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La "okupación" de tierras, fábricas y edificios, salida obligada
Pedro Echeverría V. / Martes 16 de diciembre de 2008
 

1. La crisis económica provocada por el neoliberalismo y el capitalismo privatizador, avanza de manera acelerada y "sin piedad" contra los trabajadores. En el diario La Jornada se publica que "triunfaron los trabajadores que ocuparon una fábrica en Chicago durante seis días al obtener sus demandas en lo que se convirtió en símbolo nacional de los costos de la crisis para trabajadores y cómo el rescate del sector financiero no beneficia a las mayorías".

Se publica que con sólo tres días de aviso, los más de 250 trabajadores fueron informados que la fábrica cerraba sus puertas el viernes pasado como resultado de que su línea de crédito había sido cancelada por el Bank of America, que recién había sido rescatado con 25 mil millones en fondos públicos. Ese viernes en lugar de salir, los trabajadores tomaron la fábrica y mantuvieron un plantón las 24 horas en turnos para demandar el pago de su liquidación, vacaciones acumuladas y otros beneficios. Aunque es pequeña la fábrica representa un ejemplo que los trabajadores del mundo deben.

2. ¿Quiénes son los que sufren de manera directa las crisis económicas capitalistas? Son los trabajadores y todos los empobrecidos que no tienen bodegas llenas de mercancías, inversiones multimillonarias ni grandes propiedades que suban de precio después de una devaluación. Los proletarios que, según Marx, sólo son dueños de sus cadenas, para vivir tienen que comprar las mercancías más caras y pagar más intereses o más altos precios por sus créditos. ¿Quiénes se benefician en las crisis? El mismo Marx explicaba: los bancos y el crédito se convierten así en el medio más firme para impulsar la producción capitalista, más allá de sus límites propios, siendo uno de los más eficaces de la crisis y de la especulación dolosa. Pero además han aparecido los ya famosos "rescates" para hacer más ricos, con dinero público, a los grandes empresarios. En México en 1994 fue creado un fondo de ahorro (Fobaproa) con el que se refaccionaron a empresarios y políticos para rescatarlos de la crisis. Esa operación duplicó la gran deuda externa del pueblo de México.

3. La Cooperativa Pascual no fue una fábrica "okupada" por los obreros, pero sí una experiencia administrada directa de ellos. Antes de ser despedidos o liquidados se hicieron cargo de la fábrica refresquera. Es la hazaña, escribe Jesús Ramírez, de un grupo de trabajadores que primero luchó por mejorar su situación laboral y luego por construir una empresa social que –como lo reconocen empresarios, "ha escrito una historia de éxito" en el mundo de los negocios. "En Pascual, como Cooperativa Trabajadores, laboran 4.400 personas –casi la mitad son cooperativistas y cada año se incorporan más– que reciben salarios por encima del mínimo y aumentos anuales según la inflación o más. Cuenta con cuatro plantas (dos en la capital, San Juan del Río, Querétaro; y Tizayuca, Hidalgo). Tiene una flotilla de mil camiones de reparto; además de 19 sucursales y 28 distribuidores independientes en casi todo el país. Su principal mercado está en la zona metropolitana y el Distrito Federal, sobre todo en escuelas, misceláneas, restaurantes y puestos semifijos".

4. Supongo que los obreros italianos, quizá también los argentinos, poseen las mejores experiencias sobre las ocupaciones obreras de fábricas. Se conocen interesantes batallas sobre consejos obreros italianos y fuertes luchas obreras, tanto en Italia como en Argentina. En México no hay experiencias al respecto por el rígido control que han ejercido las dirigencias charras y las políticas corporativas del gobierno hacia las organizaciones sindicales. En los períodos de crisis, como la presente, los obreros no deberían permitir los despidos ni que los empresarios saquen la producción y las máquinas. Es tiempo ya que los obreros ocupen esas fábricas que se han declarado "en quiebra" para impedir que los dejen en la calle y en la miseria. En muchas ocasiones han recibido millones de pesos del presupuesto público de rescate y ellos se los han robado sin cumplir con los compromisos de no despedir a los obreros. Por eso la experiencia de Chicago debe ser tomada en cuenta.

