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Presos políticos, entre torturas y malos tratos
“Aquí, en el Eron Picota, nos tienen excluidos de la luz solar, muchos otros presos se encuentran secuestrados en las mismas celdas, no se les permite salir al patio, y cuando se enferman, se les atiende allí. Estos son los motivos por los cuales exigimos mejores condiciones y un mejor trato”.
Carolina Tejada / Viernes 23 de octubre de 2015
 
Aspecto de una de las cárceles del país.

La semana pasada los presos políticos y los prisioneros de guerra a nivel nacional, iniciaron una jornada de desobediencia civil, con huelga de hambre durante 24 horas. Esta jornada, que se da en el marco de la conmemoración del día nacional de los presos y prisioneros políticos en Colombia, también corresponde a la necesidad que tienen, quienes se encuentran privados de su libertad, de que el estado les reconozca sus derechos como ciudadanos, y se les garantice un trato digno en el marco de sus condenas, la gran mayoría de ellas, y como lo es el caso del profesor Miguel Ángel Beltrán, cuestionadas por fallas en el debido proceso y la ausencia de garantías para juicios dignos.

Desde el día en que inició la jornada de desobediencia, los presos políticos encarcelados en el Eron Picota, se comunicaron con el VOZ, con el ánimo de hacer públicas sus exigencias. El profesor Miguel Ángel Beltrán, fue uno de ellos, y desde uno de los teléfonos monederos del patio en donde se encuentra, le contó a VOZ, los objetivos de esta desobediencia.

Tres son los puntos que hacen parte de las exigencias en el marco de esta jornada: “Estamos en desobediencia civil y nos motivan, principalmente tres puntos. El primero de ellos es el relacionado con el derecho a que en Colombia se reconozca el delito político. Es incomprensible que en Colombia se desvirtué del delito político, a diferencia de la legislación internacional, hoy se está juzgando como terrorismo”.

Los defensores de derechos humanos y quienes han acompañado estos procesos, señalan que es inadmisible que a quienes se les adelantan procesos por pensar diferente, a quienes se han declarado en contra del Estado a causa del modelo de país impuesto, se les siga denominando como tal, negando la categoría del derecho a la rebelión.

Otro de los elementos que señala Miguel Ángel es: “El derecho a la salud. Muchos presos están enfermos, en un estado crítico, producto del mismo conflicto algunos llegan a la cárcel con heridas de bala y no son atendidos debidamente, otros están mal, producto de epidemias que no son atendidas a tiempo. Ese es el caso de algunos compañeros con tuberculosis o diarrea, otros cuantos más son enfermos terminales, a esos tampoco se les ha tenido compasión. No hay especialistas para atender estos enfermos, no hay medicamentos y se les pretende curar o disminuir sus dolores con acetaminofén”.

También comenta que el hacinamiento y la ausencia de agua potable han llevado a que las enfermedades no solo se reproduzcan, sino además a que surjan muchas más. Es por esa razón que en diversas ocasiones, como lo menciona el profesor, se ha denunciado a la empresa prestadora del servicio de salud, Caprecom. Sin embargo, asegura que cuando se han ganado las tutelas en contra de la prestación del servicio de salud “es el Inpec, quien se empecina en obstruirle el derecho a los reclusos”.

Igualmente menciona que el tercer punto de las peticiones, es el relacionado con “el rechazo a la extradición. Nos oponemos a que ciudadanos connacionales sean juzgados en otros países. Este es el caso de Simón Trinidad, que ha sido tan mencionado y que hoy se sigue exigiendo su repatriación”.

Finalmente asegura, que es necesario hacer un llamado a la solidaridad y al derecho que tienen todos y todas a un proceso y un trato digno. “Aquí, en el Eron Picota, nos tienen excluidos de la luz solar, muchos otros presos se encuentran secuestrados en las mismas celdas, no se les permite salir al patio, y cuando se enferman, se les atiende en su misma celda. Estos son los motivos por los cuales exigimos mejores condiciones y un mejor trato”.

Muchos y muchas son las situaciones que hoy han llevado a miles de presos, a sumarse a estas jornadas. Una de ellas es la relacionada con uno de los voceros de los presos políticos del ELN, Willinton Villarreal Castro. Este preso político fue capturado por la policía nacional en Saravena Arauca, señalado de participar en un atentado, del cual se declaró inocente. En este proceso de captura su pierna derecha, producto de la agresión policial es fracturada en varias partes.

En la capital de Arauca le practican una cirugía donde le instalaron un tutor externo. Cuatro meses después de este proceso es trasladado a la ciudad de Tunja. Allí continuó su calvario, pues los médicos que le intentaban quitar el tutor, hicieron un mal procedimiento que terminó con una nueva factura en su pierna derecha. Esta nueva fractura se atendió con un yeso.

A lo largo de este procedimiento y bajo las irregularidades y malos tratos, adquiere una infección que no fue atendida por cuarenta meses. El mecanismo que utilizó para exigir su atención médica, varias veces negada por la institución, fue las huelgas de hambre y la desobediencia civil.

En varias ocasiones, cuando logra obtener el derecho a la revisión médica, los miembros del Inpec, han saboteado sus diligencias. Una de esas ocasiones, el cinco de abril del 2014, es trasladado a la cárcel de Valledupar. Allí permanece por varios días y su pierna nuevamente se infecta. Situaciones como estas fueron denunciadas por ausencia de una atención médica adecuada. Nuevamente la huelga de hambre, esta vez con sus labios cocidos, es puesta en marcha como mecanismo de presión para lograr el traslado a Bogotá y poder recibir una atención de mayor nivel.

Las torturas y los malos tratos por parte de los guardias del Inpec, son constantes para los presos políticos y los prisioneros de guerra. Willinton, comenta que en varias ocasiones fue objeto de malos tratos producto de las denuncias que adelanta contra los mismos. Su cuerpo y su cabeza son muestra de estas agresiones, cada que puede salir al patio a tomar el sol debe usar una gorra que fue medicada para cubrir su cabeza, con el único fin de calmar los dolores constantes, heredados por los golpes propinados por los guardias.

Estando en el Eron Picota, habló en varias ocasiones con la mayor Magnolia Acevedo Angulo, para buscar mejores condiciones y evitar que incluso le prohibieran las visitas familiares. Pues producto de las denuncias en contra de los guardianes, las acciones en contra de su humanidad se intensificaron, las visitas se le cancelaban y el aislamiento y el mal trato son una constante.

El panorama de las prisiones colombianas es un calvario, tal y como lo mencionan los mismos reclusos: “Somos maltratados, torturados y víctimas de falsos positivos adelantados por los guardianes como mecanismo de venganza por las demandas que les hemos hecho. Pero estos tratos no son solo contra los presos políticos, aunque por ello nos traten peor, pero estos actos son una política de todos los días en contra de todos los que estamos en el penal” menciona Willinton desde un teléfono público.

En el marco de la jornada de conmemoración nacional de los y las prisioneras y presos políticos, también se desarrollaron dos seminarios sobre delito político y situación de los presos políticos en Colombia. Y se busca desde las organizaciones sociales, abrir un debate público y sincero con la sociedad y el gobierno sobre la situación carcelaria, el derecho a que todo preso político en el país sea tratado con dignidad y se brinden las garantías para ejercer sus derechos.