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Análisis
Empieza a presentirse de la epopeya el fin
¿Qué ha producido el hecho político de que ante el parlamento colombiano, el núcleo duro de la política de paz del gobierno haya debido recurrir a presentar los hechos con un poco más de realismo al acostumbrado en los últimos 70 años de contrainsurgencia?
Alberto Pinzón Sánchez / Jueves 23 de julio de 2015
 

No es lo mismo JM Santos haciéndose propaganda desde su casa periodística de El Tiempo, que el presidente de “todos” los colombianos hablando en el “sacrosanto recinto de la democracia (genocida) de Colombia”. Tampoco es lo mismo el malhumorado y arrogante Humberto de la Calle diciendo al país desde el oligopolio mediático contrainsurgente (OMCi) que puede patear a antojo la mesa de Habana, que el sumiso plenipotenciario del gobierno en La Habana hablándoles a los parlamentarios colombianos en vísperas de elecciones.

Y ni qué decir del nuevo ministro de Defensa, el globuloso “empresario” Villegas, dando entrevistas a los medios adictos al departamento de guerra psicológica del Ejército colombiano, que rindiendo informes de gerencia en la plenaria del senado sobre el número (supuesto) de guerrilleros de las FARC, como indicador de eficiencia, pero evitando (no se sabe por qué) los terribles o tremendos indicadores de costos (que como empresario debieran preocuparlo) sobre las 372 acciones armadas realizadas desde el levantamiento de la tregua unilateral el 22 de mayo 2015, por esos seis mil guerrilleros reducidos o restantes.

Y que según la ONG Paz y Reconciliación, regresaron a los promedios mensuales de 186 acciones armadas por mes, semejantes a los de hace cuatro años, cuando los números aproximados del Ministerio de Defensa decían que las guerrilleros eran nueve mil. Es decir que, al haber sido reducidos dramáticamente y bombardeados, en lugar de disminuir aumentaron la “eficacia”, entendida esta como el indicador de gerencia que combina la eficiencia con la efectividad. ¿De acuerdo, señor empresario?

Todo parece indicar que han cambiado o por lo menos se han movido dos cosas: una, el nivel de realismo de sus respectivos discursos; y otra, el escenario no solo de salón, sino del panorama preelectoral que parece haberse tomado literalmente el “corazón y la mente” contrainsurgente de los políticos colombianos.

¿Qué ha producido el hecho político de que ante el parlamento colombiano, el núcleo duro de la política de paz del gobierno haya debido recurrir a presentar los hechos con un poco más de realismo al acostumbrado en los últimos 70 años de contrainsurgencia, cuando siempre los presentó como la derrota de las FARC en los próximos meses? Dieciocho, dijo Marta Lucia en el 2002, cuando Uribe Vélez la puso al frente de su tropa.

¿Por qué el presidente Santos en su discurso sobre la patria boba el 20 de julio 2015, en un pasaje realmente notable y destacable; cambió de “enemigos de alto valor”? Y ya no sean las FARC o el terrorismo, sino que (…) “se trata de que concentremos nuestras energías en luchar contra los verdaderos enemigos que son la pobreza, la inequidad, el desempleo, la corrupción, la inseguridad y (vaya uno a creerlo) la guerra”…

La respuesta es sencilla: Además de la crisis (de todas las esferas) de la vida económico-social en Colombia, y a que la geoestrategia del Pentágono ha inducido un cambio en los “politiqueros colombianos”, tal cambio se debe al hecho de que todos, todos, dentro y fuera del país, entendieron la diferencia entre tregua unilateral de dos meses decretada por la FARC y la contraofensiva del levantamiento de la misma, producida cuando los estrategas militares del gobierno (Pinzón, Asprilla y demás espadones militaristas) pretendieron darle un golpe de avilantez a la insurgencia asesinando y volatilizando con bombas violatorias del DIH a Jairo Martínez y sus compañeros, con el fin de modificar, a última hora, la correlación de fuerzas a su favor.

También, hay que decirlo, a otra circunstancia política en desarrollo: El aislamiento paulatino de Uribe Vélez, cuya concepción de “impunidad militar para continuar la guerra” ha sido reducida al “viril aliento” (pobre Rafael Núñez) y a los berrinches del “soldado sin coraza” del descompuesto Alfredito Rangel, o a las pataletas de la loca de las naranjas.

Por esto Santos, con un poco más de realismo, desescala el nivel de la rivalidad con “el rufián de barrio”, toma una pequeña distancia con él, y simplemente le ofrece (sabiendo que lo va a rechazar)… que hablemos con serenidad y sin medias verdades, y a que busquemos los acuerdos en medio de las diferencias. “¡Que no nos pase lo de la Patria Boba!”.

Contando también, realistamente, que con la prolongación de la nueva tregua unilateral decretada este 20 de julio por las FARC y los avances y acuerdos venideros en las conversaciones en La Habana se podrán realizar las próximas elecciones, donde se definirá definitivamente la rivalidad Santos-Uribe, que serán “las más tranquilas y seguras en muchas décadas en Colombia”.

Solo nos cabe preguntar: ¿y sin la tradicional corrupción?