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Opinión
¿Libertad de prensa, o defensa de los intereses de clase?
En una democracia auténtica, los medios de comunicación deben ser públicos para garantizar el acceso a todos los sectores sociales y políticos de manera que expresen sus opiniones en las mismas condiciones, estableciéndose así un equilibrio informativo
Húbert Ballesteros / Viernes 9 de octubre de 2015
 

Tal es la pregunta que debemos hacernos sobre el comportamiento de los medios de comunicación convertidos hoy en lo que algunos llaman “cuarto poder”.

Al parecer, los dueños del poder hoy confían más en los medios de comunicación que en los partidos políticos como generadores de opinión; la llamada “opinión pública” es moldeada, apropiada y expresada desde los medios masivos de comunicación para generar estados de ánimo que favorezcan los intereses de la clase en el poder.

Es curioso y a la vez repugnante ver las plumas alquiladas del establecimiento y escuchar de sus voceros decir: ¡Libertad de prensa! ¡Independencia de los medios de comunicación! ¡Los medios de comunicación no son amigos del poder, lo vigilan!

¿Son en realidad un cuarto poder? ¿O son parte fundamental del poder, de ese “primer estado” del que hablaron en 1789 los líderes de la Revolución Francesa cuando se referían a la clase en el poder?

Quienes sostienen la tesis del cuarto poder buscan confundir al pueblo haciéndole pensar que los medios de comunicación son un elemento independiente del poder económico y político, que son autónomos y sirven de instrumento de control y vigilancia de los desafueros del poder. Nada más lejano de la realidad.
Los medios de comunicación son instrumentos de la lucha de clases, sirven a la lucha política e ideológica y por lo tanto no son neutrales, no pueden serlo. Es más, van mutando a la par con el poder y, de acuerdo con sus dinámicas económicas, han pasado de una cobertura nacional a verdaderos emporios transnacionales de la desinformación. Ejemplos: CNN, BBC y NTN24.

En la actualidad juegan un papel cada vez más político en la generación de la llamada “opinión nacional”, que no es otra cosa que la opinión de la clase empresarial dueña del poder y que los medios se encargan de presentar como pensamiento y opinión de todos los habitantes de un país o una región determinada.

Este papel que antes le había sido asignado por la burguesía a los partidos políticos, la Iglesia y la educación formal, viene siendo desempeñado por los medios de comunicación con mayor dedicación y eficacia; por supuesto es para la burguesía además un medio idóneo, que al aparecer como independiente puede confundir con mayor facilidad.

También resulta más fácil de controlar ya que los dueños del medio tienen la facultad de despedir o prescindir de los servicios de quienes opinen o “informen” contrario a sus intereses. Contrario a las disidencias en los partidos que pueden convertirse en verdaderos dolores de cabeza para el régimen, los servidores de los medios son simplemente plumas y voces que se desechan cuando no ajustan sus opiniones a la línea editorial dictada por los dueños del poder económico.

Un ejemplo bastante claro de lo que viene ocurriendo en los medios de comunicación son Caracol y RCN, que magnifican lo que ocurre en Venezuela y esconden lo que ocurre en nuestro territorio. Para ser más explícitos podemos mencionar el caso del movimiento político Marcha Patriótica, que ha sufrido el asesinato de 93 de sus integrantes, más de 200 prisioneros políticos, cientos de amenazados y desplazados en los últimos tres años; sin embargo nada de eso es registrado por la prensa nacional, pero paradójicamente dedican de manera permanente espacios de noticias y programas de opinión para señalar lo que ocurre en el vecino país a cuyo gobierno califican de dictadura.

Pero al régimen colombiano que asesina, encarcela y desplaza a la oposición política y a los luchadores sociales lo presentan y defienden como la democracia más antigua de América.

También llama la atención que los medios masivos de comunicación no registren las crisis institucionales que padecen los regímenes de derecha que hay en Centroamérica, pero no ocultan su inclinación política cuando de “informar” sobre los problemas que padecen los gobiernos progresistas de América Latina se trata.

Es fácil por lo tanto deducir que, en el régimen burgués, la prensa no es independiente y no obedece a un sentimiento altruista y desinteresado de informar a los ciudadanos; que los periodistas no son apolíticos y sus opiniones se emiten obedeciendo a afinidades político-ideológicas y a compromisos laborales.
Llama la atención la manera como los medios vienen desplazando no solo a los partidos como generadores de opinión, ahora se les ve convertidos en fiscales y jueces repartiendo culpas y condenando públicamente a muchas personas aun antes que el aparato judicial actúe.

¿Qué hay detrás de este comportamiento? No creo que sea solo interés por informar y promover la libertad de prensa, como aseguran.

¿Son los medios de comunicación una especie de poder moral como quieren hacerlo ver? O por el contrario, como pensamos muchos, detrás de ellos se esconden los intereses de grandes conglomerados económicos nacionales y transnacionales que, aprovechando la posición de propietarios o accionistas, los utilizan para satanizar a sus opositores, absolver a sus benefactores políticos, convertir gracias a la magia de la televisión, la radio y la prensa la ambición desmedida del capital en algo bueno y la dignidad y la resistencia de los pueblos en actos criminales y hasta terroristas.

En momentos en que los colombianos nos expresamos decididos por un acuerdo de paz, los grandes medios siembran odios y hacen de caja de resonancia de quienes, como el procurador y sus aliados del Centro Democrático, aúllan por perpetuar la confrontación y la guerra entre colombianos. Si en realidad fueran imparciales tendrían abiertas sus puertas a todas las opiniones y no restringirían sus micrófonos tan solo a aquellos que coinciden con su línea editorial.

En una democracia auténtica, los medios de comunicación deben ser públicos para garantizar el acceso a todos los sectores sociales y políticos de manera que expresen sus opiniones en las mismas condiciones, estableciéndose así un equilibrio informativo; dejando que sea el ciudadano quien se forme su propia opinión sobre los distintos fenómenos económicos sociales y políticos y no como ocurre actualmente en que unos medios y unos periodistas vierten su opinión y la de los dueños del medio como si fuera la opinión de todos los colombianos.

Cárcel la Picota pabellón de Alta Seguridad. Octubre 8 de 2015.