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Carta abierta a Íngrid Betancourt... en búsqueda del Nobel de la Paz
Natalia Biffi / Lunes 29 de diciembre de 2008
 

Barcelona, 19 de diciembre de 2008

Hola Íngrid:

No obstante no alcance a imaginar el sufrimiento que has debido padecer tú y tu familia en los seis años de un secuestro, más que inhumano, te expreso mi solidaridad. Sin embargo, también quiero manifestarte mi desconsuelo frente al reality que se ha creado entorno a la tragedia colombiana y en el cual tú apareces como la protagonista.

En un salón de clase de un doctorado en Paz y Conflictos en España, discutía con otros colombianos sobre la irritación que me generaban las noticias en torno a ti como si fueras más que el resto de los aproximadamente 4.200 secuestrados colombianos. Aunque algunos no estaban de acuerdo conmigo, yo aún me resisto a creer que tú seas más que el sargento Moncayo o tantos otros secuestrados anónimos que por no pertenecer a una familia de políticos o no tener sumas significativas de dinero sean considerados menos importantes que tú, o porque no tienen un pasaporte que los acredita como europeos. De hecho no me ha dejado de impresionar como la mayoría de los medios extranjeros te denominen franco-colombiana y no colombo-francesa. Muchos europeos aún están convencidos de que eres de origen francés y no colombiano.

Mi indignación es debido a mi impotencia ante la prueba empírica de que en este mundo se sigue una doble moral: ¿Igualdad? ¿Justicia? ¿Fraternidad? Me pregunto, pues, si los familiares de los que siguen en cautiverio pueden decir lo mismo o las otras víctimas de los otros actores armados, como por ejemplo los que padecen el abuso de poder de nuestras fuerzas militares o de las fuerzas paraestatales.

Tanta mediatización en torno a ti podría ser por el hecho de haber sido candidata a la Presidencia pero, al menos que yo recuerde, tu peso político en Colombia no era tan relevante como se ha dado a entender aquí en Europa. Y a propósito de políticos que le han apostado a un cambio de nuestras instituciones me vienen a la memoria otros, aunque no tan reconocidos por los informativos de los grandes grupos mediáticos y por ende no muy conocidos internacionalmente: un Jorge Eliécer Gaitán, un Pardo Leal, un Jaramillo Ossa, un Galán, un Pizarro Leongómez. Candidatos a presidentes y asesinados... junto a ellos también traigo a la memoria congresistas, concejales, alcaldes y los más de cinco mil miembros de la UP asesinados en tan solo dos décadas de existencia. Con ellos también recuerdo todos los muertos en masacres colectivas, muchos de ellos integrantes de sindicatos, movimientos y organizaciones sociales: opositores a un régimen injusto, a un Estado que no reconoce los derechos de los pobres. ¡Sí! Los derechos de los pobres ciudadanos. Hablo de opositores civiles en ley y no de guerrilleros como muchas veces los han querido estigmatizar. A ellos sí que los veo como políticos de peso silenciados a la fuerza.

Ahora pasemos a tu liberación. Enhorabuena. La liberación de cualquier ser humano privado de su libertad será siempre una buena noticia para el mundo. Eso de la Jus Cogens me ha calado bastante: cualquier violación a los derechos humanos, pase donde pase y suceda a quien suceda, es asunto de toda la humanidad. Sin embargo sabemos que la mayoría de las violaciones de los derechos humanos realizadas en nuestro territorio no son denunciadas por los funcionarios gubernamentales responsables de hacerlo, ni difundidas por los medios masivos de comunicación. Sólo por mencionar algunos hechos: indígenas asesinados no son noticia, nada más y nada menos este 16 de diciembre cayó otra víctima por manos del ejército colombiano: el comunero indígena Edwin Legarda; y no he sentido ninguna pronunciación por parte de los mass media por aquí en España; campesinos retenidos por la Policía arbitrariamente no son noticia; jovencitas como Nelly Johana Durango, sacada de su casa violentamente por miembros del Ejército el 4 de marzo del 2006, desaparecida y luego dada de baja como guerrillera por el Ejército Nacional el día 15 de marzo del mismo año, no son noticia; el asesinato de afrocolombianos en Jiguamiandó y Curvaradó como el del líder comunitario Pedro Murillo, dado también como baja guerrillera el 26 de enero del 2005, no son noticia; líderes comunitarios asesinados en Bolívar, Santanderes, Cauca, Arauca, Meta, tampoco son noticia. Me pregunto entonces: ¿Qué fue lo que hizo que todos los informativos al unísono hablaran de tu liberación a través de un operativo militar? ¿Cómo fue pensado y por quién el cubrimiento mediático de la liberación? ¿Por qué en la mayoría de noticieros se pasó el mismo formato, se dijeron las mismas cosas y se omitieron los otros mismos hechos?