5. Las ocupaciones de tierra se iniciaron hace ya algunos milenios. Fueron encabezadas por los hombres más fuertes y poderosos que, apoyados por sus soldados, despojaron al pueblo, se adueñaron de extensas tierras y se convirtieron en dueños de esclavos que las cultivaran. Desde entonces los campesinos han luchado por la devolución de las tierras que fueron despojadas a las comunidades. Pero como el sistema de propiedad se impuso la tierras fueron escrituradas para beneficio de unas cuantas familias poseedoras de extensos latifundios. Desde entonces las constituciones burguesas ponen en primer lugar la defensa irrestricta de la propiedad privada. ¿Qué hace el Estado cuando un grupo de campesinos sin tierra invade para trabajar tierras abandonadas que no producen porque nadie las atiende? El gobierno acude de inmediato, "para cumplir la ley", a las fuerzas armadas para expulsar a los violadores de la sagrada propiedad capitalista.

6. Las tierras en propiedad privada son originalmente producto del robo, han planteado los anarquistas Proudhon, Bakunin y Kropotkin. Si los campesinos sin tierra como los de Brasil, pero también de otros países, ocupan "tierras muertas" simplemente recuperan tierras comunitarias de las que fueron despojadas. Por eso las batallas por la ocupación de tierras abandonadas, incluso de latifundios que sólo benefician a poderosos terratenientes, es una lucha totalmente justa y legítima, aunque no legal porque las leyes capitalistas apoyan la propiedad privada. Cuando los verdaderos socialistas escriban su constitución pondrán en primer lugar el trabajo y la propiedad colectiva de la tierra, así como la distribución igualitaria de su producto. Ya no habrá necesidad de invadir u ocupar tierras porque todos serán propietarios colectivos y, por tanto, nadie podrá hacer negocio con ellas. En México las comunidades indígenas fueron despojadas por gobiernos liberales.

7. Las ocupaciones de viviendas o apartamentos en las grandes metrópolis se multiplican cada día, sobre todo en aquellos edificios que han sido abandonados por problemas de inseguridad. La lucha por la expropiación de esas propiedades para entregarlas a las familias miserables que no tienen casa, podría ser una batalla importante, pero no puede esperarse que el gobierno actúe sin exigencia y presiones masivas. Lo importante es agruparse y llegar a acuerdos para impedir el desalojo. En la ciudad de México se vivió durante años, a principios de los setenta, las experiencias del campamento dos de octubre en la colonia Iztacalco. Las batallas encabezadas por Francisco de la Cruz, apoyado por varios cientos de familias y por estudiantes del CCH/UNAM y algunas facultades, permitieron la vida de las familias miserables. El gobierno, para hacer negocios con ese gigantesco terreno, tuvo que usar a miles de soldados disfrazados de policías para desbaratar la gran lucha que se había extendido como ejemplo en el país.

8. En las últimas décadas ha crecido en el mundo la estrategia "okupa". En 2003 estuve en una casa "ocupada", desde hacía algunos años, por jóvenes anarquistas en un barrio popular de Madrid y me llamó la atención las múltiples actividades políticas y culturales que se realizaban en su interior: reuniones políticas de todas las tendencias de izquierda, cine debate (gratuito) para toda la comunidad que rodeaba la casa, entrevistas por radio que ellos mismos habían instalado, exposiciones de pintura que ellos hacían, círculos de estudio, boteos y comisiones al mercado para conseguir comida para todos; pero lo más importante la continua actividad de brigadas de apoyo a todo tipo de movimientos de huelga y lucha. Era una casa de tres grandes plantas que durante varios años había sido abandonada por sus propietarios. Jóvenes de diferentes grupos, que no tenían donde vivir, se pusieron de acuerdo, la ocuparon y resistieron. Presionaron tanto a los dueños que lo convencieron de firmar un acuerdo de desalojo, pero después de tres u cuatro años. Y las experiencias se repiten.