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Defender y reivindicar a la Unión Patriótica
Comunicado del Partido Comunista Colombiano
Partido Comunista Colombiano / Miércoles 28 de octubre de 2015
 

Los resultados de las elecciones locales muestran una vez más la prevalencia del ventajismo tramposo del dinero, de las mafias, de un sistema electoral a la medida de los corruptos y de los privilegios de clase en favor del gran capital transnacional.

En medio de un proceso de paz en marcha, de un cese al fuego unilateral de las Farc-Ep y de la exigencia de medidas de distensión del gobierno las garantias para la oposición democrática brillaron por su ausencia. Con varios candidatos detenidos como presos politicos, en Guapi (Cauca) y Barrancabermeja (Santander); con víctimas de atentados en Ovejas (Sucre), en San Calixto (Norte de Santander) y amenazas en Tumaco (Nariño), Popayán (Cauca), Cali (Valle); Urabá, Caquetá, Meta, Magdalena, Arauca. Obstrucción a electores en San Pedro de Urabá, retiro arbitrario de mesas de votación rurales en Buga (Valle), trasteo de votos de la ciudad al campo para cambiar resultados electorales campesinos en Sumapaz, desaparición de votos de Concejo por la Unión Patriótica (Bogotá D C).

El sistema electoral vigente negó las alianzas de partidos para listas a corporaciones y aunque el Acto legislativo 02 de 2015 las autoriza, el Consejo Nacional Electoral CNE impidió su implementación alegando falta de reglamentación sin medir las nefastas consecuencias discriminatorias de semejante decisión interesada y antidemocratica. La Unión Patriótica y el Partido Comunista Colombiano jugaron un destacado papel en estas elecciones locales y regionales, con la política de Frente Amplio y convergencias, con acuerdos programáticos y coaliciones multipartidistas para cargos uninominales en ciudades como Bogotá para la Alcaldía y en departamentos como el Cesar, Arauca, Norte de Santander, Meta, Putumayo, Cesar, Valle para Gobernación, por mencionar algunos ejemplos. Las listas de Unión Patriótica y los acuerdos logrados muestran un movimiento político en consolidación. Los más de 35.000 votos de la lista al Concejo en Bogotá, encabezada por la compañera Aida Avella dan cuenta del potencial de la Unión Patriótica y de la necesidad de recuperar su presencia política. La tarea inmediata es denunciar los fraudes e irregularidades y defender los votos alcanzados para completar el necesario balance de logros. A los y las activistas, candidatos, directivos, simpatizantes y votantes nuestro cordial, fraternal y solidario reconocimiento.

En esta elección el gran capital transnacional ha asumido la cruzada de copar el gobierno directo en varios departamentos y ciudades. De la mano del viejo bipartidismo, del populismo neoliberal, de los importantes reductos del uribismo y de las mafias ligadas al paramilitarismo intenta hegemonizar el diseño del post acuerdo. La declaración del Consejo Gremial de la semana pasada muestra las “preocupaciones” de una oligarquía que se dice partidaria de la paz pero con condiciones. La principal es que le interesa una paz sin izquierda, sin sindicatos, sin campesinos, sin protesta social. La derecha concentró en sus variadas campañas para “recuperar a Bogotá” todo un arsenal de calumnias, mentiras, desprestigio y críticas injustas para presentar las candidaturas alternativas como incompetentes, corruptas, castro-chavistas, guerrilleras y amenazantes de la propiedad privada. Millones de dólares de publicidad de Peñalosa en el exterior muestran el empeño corporativo y clasista para denigrar de la izquierda y mostrar las graves y “peligrosas” consecuencias de que llegue la paz. Sin desconocer los errores de las pasadas administraciones a nombre de la izquierda, no se pueden soslayar el proselitismo mediático de las grandes cadenas, que actuaron de manera articulada con las encuestadoras y con los agentes del capital corporativo transnacional de origen norteamericano y europeo. La derrota electoral de la izquierda en Bogotá fue noticia de primera página en la prensa mundial para alentar la contraofensiva de la derecha en América Latina contra los procesos democráticos y progresistas.

Los anhelos de democratización de la sociedad colombiana continúan en pie. Las posibilidades de lograr pronto un acuerdo de paz estable y duradera abren nuevos horizontes para la unidad y la lucha por derrotar los intereses clientelares y corruptos de la tradición bipartidista. La movilización social sigue por el desmonte del paramilitarismo, la desmilitarización, el cese bilateral, como también por la defensa de lo público y la lucha contra la corrupción, las libertades democráticas, la salud, la educación, el empleo digno, el medio ambiente, el territorio, el agua, la participación política de las comunidades y los derechos de las minorías. La unidad sigue siendo nuestra principal bandera.