Íngrid, disculpa mi severidad pero esto refleja el dolor de patria que sentí al haber leído: Betancourt dice que el Estado no ampara las violaciones DDHH que cometen los funcionarios. Santiago de Chile, 3 dic (EFE). Negar que Colombia es un país en donde el Estado, y por ende sus gobiernos, han violado sistemáticamente los derechos humanos, de manera trágica y cínica, como política estatal en muchos momentos de nuestra historia, es negar una parte importante de nuestro devenir que, tal vez, con su reconocimiento y aceptación daríamos el primer paso de paz para todos nosotros, sus ciudadanos.

Titulares de prensa como éste me generan estupor, no sólo porque niegan una realidad vivida por muchos colombianos, sino porque ha sido estudiada y analizada por serios juristas, profesores e investigadores que afirman y demuestran bajo serias argumentaciones todo lo contrario: Benedict Anderson, Mauro Volpi, Catherine Lutz, Antonio Cassese, Michel Taussig, el mismo Galtung por citar poquísimos y omitiendo brillantes estudiosos colombianos. Así mismo me remito a autoridades en la materia como la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y sus respectivos informes anuales, también como los informes del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU en Colombia, por no citarte la infinidad de denuncias realizadas por organizaciones colombianas e internacionales. Por eso me pregunto: ¿Cuáles son tus fundamentos para afirmar que el Estado no es responsable de las violaciones de los derechos humanos de tantas y tantas personas desaparecidas, retenidas, asesinadas arbitrariamente, desplazadas ante la desidia de los responsables gubernamentales?

Precisamente seis días después de haber leído dicho titular, se conmemoraron 80 años de la Masacre de las Bananeras. Entonces me interrogo: ¿Qué se hicieron los otros 40 años anteriores de sangre y guerra antes de que existiera el secuestro como arma de guerra y medio de financiación? ¿Dónde dejamos la Ley Heroica por la cual se legalizó la criminalización de la protesta y bajo la cual se justificó la masacre anteriormente mencionada? ¿Dónde dejamos el período de la violencia y sus causas o, como dice William Ospina, la violencia entre liberales pobres y conservadores pobres? ¿Dónde dejamos los procesos judiciales inconclusos de los responsables intelectuales de los genocidios ocurridos en Colombia? Afirmaciones como las tuyas, considero que lo único que propician es ampliar el desconocimiento de las causas reales de nuestros conflictos.

El hecho de que tú no hayas vivido en esa otra Colombia no te autoriza a que niegues su existencia. Entonces, ¿qué tal si continuas a luchar para desligitimar a las FARC, lograr la liberación de tus ex compañeros de cautiverio pero, poniendo en escena internacional más dimensiones que bien pueden contribuir a que la comunidad internacional juegue un papel constructivo para su regulación? Para ello, te sería muy útil conocer las experiencias de las comunidades civiles en resistencia no violenta, como la de Jiguamiandó - Curvaradó, San José de Apartadó, las propuestas de la Asociación Campesina del Valle del Cimitarra, los proyectos de vida de las comunidades indígenas o, si no quieres ir tan lejos, contáctate con Movice (Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado). Tal vez ellos pueden contribuir a ampliar el horizonte de la situación colombiana: la otra cara de la Colombia que tú no mencionas.

Afirmar que en Colombia los derechos humanos no vienen violados por el Estado, en mi opinión, atenta contra la verdad histórica que reclama nuestro pasado y nuestro presente. Además, contradice lo vivido por ti. Porque no fueron sólo las FARC al negarte tu libertad, fue también un Estado que durante mucho tiempo arrojó en el olvido a los secuestrados a pesar de las marchas, súplicas y gritos de muchas personas y organizaciones que nunca los han desamparado. Menciono sólo por justicia humana todo el trabajo de Marleny Orjuela y sus compañeros y compañeras de la Asociación Colombiana de Familiares de Miembros de la Fuerza Pública Retenidos y Liberados por Grupos Guerrilleros (Asfamipaz). Ellos, he leído, te han nombrado su embajadora.

Espero, Íngrid, que realmente tu compromiso sea coherente con el reconocimiento histórico que reclaman las víctimas de un lado y del otro: muertos y muertas, desaparecidos y desaparecidas, torturados y torturadas, desplazados y desplazadas, secuestrados y secuestradas, mujeres violadas; todos ellos llevan la marca de grupos que fuera y dentro de la ley han hecho de la dignidad humana campo de batalla.

Cordial saludo de año nuevo en libertad,

Natalia Biffi H.