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Caballería ligera
La paz exige un estadista
Lo que necesitamos, señor presidente, es cambiar una nefasta regla de las negociaciones: dialogar sobre la paz en medio de los combates.
José Ramón Llanos / Viernes 29 de mayo de 2015
 
Foto: Juan Manuel Santos via photopin (license)

Los gobernantes que recuerdan con gratitud la humanidad y la historia son los verdaderos estadistas. Aquellos hombres públicos que toman determinaciones audaces, valientes, aun aquellas que el común de los hombres no entienden y critican, pero que el visionario identifica como altamente positiva para propósitos altruistas. Hasta ahora el presidente Santos no ha tenido ni la visión ni el valor para romper el nudo gordiano de la guerra: el cese bilateral de fuegos.

La vida de 37 jóvenes colombianos de origen humilde y el inmenso dolor de sus parientes y la solidaridad de los colombianos de bien exigen esa determinación, que pondría las negociaciones de La Habana en el sendero que conduciría rápidamente a la paz. Solo la extrema derecha y los beneficiarios económicos de la guerra se opondrían a una decisión tan sensata y conveniente para la democracia y el futuro de Colombia como esa.

El señor presidente Juan Manuel Santos no toma esa determinación porque es prisionero de sus contradicciones y visión equivocada de los hechos absurdos de la guerra. Un botón de muestra basta. Ante la horrible y sensible muerte de 26 guerrilleros de las FARC, afirma equivocadamente: “La mayoría de los colombianos aplauden este golpe a la guerrilla”. No es cierto. La mayoría de compatriotas están cansados de la guerra.

Más adelante añade: “Ya la guerrilla estará pensando en acciones de retaliación. Pero es justamente esa espiral de violencia, odio, venganza y retaliación la que nos ha conducido a 50 años de guerra, la que tenemos que parar y transformar en una espiral de perdón y reconciliación”.

Consecuente con la última afirmación, agrega: “Esta es la guerra que quiero terminar. La guerra que hemos tenido en Colombia por más de 50 años de violencia, de muertes, sufrimientos. Señores de las FARC, es hora de acelerar las negociaciones. ¿Cuántos muertos más necesitamos para entender que ha llegado la hora de la paz?”.

Lo que necesitamos, señor presidente, es cambiar una nefasta regla de las negociaciones: dialogar sobre la paz en medio de los combates. Se debe concertar una tregua bilateral de fuegos, con supervisión de una comisión integrada por miembros de las Naciones Unidas, de la Cruz Roja Internacional, la Iglesia Católica y colombianos de excepcional credibilidad y honestidad. En esa forma, saca los diálogos del pantano en que se ahogan y le da una gran oportunidad a la paz.

Señor presidente, si tomara esa corajuda y necesaria determinación, en esta hora tan dramática, pasará usted a la historia como el gran estadista que el momento exige.