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El fin del Polo Democrático
Natalia Springer / Lunes 22 de diciembre de 2008
 

La jugada del Polo como bancada al apoyar la elección del Procurador fue más allá de asegurar una cuota burocrática y tiene el largo sentido de una revuelta interna, de un golpe, pero también de una tendencia. El propósito de fondo, no me cabe la menor duda, es sacar a Gaviria de la presidencia del partido y situarlo en el centro. Y, de paso, asegurar unos puesticos.

Eso explica esas últimas votaciones, a las que solo les cabe el calificativo de suicidas, contradictorias, oportunistas y cobardes. El Polo Democrático Alternativo tenía, como ningún otro partido, la obligación de desafiar la candidatura de un ultraderechista como Ordóñez y el mandato de oponerse al proyecto reeleccionista, no con argumentos flácidos, como ese de la redacción del texto, que no pasa de ser una leguleyada, sino con la sólida convicción de que un tercer mandato, nacido de un movimiento popular financiado de mala manera, arrasa con la Constitución. Pero prefirió callar, repartir las culpas y justificar el deplorable papel que jugó al final de esta legislatura con un montón de babosadas que habríamos preferido no escuchar.

Al frente de la revuelta interna está Petro, cuya popularidad se debe en buena parte a las denuncias por la ’parapolítica’, un debate que le valió una impresionante visibilidad en el extranjero y el estatus de un líder. En un viraje inexplicable votó por un procurador cuyo primer propósito, en el que venía trabajando hacía meses, es renunciar a la obligación de investigar a los congresistas comprometidos con el crimen, que, como bien sabemos por las confesiones de toda la suerte de matones que han pasado por la Fiscalía o desfilado por los medios de comunicación, son la sólida mayoría.

De esta manera, Petro desiste del perfil de contradictor que le mereció el respeto de simpatizantes y contradictores para ponerse al frente del partido y ’modernizarlo’, situarlo en el centro. El centro de la derecha. Si tuviéramos que resumir las propuestas de los candidatos en una frase, con toda tranquilidad podríamos decir, empezando por el Presidente candidato, que se consolida el orden de la mano dura y se menguan aceleradamente todas las libertades. Mano dura. Todos bajo sospecha.

Me atrevo a sugerir que, con su desempeño en las últimas semanas, el Polo acaba de iniciar una larga marcha hacia su extinción como alternativa. Si Carlos Gaviria abandona la presidencia del partido, y sin un sucesor capaz de alcanzar el nivel de coherencia e integridad del ex senador, el partido no conseguirá superar la pugna interna que desatará su salida.

Gaviria es un hombre intachable, al que no han podido enlodar a pesar de los enconados esfuerzos emprendidos por sus opositores, que se quedaron con el roñoso comentario del ’Papá Noel’, incapaces de sostenerle una conversación articulada a un intelectual soberbio, difícil de entender en un país acostumbrado a tener culebreros que vomitan diccionarios como directores de propaganda oficial.

Al final, con un partido seriamente diezmado, pero con la cara lavada como si de verdad se tratara de una alternativa, Petro intentará salir de la mano de Lucho como fórmula vicepresidencial, con un Polo de centro, del montón, en línea oficial, una opción con el rabo de paja, que, aculillado, terminará transando por un ministerio con tal de acceder al poder. El centro de la derecha he dicho y repito. A este paso, el futuro de la oposición quedará en manos de un puñado de intelectuales dedicados a opinar desde el extranjero.