamientos que resultan mucho más peligrosos, es el caso de algo que el periodista denomina “mecanismo de justicia que impone las Farc y cobra Ascal“ y que detalla con cifras y valores. ¿Sabrá Zamudio que este tipo de afirmaciones ponen en riesgo a la población civil? Ya lo diría, el CNMH, en su informe sobre la masacre del Salado y es que” La coexistencia social y geográfica de grupos irregulares con la población de cualquier localidad ha servido a menudo de pretexto para enarbolar la criminalizante fórmula de los “guerrilleros de civil”. Este rótulo no sólo convierte a las comunidades en objetivo militar, sino que, en un contexto de polarización política, constituye una especie de marca social de exclusión o segregación.”

¿Conocerá Zamudio el significado de las siglas de la organización que él denomina simplemente “Ascal”? ¿Se habrá tomado el tiempo, si quiera, de preguntarle a la organización qué tan ciertas eran las afirmaciones que le suministraron en los testimonios? ¿Conocerá Zamudio el importante trabajo que ha desarrollado “Ascal” de la mano con entidades estatales como INCODER y Parques Nacionales Naturales de Colombia? ¿Conocerá el Manual de Convivencia de San Juan de Losada [1], construido por las comunidades desde el año 2007 y en el que, ese mecanismo de justicia que él atribuye a las FARC-EP, es en realidad, un mecanismo distinto, fruto del ejercicio popular y civil de autonomía territorial y justicia comunitaria?

Me permito, entonces, finalizar en el lugar en el que empecé, con la celebración de un colega por el no muy usual trabajo de reportería en campo. Hay que celebrarlo, sí, aún más si tenemos en cuenta que la crónica publicada da cuenta de una visita que realizó el periodista a la región de La Macarena, en el marco de construcción de su reportaje sobre el Bloque Oriental de las FARC-EP, para el especial del programa Los Informantes de Caracol Televisión. Reportaje que, hay que decir, destaca por su juicioso trabajo en campo; no es el caso, por el contrario, del reportaje escrito. Y es que, sí, el trabajo del periodista o del reportero dista mucho de ser la construcción de políticas públicas o la solución de las crisis políticas que nos tienen en guerra hace 60 años; el trabajo del periodista es informar, lo que no significa una responsabilidad más pequeña. Informar desde la rigurosidad y el tacto, sobre todo si hablamos de paz y conflicto; aquí la responsabilidad es sobre la vida de la población… nada más.

Lo

[1- Sí, Losada con eSe y no con zeta; porque así lo llaman las comunidades que entrevistó Zamudio, ¿lo sabrá?.