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Análisis
Con OEA y sin OEA Cuba ganará la pelea
Esta llamada crisis fronteriza ha conducido al momento de las decisiones históricas: A JM Santos ya no le quedan más opciones. Sigue apoyando al robocop uribeño y regresa a persistir en la guerra contrainsurgente o rompe definitivamente y se pasa al lado de los colombianos partidarios de la paz.
Alberto Pinzón Sánchez / Martes 1ro de septiembre de 2015
 

“Con OEA y sin OEA Cuba ganará la pelea“, gritábamos en la carrera 7ª de Bogotá a comienzos de 1962, en una manifestación “obrero-estudiantil“ no muy grande, profundamente convencidos del sentido de la historia. Coreábamos rechazando la decisión estadounidense de expulsar a Cuba de la OEA, ocurrida en la recordada reunión de Punta del Este el 31 de enero de ese año, en donde el Che Guevara dejó grabada en piedra su insignia “ni un tantito así”.

Era el inicio de un año signado por el terror nuclear: el presidente Kennedy de los EEUU imponía el criminal bloqueo contra la Cuba revolucionaria que todavía rige cruelmente a pesar de la normalización actual de relaciones diplomáticas. El Vaticano excomulgaba a Fidel Castro por comunista y ateo. El complejo militar financiero estadounidense explotaba (experimentalmente) una bomba atómica de 1.500 kilotones (la de Hiroshima fue de solo 13 KT). Y en octubre se iniciaba la famosa crisis de los misiles atómicos soviéticos en Cuba, que tuvo al mundo ad portas de una hecatombe nuclear. Ufff.

También otros tres recuerdos más vienen a mi memoria: la extraña y triste muerte de la inolvidable y tintineante Marilyn Monroe con su faldita al vuelo, el Premio Nobel de literatura otorgado al airado escritor John Steinbeck, y la puesta las vitrinas de libros de Bogotá de una de las mejores obras sobre el conflicto social armado de Colombia: La mala hora de García Márquez, en donde el alcalde militar de Macondo mataba a sus enemigos disparándoles su revolver dentro del culo para no dejarles heridas visibles.

La OEA, esa formalidad de cancilleres “latinos” creada por el llamado pacto de Bogotá en abril de 1948 en medio del “Bogotazo”, por el Ministerio de Relaciones Exteriores o Departamento de Estado de los EEUU para que sirviera de “ministerio de colonias del imperialismo yanqui-canadiense” en la lucha anticomunista de la guerra fría, dominaba férrea y totalmente la diplomacia continental, que estuvo manejada durante largos años por el liberal anticomunista, ministro de colonias hasta 1954, creador del Frente Nacional bipartidista en 1957 y luego presidente de Colombia, el habilidoso locutor Alberto Lleras Camargo, y, sin que fuera ningún azar, en 1994 nuevamente le fue entregada su dirección a un colombiano, al impulsador del neoliberalismo de la Catedral, autoritario y militarista, el también liberal César Gaviria Trujillo, de quien junto con su ministro de guerra Rafael Pardo Rueda (hoy aspirante Liberal a la elección de la alcaldía de Bogotá) los colombianos de a pie tenemos tan gratos e iluminados recuerdos.

Pues bien, después de tanta agua corrida bajos los puentes de nuestros ríos profundos y de tanta lucha popular y antiimperialista, hoy (01.09.15) Colombia, punta de lanza acerada del anticomunismo contrainsurgente del imperialismo, que tan “cipayamente”, es decir con tanto amor y dedicación le ha servido a ese “ministerio de colonias yanqui-canadiense”, solicita de urgencia una reunión de ese organismo para tratar de validar ante los países miembros su política internacional de defensa del Bloque de Poder Contrainsurgente (BPCi) dominante y de su principal sostén, el paramilitarismo made in Colombia, convertido en fuerza expansiva transnacional, el que ha desbordado “el enquistado” conflicto interno colombiano; y recibe una estruendosa bofetada o cachetada, como decimos los colombianos.

La razón es simple y la da la ventrílocua canciller panameña, país que también sufre los efectos del paramilitarismo transnacionalizado: “Nos preocupa una OEA dividida”.

Frase a todas luces medio cierta, es decir mentirosa, pues la preocupación real de los creadores metropolitanos (en Washington) del robocop contrainsurgente de la motosierra y los hornos crematorios, lo que temen, es un debate más amplio y abierto a nivel internacional que desnude la verdad y la realidad de su participación tal como fue y es actualmente y ante el mundo se les pregunte por qué ciertos núcleos de poder en EEUU continúan sosteniendo y brindando apoyo político, económico, y diplomático al miniführer Uribe Vélez en su insania contra el molino de viento del castro-chavismo y el proceso de paz de Colombia.

Esta llamada crisis fronteriza colombo-venezolana finalmente ha conducido al momento de las decisiones históricas: A JM Santos ya no le quedan más opciones.

Sigue apoyando al robocop uribeño, a los parapolíticos y a los militaristas sostenedores dentro de un ejército monumental como el colombiano, deslegitimado y derrotado ante el mundo por los falsos positivos; saca a Venezuela del proceso de paz de la Habana, se “depatrasea” y regresa a persistir en la guerra contrainsurgente de larga duración.

O rompe definitivamente y se pasa al lado de los colombianos partidarios de la paz definitiva y sostenible en Colombia y en la región andino-amazónica, donde el paramilitarismo transnacionalizado no puede ni podrá tener ninguna posibilidad: ”Ni un tantito así”.

En lugar de está plañendo y gimoteando por esa reunión como una derrota política o diplomática, JM Santos debiera aprovechar el favor que el gobierno de Panamá le ha hecho para profundizar la derrota en todos los aspectos de su rival intraclase el miniführer Uribe Vélez y tomar la decisión adecuada con el flujo irreversible de la historia.

Hay momentos en que dudar no es solo un crimen, sino algo peor un error político de alcance histórico.