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Análisis
Y la guerra contrainsurgente continúa
El cuentico de “desescalar las acciones” no pasa de ser, como en la época de Laureano Gómez en 1949, otra perversa estrategia política del poder dominante de combinar violencia oficial, terror y votaciones para ganar las elecciones, supuestamente democráticas, que se avecinan.
Alberto Pinzón Sánchez / Martes 18 de agosto de 2015
 

En su última comunicación (11.08.2015), titulada “Serias perturbaciones se ciernen sobre la paz”, el comandante general de las FARC Timoshenko, además de analizar las dificultades que todavía lastran la finalización del conflicto social y armado colombiano, denunciaba la típica y eterna doblez de la clase dominante de Colombia, consistente en de decir una cosa y hacer otra: “Hablarle a Santander para que lo entienda Bolívar”, solían decir los conjurados de la prensa bogotana en 1830, poco antes de atentar criminalmente contra la vida de nuestro padre el Libertador.

Timoshenko hizo al final de su análisis la siguiente denuncia: “Después de la suspensión ordenada por el presidente Santos, nos han bombardeado el 27 de julio en la vereda Huitoto, bocana del Caño Puntilla, municipio de Puerto Guzmán (Putumayo). y el día 4 de agosto en la vereda Dios Peña del municipio de San Miguel, también en el Putumayo, para no hablar de una serie de provocaciones por tierra contra nuestras unidades en distintas regiones del país. A diferencia nuestra el gobierno incumple una vez más su palabra. ¿Qué busca?”.

El asunto, en lugar de ser aclarado, ha ido tomando otra envoltura mediática: Ilusionar a la llamada opinión pública con la muy próxima finalización del conflicto armado, mientras se continúa intensamente la guerra contrainsurgente en las distintas regiones como Urabá, Catatumbo o Putumayo (donde el gobierno no tiene influencia electoral y coexisten diversos grupos insurgentes) para mantener la militarización y la histeria guerrerista en el Oligopolio Mediático Contrainsurgente (OMCi) y sobre todo, seguir dando la sensación de que “la victoria militar se llama paz” como repetidamente lo viene diciendo el presidente Santos.

Es lo que estamos viendo: 1-Además de lo denunciado en el Putumayo por el comandante de las FARC. 2- En el Urabá antioqueño y chocoano donde después de la extraña y aun no explicada caída del helicóptero Black Hawk (04.08/15) se ha iniciado una gran operación contrainsurgente teniendo como bandera falsa la captura de un capo de la mafia de los Urabeños (¿Uribeños?) que según la periodista privilegiada de El Tiempo.com, Salud Hernández Mora, no se llama Úsuga como lo identificó el presidente Santos, sino se trata de un antiguo y conocido narco-paramilitar, desmovilizado durante el octenio de AUV, apodado “Inglaterra”. Vaya uno a saber por qué.

Y 3- En el Catatumbo, donde la bandera falsa es la muerte (tampoco confirmada) de alias Megateo, el jefe de un reducto del EPL, pero en realidad es la población civil el blanco de ese gran despliegue contrainsurgente, como lo denuncia el portal Verdad Abierta.com.

Así pues que, el cuentico de “desescalar las acciones”, para no hablar de la desactivación del bumerán de la neolengua fascista implementada por el fascismo o nacional-catolicismo colombiano, pues no pasa de ser, como en la época de Laureano Gómez en 1949, otra perversa estrategia política del poder dominante de combinar violencia oficial, terror y votaciones para ganar las elecciones, supuestamente democráticas, que se avecinan.

¿Por qué, en lugar de estarse inventando para cada ocasión mediática un neologismo o subterfugio retorico politiquero de clara factura anglosajona, no se le dice al pueblo la verdad tal cual es y en lengua castiza, que es la que hablamos (una mayoría, aclaro) en Colombia desde hace tanto tiempo?