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Análisis
Santos, los bombardeos a la paz que hieren el alma nacional
Existen al mismo tiempo motivos para la inquietud, pero también señales de esperanza. Con serenidad, imaginación y creatividad tendremos que construir estos senderos de paz.
Luis Jairo Ramirez H. / Sábado 30 de mayo de 2015
 

En diciembre del año anterior, las FARC declararon ante el país que a partir del 20 de diciembre de 2014 se hacía efectivo un cese unilateral al fuego y a las hostilidades por tiempo indefinido y plantearon una veeduría de Unasur, Celac, el CICR, y el Frente Amplio por la Paz; al mismo tiempo precisaron que el cese de fuego unilateral se daría por terminado solamente si se constataba que sus estructuras guerrilleras habían sido objeto de ataques por parte de la Fuerza Pública.

Sin embargo, según el informe del Centro de Recursos para el Análisis del Conflicto (Cerac), “entre diciembre de 2014 y mayo de 2015 se registraron alrededor de 50 eventos de confrontación como consecuencia de acciones ofensivas del Ejército contra la guerrilla”.

A su vez, los tres informes del Frente Amplio por la Paz en febrero, marzo y abril dicen: “Los bombardeos decretados por el Mindefensa Pinzón contra campamentos de la guerrilla fueron constantes durante el cese al fuego y las acciones en su contra dejaron un saldo de 35 guerrilleros muertos, por ello desde distintas orillas académicas y sociales se afirmó que es muy difícil sostener un cese al fuego unilateral con una ofensiva militar constante por parte del ejército colombiano”.

El 15 de abril se conoció de la muerte de once soldados en un enfrentamiento entre el Ejército Nacional y las FARC en el departamento del Cauca. Pastor Alape, delegado de paz por las FARC, indicó a la prensa que “los hechos no se trataron de una emboscada premeditada de la guerrilla, sino que ocurrieron en medio de una acción defensiva”; agregó que “los hechos corresponden a la incoherencia del Gobierno que está ordenando operativos militares contra una guerrilla en tregua" y llamó a cese bilateral al fuego.

El pasado 22 de mayo 26 guerrilleros de las FARC-EP cayeron muertos en bombardeos realizados por la Fuerza Aérea, el Ejército y la Policía en Guapi (Cauca). Entre los combatientes asesinados se halla un integrante de la Delegación de Paz, Jairo Martínez, quien se encontraba en ese campamento haciendo labores de pedagogía de paz; se informó igualmente que el bombardeo realizado por la Fuerza Aérea en el departamento del Chocó fue asesinado el comandante Román Ruiz, integrante del Estado Mayor Central de esa organización insurgente.

“Según varios testimonios, algunos de los heridos fueron rematados con tiros de gracia, lo que es una flagrante violación al Derecho Internacional Humanitario y al Derecho Penal Internacional”. Resulta incomprensible para el país que ante la declaratoria de un cese unilateral del fuego de la insurgencia la respuesta del gobierno fuera un recrudecimiento de las hostilidades. La consecuencia inmediata ha sido la suspensión del cese unilateral del fuego por parte de este movimiento insurgente.

Evidentemente, tras dos años de negociaciones en La Habana, se han producido acuerdos parciales y diversas salvedades; se han generado esperanzas pero también incertidumbres. El riesgo constante es negociar en medio de la intensidad del conflicto, en medio de las víctimas, los atentados y la guerra. No detener o desescalar el conflicto se constituye en una grave amenaza.

Paralelas a estas dificultades, se anexan otras situaciones puntuales, como el aplazamiento de una mesa formal de negociaciones con el ELN, el silencio frente a la petición de diálogo del EPL, la postergación de un acuerdo parcial sobre el punto de víctimas, la actitud del Gobierno de invisibilizar el Informe de la Comisión Histórica, la campaña de la extrema derecha contra la paz con gran eco en los medios monopólicos de prensa, entre otras.

En medio de las dificultades, se abren también muchos motivos para la esperanza. Durante el último mes se han realizado en Colombia significativas movilizaciones por la paz como la marcha del 9 de abril, la Cumbre Mundial de las artes y las culturas para la paz de Colombia, el Encuentro Nacional de Jóvenes por la paz, la fundación de Juventud Rebelde, entre muchas otras. El apoyo internacional al diálogo es cada vez más decidido, destacándose en los últimos meses el nombramiento de delegados de Estados Unidos y Alemania en la Mesa de Negociaciones, como también el anuncio del Vaticano de la visita del Papa Francisco como apoyo a la paz de la región.

La ofensiva militar del Gobierno en medio de los diálogos traiciona el mandato de paz definido en las pasadas elecciones, hiere el alma nacional y desnuda la infamia de Santos que desvirtúa la negociación y pretende imponer la rendición de la insurgencia a punta de bombardeos indiscriminados.

Los caminos para la finalización del conflicto colombiano no pueden responder a recetas ni a modelos importados de forma acrítica para nuestra compleja realidad. Existen al mismo tiempo motivos para la inquietud, pero también señales de esperanza. Con serenidad, imaginación y creatividad tendremos que construir estos senderos de paz.

Mayo 28 de 2015