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Reflexiones de un estudiante universitario
El trabajo
Shameel Thahir Silva / Martes 30 de diciembre de 2008
 
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Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio,
porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio,
porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté,
porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté,
porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Martin Niemöller

Hay un problema entre todos los que tiene Colombia que me preocupa de manera particular. Al parecer todos lo tenemos en cuenta pero no se ha tomado en mi concepto como algo que deba enfrentarse de manera sistemática para que no se propague de forma geométrica por todo el pueblo colombiano. Estoy consciente de que esta problemática es propia del sistema capitalista que atraviesa hoy por hoy a la humanidad en todos sus aspectos, pero si de verdad se quiere llegar algún día a una verdadera subversión del sistema se debería enfrentar de manera urgente.

Ese problema para mí es el individualismo arraigado que la mayoría tiene muy adentro de su ser como si fuera algo natural por el problema de la propiedad privada. No ven mas allá de lo que está a su nombre, y “mientras no me toque a mi” todo el mundo es un jardín de rosas, tal y como se refleja en la cita de Martin Niemöller.

En medio de estas fiestas, cuando uno tiene tiempo de conversar con familiares y salir de ese otro mundo que es la universidad, definitivamente termina uno de abrir los ojos al comprobar cómo Colombia a llegado a donde está después de seis años de gobierno del señor Álvaro Uribe Vélez.

Como nuestro presidente no ha bajado del 50% en sus índices de popularidad a pesar de que en estos años al timón de Colombia nos ha acercado poquito a poco, pero acercado, a un abismo sin retorno en donde pronto no habrá nadie para protestar y la propuesta uribista de “estado comunitario” (será comunitario para los de su clase) se desdibuja por el desgaste propio de los gobiernos personalistas, pero se mantiene.

El punto es que por ejemplo en medio de esas charlas familiares uno se encuentra con esas tías o tíos que literalmente “¡aman a “nuestro” presidente!” y cuando uno les pregunta serenamente por qué ellas y ellos lo aman, de manera violenta lo dicen a todo pulmón: “es que ése sí va a acabar con esa guerrilla”.

Y uno les pregunta con calma sobre las otras problemáticas por las que Colombia entera sufre (educación, inundaciones, salud, vivienda, alimentos, etc.) pero nada de eso importa, lo importante es que finalmente “alguien le puso el tatequieto a esos sinvergüenzas de las FART” y con tal de que “exterminen a esa plaga” se aguantan los mal llamados “falsos positivos” (asesinatos de civiles por parte de la Fuerza Pública para presentarlos como bajas en combate y así recibir los beneficios de la política de “seguridad democrática”), el monopolio de la información que mantiene embobado al pueblo con un único diario de carácter nacional (del cual son dueños el ministro de Defensa, con sus primos el ministro de Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial y el vicepresidente de la República), noticieros con media hora de farándula, media hora de deportes y 15 minutos de noticias sobre las actividades presidenciales aquí, allá, y narrando cómo él solo derrotara algún día a “la fuente de todos nuestros pesares”: esos terroristas de las FART, y muchas otras aristas que hacen de la problemática colombiana esa situación tan especial que definitivamente no se soluciona a punta de plomo como muchos y muchas creen.

Las mayorías colombianas están despertando, eso es un hecho, este año se demostró aunque no se divulgó por ese monopolio de la información tan asqueroso del que sufrimos en el territorio.

Pero mi tío sí me puso a pensar, ese tipo de clase media que me daba como argumento de su amor al Presidente y su gestión el hecho de que en tiempos de Pastrana tuvo que vender su camioneta nueva “porque le dijeron que se la iban a robar” y alegremente me contó cómo fue uno de los primeros que salió en esas caravanas de Vive Colombia, Viaja por Ella escoltado por la Fuerza Pública, y que eso le pareció “¡maravilloso!”, que él trabajó toda su vida para él y sólo para él, su dinero no se lo regala a nadie, se jubiló apenas pudo para sentarse a rascarse la barriga y “vivir la vida” en medio de un país de miseria.

Yo sé que esa no es la situación de muchos, pero si habrá una gran mayoría que piensa igual y que modela su vida de esa manera, ¿podrán cambiar de mentalidad? ¿No se darán cuenta que el trabajo humano es el motor de la civilización y lo que nos mantiene vivos? ¿Que uno tristemente en el sistema capitalista trabaja por dinero pero uno podría trabajar porque le gusta, porque el trabajo puede llegar a ser todo lo imaginable menos una carga y que el fruto de ese trabajo no sólo debe ser de uso exclusivo del trabajador como individuo sino de todos los de su clase que trabajen como él?

Por el momento sólo me queda seguir escuchando y escribiendo como catarsis ante la impotencia que se siente al observar un individualismo que claramente se origina como una causa del sistema capitalista en el que el individuo como parte integrante de la humanidad hace parte.