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¿Quién tuvo la culpa?
Carlos A. Lozano Guillén / Martes 18 de noviembre de 2008
 

Como en la publicidad de una empresa comercial, «el tubo tuvo la culpa», en el caso de las «pirámides», entendidas como la captación de ahorros de manera ilegal y por fuera del control de los organismos estatales, los ahorradores tuvieron la culpa.

El argumento oficial es que los clientes de las «pirámides» invierten su dinero, motivados por el rendimiento fácil y según el embajador gringo para lavar dinero, por lo cual el gobierno no asume responsabilidad alguna, distinta a la reacción tardía y demagógica.

Es una explicación pueril. Olímpica la lavada de manos a lo Pilatos del presidente Uribe Vélez, quien como siempre reacciona a posteriori, ante las cámaras, para responsabilizar a los subalternos, en este caso el superintendente financiero, que fue un incompetente, como también el gobierno, que conoció de las captaciones ilegales y no actuó en defensa de la sociedad y de las víctimas inocentes.

Uribe Vélez también debe responder, porque no puede continuar con el cinismo desde la «Casa de Nari», para eludir la ineficacia y la irresponsabilidad del poder. Ayer resuelve el caso de los falsos positivos echando a la calle a 27 integrantes del Ejército, entre éstos a tres generales, mientras hoy saca por la puerta de atrás al superintendente financiero por el escándalo de las «pirámides». Es un estilo acostumbrado a lo largo de los últimos seis años, con el manido cuento del efecto teflón. El viejo truco, como dicen los avivatos.

Pero aquí hay algo más. Y es la responsabilidad del arrogante y salvaje sistema financiero colombiano, consentido del modelo neoliberal; sus dueños son verdaderos caimacanes, que con arrogancia manejan el país. Los bancos y corporaciones abusan de los ahorradores. Mientras trabajan con el dinero de los clientes del sistema, pagan bajos intereses y cobran altas tarifas por el servicio de lucrarse con los ahorros del público. Entretanto, hacen su agosto con las altas tasas de interés y el crédito caro. Precisamente es por la desconfianza y el repudio al abuso extremo, que la gente coloca sus escasos ahorros atraída por los cantos de sirena de los estafadores. Es lo más notorio de las protestas de los clientes de la empresa DMG, cerrada e intervenida con medidas apresuradas e improvisadas que no resuelven lo fundamental: la devolución de la totalidad del dinero a los ahorradores.

La gente se endeuda para invertir en las «pirámides». Son víctimas de los ilegales pero también de los legales. Todo esto es parte de esa cultura del dinero fácil que se da en un estado mafioso y de corrupción en las alturas del poder, pero que por sí sola no explica el fenómeno masivo. Es el resultado de una sociedad enferma pero por el abuso del capital y de la extrema desigualdad social.