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Columna de opinión
Colombia, una patria sin memoria
Nilson Castrillón / Jueves 28 de mayo de 2015
 

En la historia del conflicto armado interno colombiano, se han creado múltiples escenarios para la solución política y dialogada de la confrontación, los cuales han resultado ser improductivos por diversas causas, desde los procesos con Belisario Betancur en el 82 hasta los diálogos en la zona de distención en san Vicente del Caguan con Andrés Pastrana en el 98, esfuerzos frustrados por la falta de voluntad por parte del Estado para llegar a un acuerdo que signifique el fin de la guerra. El absurdo ideario del establecimiento de hacer creer al pueblo que el problema del conflicto es una guerrilla armada haciendo oposición a las políticas neoliberales dejando de lado los problemas estructurales que originaron la confrontación.

El estado colombiano, en el marco de los diversos escenarios de solución política al conflicto armado, ha jugado con una doble moral, mientras en las mesas de diálogos habla de paz y solución dialogada, en el territorio nacional ordena operativos militares y paramilitares tales como el exterminio de la Unión Patriótica por parte de grupos paraestatales con el concurso directo de las fuerzas militares, de policía y organismos de inteligencia del estado, bombardeos indiscriminados, la judicialización de diversos líderes sociales, campesinos, políticos y defensores de derechos humanos con el objetivo de entorpecer cualquier avance en las conversaciones y después salir haciendo alharaca por la respuesta de las guerrillas a estos evidentes incumplimientos. En el campo político y económico no cesa de ejecutar sus políticas neoliberales, miles de reformas a la educación y la salud que no benefician en nada a los pobres de Colombia, privatización de los medios de producción, atentados contra la soberanía nacional con las concesiones de explotación de recursos naturales a las multinacionales, liquidación de empresas publicas generando un alto índice de desempleo, auspiciando el paramilitarismo y la concentración de la tierra en manos de unos pocos, por lo que se ha producido millones de desplazados, miles de masacres y una cifra exorbitante de muertes selectivas.

Caso semejante se está viviendo en el marco del actual proceso de paz, pues el Estado habla de desescalonar el conflicto y celeridad en la firma de los acuerdos finales, pregona de su voluntad de paz ante la opinión publica mientras manda a masacrar vilmente a compatriotas en medio de la noche con los bombardeos aéreos y sus francotiradores, utiliza los medios masivos de información y cualquier artimaña habida y por haber para satanizar a las insurgencias y desinformar al pueblo colombiano, envía al ejército al campo de batalla para que muera en combates con las guerrillas como los 11 soldados que murieron en el cauca en combates con las FARC EP, siembran el terror entre la población campesina con simulaciones de enfrentamientos como los ocurridos el pasado 23 de mayo en la vereda la Barrialosa de San Vicente del Caguán donde asesinaron impunemente a un guerrillero de las FARC EP, dos campesinos y dos más resultaron heridos por el fuego y explosivos de las fuerzas oficiales, bombardeos indiscriminados cerca de los asentamientos humanos donde ocurrió la masacre de 26 colombianos pertenecientes a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejército del Pueblo en el Cauca, la reciente masacre de 10 colombianos en otro bombardeo aéreo en área rural de Segovia Antioquia y 5 colombianos más en el departamento del Chocó.

La oleada de violencia no cesa en el territorio nacional, en la ciudad de Barrancabermeja hasta la fecha van 31 personas asesinadas sin que las autoridades hagan algo al respecto, mientras que salen en los medios de información justificando la muerte de estos ciudadanos. Según las autoridades, se da esta situación de violencia por ajustes de cuentas entre bandas emergentes. Es impresionante que en una ciudad donde contamos con el batallón Nueva Granada y un cuadrante de policía cada dos barrios, patrullajes constantes por toda la ciudad por parte de ésta y aun así se presente un índice de homicidios tan alto. Aquí la muestra clara de que los problemas sociales no se solucionan con militarización.

Lo más triste de esta historia es que el pueblo colombiano se ha dejado meter en el juego guerrerista de esa élite apática y anti humanista que no contempla la posibilidad de perder parte de sus privilegios permitiendo la participación política del conjunto del pueblo. Han vuelto a nuestro pueblo un títere de sus más oscuros y depravados intereses, entrenando a millones de jóvenes pobres para volverlos máquinas de guerra capases de exterminar su propia familia con tal de proteger los intereses de sus amos. A la opinión publica la han puesto a pensar como ellos quieren, es triste escuchar a un desempleado, un campesino, un estudiante, a alguien que le ha tocado ser víctima del terrorismo de Estado y sus políticas excluyentes decir que le alegra la muerte de sus compatriotas en los bombardeos aéreos masacrados de la forma más vil y cobarde. Si este puñado de arpías considera tan justa la labor del ejército, la policía y los aparatos de inteligencia, si consideran que morir empuñando las armas de parte de estos es un honor porque no envían a sus hijos al frente de guerra para que tengan honor siquiera una vez en sus vidas, y dejan de una vez por todas de utilizar al pueblo para que se mate entre sí.

Por estos motivos los jóvenes colombianos organizados en la Juventud Rebelde del Magdalena Medio rechazamos la vinculación de nosotros en el conflicto armado por medio del servicio militar obligatorio y la militarización de la vida civil. Rechazamos la utilización de niños y jóvenes en los organismos de inteligencia del Estado y con indignación alzamos nuestras voces en homenaje a los miles de jóvenes muertos a causa de las balas del establecimiento y todos aquellos que han perdido sus vidas en esta guerra fratricida exigiendo con fervor y vehemencia el cese bilateral de fuegos y hostilidades, ya.

El pueblo está cansado de ser el que pone los muertos, no queremos llorar más a nuestros hijos, padres, hermanos, esposos, esposas, madres, hermanas, amigos, amigas y compatriotas a causa del capricho de un puñado de apátridas que no contemplan la posibilidad de una patria justa, soberana, incluyente y en paz, donde no existan clases sociales, donde todos tengamos los mismos derechos y garantías, donde no hayan pobres ni niños analfabetas y muriendo de hambre. Señor presidente usted no tiene las llaves de la paz, esas llaves las posee el pueblo, exigimos la participación directa del pueblo en los diálogos de paz, exigimos la asamblea nacional constituyente, exigimos el desmonte de los grupos paramilitares, y el cese bilateral de fuegos y hostilidades inmediatamente para poder garantizar un ambiente auspicio para la consecución de la paz con justicia social.