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80 años de la Masacre de las Bananeras
Parece que fue ayer
Este vergonzoso crimen del Estado es otra prueba indeleble del carácter servil que ha mantenido la oligarquía colombiana frente a los intereses del Imperio
Camilo Raigozo / Miércoles 10 de diciembre de 2008
 
Un momento de la marcha encabezada por el Prometeo de la Libertad en vivo. Foto Camilo Raigozo.

Ciénaga, Magdalena, cuna del sindicalismo en Colombia, como lo reconoce parte de la historia, o la “capital del realismo mágico”, como la denominó el periodista de la BBC, Richard McColl, contaba en el 2005 con 130.908 habitantes. Está situada a 35 kilómetros de Santa Marta y a tres metros sobre el nivel del mar, con una temperatura promedio de 32 grados centígrados.

El mar Caribe besa con aire romántico los patios traseros de las viviendas construidas sobre sus playas, como reclamándoles de esa forma el hecho de que lo hubieran ignorado dándole la espalda.

De allí salieron los trenes con sus vagones repletos de cadáveres para tirarlos al mar y tratar de ocultar así la magnitud de la masacre cometida por las fuerzas militares colombianas, en las primeras horas del 6 de diciembre de 1928, bajo el régimen del Álvaro Uribe de la época, el presidente Miguel Abadía Méndez.

De los cinco mil niños, mujeres, ancianos y hombres que permanecían al frente de la estación del tren, cayeron asesinadas por las balas oficiales entre 1.500 y 3.000 personas. Sin embargo, el Gobierno y la alta oficialidad del Ejército admitieron que “los muertos ‘apenas’ eran 15 ó 20”.

El cinismo del general asesino Carlos Cortés Vargas fue mucho más allá, pues juró que las víctimas fueron “sólo” nueve. Nadie fue condenado por los sangrientos hechos.

Unos 25 mil trabajadores de la empresa bananera estadounidense United Fruit Co., cansados de la explotación infrahumana y de las condiciones laborales paupérrimas a las que la compañía los tenía sometidos, habían entrado en huelga laboral un mes atrás para demandar parte de sus derechos.

Entre las modestas reivindicaciones de su pliego petitorio estaban: seguro colectivo, protección para accidentes de trabajo, habitaciones higiénicas, aumento de salarios, pago por semana vencida, creación de contratos colectivos directamente con la empresa, reducción de la jornada laboral, sitios de atención médica dotados con medicamentos e instrumentación adecuada, asignación de un médico por cada 400 trabajadores y descanso dominical.

No ha cambiado nada

Los empresarios estadounidenses, en complicidad con el gobierno colombiano, prefirieron masacrar a los trabajadores a ceder un céntimo de sus colosales ganancias. “Hoy como entonces las condiciones no han cambiado casi nada”, le dijo a Voz, Ernesto Perilla, miembro del Partido Comunista en Santa Marta, presente en la conmemoración.

La United Fruit Co. se fusionó en 1970 con la United Brands, que a su vez cambió de nombre en 1990 por el de Chiquita Brands, la misma que siguió financiando masacres y asesinatos de trabajadores colombianos al aportar entre 1997 y el 2004 más de 1,7 millones de dólares a los escuadrones paramilitares y entregarles al menos 3.400 fusiles AK 47 que arribaron en el barco Otterloo al Urabá en 2001.

El año pasado la misma compañía aceptó su culpabilidad ante la justicia norteamericana, por lo que fue condenada a pagar 25 millones de dólares.

Los cienagueros y las organizaciones visitantes marcharon por las principales calles de la Cuna del Sindicalismo en Colombia, en el homenaje a los Mártires. Al fondo el Prometeo de la Libertad. Foto Camilo Raigozo

A los 80 años de la Masacre de las Bananeras, la dirigencia cienaguera y samaria, lo mismo que organizaciones sindicales, sociales, agrarias y académicas venidas de otras partes del país, les rindieron un sentido homenaje a los obreros héroes, víctimas de las balas asesinas del Ejército Nacional en la estación del tren, hoy Plaza de los Mártires, con el Prometeo de la Libertad, monumento de 12 metros de altitud esculpido por el maestro Rodrigo Arenas Betancourt, como testigo.

Múltiples expresiones culturales y discursos políticos de la dirigencia sindical y del Polo Democrático Alternativo, desfilaron desde el anochecer del 5 de diciembre hasta el otro día.

La voz de la dignidad obrera

“A través de estos 80 años transcurridos desde la masacre de los trabajadores de la bananeras, sólo han cambiado los autores, porque los crímenes nunca han cesado. Desde entonces las condiciones siguen iguales para los trabajadores, llámense obreros de las bananeras, del carbón, del petróleo o de la palma aceitera.

"El desplazamiento, el latifundio, las condiciones laborales, las violaciones a los derechos humanos y los salarios cada vez más miserables, siguen siendo las mismas de hace 80 años", le dijo a Voz Tarsicio Mora, presidente de la Central Unitaria de los Trabajadores (CUT), asistente a la conmemoración.

Leandro Sánchez Méndez, Alcides Cuello, Carlos Barraza Bravo (sobreviviente de la masacre), Ernesto Perilla y Gustavo Camacho, dirigentes del Partido Comunista. Foto Camilo Raigozo

Carlos Barraza, uno de los pocos testigos sobrevivientes, hoy con 89 años de edad, le dijo a este medio, entre otras cosas que, “la mejor manera de honrar a los mártires de 1928 es que la clase obrera esté unida en su lucha, en el Polo Democrático Alternativo, para reconquistar lo perdido, ante la intransigencia y la voracidad del capital nacional y extranjero, quien ha contado siempre con la complicidad de gobiernos como el de Abadía Méndez, ayer o el de Uribe Vélez hoy”.

En el mismo sitio donde 300 soldados dispararon sus fusiles y ametralladoras contra la población civil indefensa hace 80 años, casi se puede escuchar la voz del comandante advirtiéndole a los desamparados obreros y a sus familias: “Tienen tres minutos para desalojar la plaza”.

Al ver que nadie se movía un centímetro pese a la rigurosa sentencia volvió a gritar: “Les quedan dos minutos”. Antes de que el comandante volviera a hablar por tercera vez, de entre los condenados habló la dignidad obrera: “Les regalamos su hijueputa último minuto”, dijo.