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Análisis
El supuesto llamado al ahorro del agua
Se quiere hacer del problema de la falta del agua, un problema cuya solución depende de muchos, pero los mayores responsables han sido pocos
Darío G.A. / Lunes 2 de noviembre de 2015
 
Foto: 20141227-DSCF1866 via photopin (license)

Resulta difícil creer o aceptar las últimas declaraciones que ha hecho el presidente Santos, al tiempo que le siguen innumerables campañas de medios de comunicación respaldándolo. La dificultad radica en la sencilla razón de que trabajan bajo la lógica de tirar la piedra y esconder la mano; peor aún, querer responsabilizar al pueblo colombiano por la crisis del agua. Se quiere hacer del problema de la falta del agua, un problema cuya solución depende de muchos, pero los mayores responsables han sido pocos.

Si bien este tema lo tratamos en pasadas publicaciones de este semanario, es necesario pronunciarse nuevamente ante la intensificación de los llamados del gobierno. Y es que negar que la falta del agua de cara a la actual crisis tiene como responsable al sistema capitalista y su lógica depredadora, es una desfachatez. Por ello, evidenciar esa reciprocidad es el propósito de estas líneas.

Los diseñadores del modelo capitalista consideran que los derechos de las mayorías no existen, por tal razón sus luchas son confrontadas y reprimidas. Así mismo, los métodos de uso del suelo y las riquezas son de su propiedad; pues se han apropiado de ellas con métodos depredadores.

Es decir, estamos bajo una lógica nada visionaria que lleva a los trabajadores y al pueblo en general a la crisis, justificando los asaltos al medio ambiente a través del progreso económico, con perjuicios invaluables.

Un mensaje incompleto y atrevido envía el presidente Santos al hacer todos estos llamados, al tiempo que inaugura la refinería del Caribe (Reficar), con un costo de 8 mil millones de dólares, en comparación con la adición para ayudar a mitigar los incendios que es de tan solo de 8 mil millones de pesos. Mucho menos expresará a los micrófonos el presidente que cada pozo petrolero requiere 63 millones de litros de agua al año para su funcionamiento, mientras pide de cada colombiano su grano de arena para sobrellevar la sequía.

El gobierno ha logrado poner los intereses de las transnacionales extractivistas por encima de la protección ecológica. Muestra de ello es la legislación que da un amparo a la gran industria minera, declarándola de “utilidad pública e interés social en todas sus ramas y fases”. Algo nefasto, pues resulta mucho más de interés social y de utilidad pública que el agua.

Este tipo de legislaciones ha llevado a que se realicen proyectos mineros en zonas vulnerables ecológicamente, deteriorando las fuentes de agua y acuíferos. Al mismo tiempo los ríos quedan heridos sensiblemente, pues el uso de mercurio y cianuro hace que tarden muchos años en recuperarse.

Otro factor importante, es que tan solo en 2012, Colombia ya poseía la catastrófica cifra de aportar el 9,7% de la deforestación mundial, es decir unas 470.000 hectáreas al año, esto inevitablemente afecta las cuencas de agua modificando las lluvias y prolongando los periodos de sequía.

En una crítica a la Ley 142 de 1994, Rafael Colmenares, reconocido ambientalista, toma el caso de la empresa Aguas de Manizales, que siendo de carácter público, tiene concentrada su operatividad en el acueducto de Tumbes, una ciudad del Perú. Esto sucede por la presión del gobierno en hacer que todas las empresas sean “rentables” promoviendo la inversión en otros países, la consecuencia es que no hay dinero para mantener el acueducto de Manizales, pero si el acueducto de Tumbes en el Perú.

Ahora bien, el agua como negocio, no es un asunto que haya que dejar de lado, de hecho según la revista Enlace México, George Bush, su familia y otros multimillonarios están comprando miles de hectáreas con acuíferos, lagos y acciones sobre empresas de ingeniería del agua en el mundo. Al tiempo que los gobiernos abren el camino a las transnacionales, tratando de limitar el suministro autosuficiente del líquido, similar a la conocida guerra del agua en Bolivia.

En Colombia, la manifestación de esta crisis es de gran cuidado, pues mientras se habla de paz y desarrollo, se está obsequiando de manera arbitraría el agua con la que se cuenta, dado que el país ocupa el segundo lugar en el mundo de cara a recursos hídricos. De la misma manera, hay que romper con ese esquema en el que las decisiones y beneficios alrededor de los recursos hídricos son de un puñado, pero las multas y el ahorro depende de todos los colombianos, lo claro es que con el mal gobierno la sequía va en aumento.