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René González en Colombia: “Yo vine a dar las gracias”
Uno de los Cinco Héroes Cubanos que estuvieron prisioneros en Estados Unidos, visitó el país para agradecer a los miles que se solidarizaron con ellos y a la distancia los acompañaron hasta que obtuvieron su libertad
Juan Carlos Hurtado Fonseca / Sábado 14 de noviembre de 2015
 
René González en entrevista con el semanario VOZ. Foto J.C.H.

Cuando René González ingresó a la Unión de Jóvenes Comunistas, UJC, en 1970, lo hizo por su convicción revolucionaria, solidaria e internacionalista. Por eso, no tuvo reparos en asumir misiones internacionales como la que cumplió en 1977 en la República Popular de Angola o la que asumió en Estados Unidos en 1990, para evitar atentados terroristas contra la isla, fraguados en el país del norte.

En esa última misión, este piloto instructor de vuelo, junto con cuatro de sus compañeros fue detenido por las autoridades norteamericanas, que lo condenaron a 15 años de cárcel, pena que cumplió en octubre de 2011, aunque fue obligado a permanecer en ese país 18 meses más.

El encarcelamiento generó un movimiento mundial de solidaridad que exigió la liberación de los Cinco Héroes, como fueron calificados por el pueblo cubano. Por eso, en agradecimiento, Gerardo Hernández Nordelo, Ramón Labañino Salazar, Antonio Guerrero Rodríguez, Fernando González Llort, y René González Sehwerert, desde que volvieron a la libertad se han encargado de visitar países y organizaciones para agradecer personalmente la solidaridad.

René González llegó a Cartagena hace dos semanas y luego visitó Bogotá, ciudades en las que estuvo varios días con una agenda de reuniones y actos con movimientos sociales y políticos, solidarios con el proceso cubano, especialmente con la causa de los cinco.

Palabras en Bogotá

En el evento político y cultural, realizado en el teatro Luis Guillermo Vélez del Congreso de la República en Bogotá, René González dijo que venía a dar las gracias en nombre de los cinco.

“Pensamos en la cantidad de cartas que recibimos en la cárcel de muchos de ustedes, sin que conociéramos sus rostros, sin que escucháramos sus voces. Recordamos las fotos que nos enviaban de los plantones que realizaban para pedir nuestra libertad. Pensamos y agradecemos a aquellos que sin conocernos pagaron sus pasajes y fueron a Washington a las jornadas de protesta para exigir la libertad de los cinco. Por eso, era imperativo que cuando tuviéramos esta victoria tan merecida, viniéramos a verles los rostros, a mirarlos a los ojos y a decirles ‘muchas gracias’.

“La solidaridad que nos llegó desde los países que están bajo el capitalismo siempre fue importante porque entendíamos la clase de calidad humana de esas personas, que rompían el círculo del individualismo para pensar en cinco hombres que ni conocían, empleando su dinero, su tiempo, sus recursos.

“Creo que el caso de los cinco demuestra que el bien que se hace se devuelve. Cuando hacemos el bien sembramos una semilla que nunca sabemos cuándo va a germinar, y siempre estuvimos conscientes que el apoyo a los cinco era el resultado del cariño que Cuba había sembrado por años.

“Cuando un médico cubano va a Haití, Brasil, Venezuela, Ecuador, Perú o Bolivia, y toca la herida de un paciente no solamente le está curando la herida sino tocándole el alma. Y cuando un maestro cubano va a enseñar a una persona que nació con el derecho de saber leer y escribir y no lo ha podido ejercer, no sólo le enseña a leer sino que le está abriendo el mundo, le está mostrando que hay un mundo más allá de su propia vida.

“Cuando los soldados íbamos a Angola no solamente empuñábamos las armas para luchar contra el colonialismo, íbamos a crecer nosotros mismos, a ser mejores personas. Pero también cuando compartíamos con aquellos niños la comida que era poca, porque los veíamos desnutridos y que les dábamos parte de nuestras raciones, estábamos tocando el corazón de ese niño”.

La isla está alerta

En diálogo con VOZ, habló sobre lo que significa la solidaridad y sobre los retos que se avecinan para su país por los acercamientos que se dan con Estados Unidos.

–¿Cómo ejercer la solidaridad en el contexto de cambios políticos que se desarrollan en Latinoamérica?

–Para nosotros los cubanos es más fácil ejercerla porque vivimos en un país que entre los valores que siembra está la solidaridad. Pero esa no es la realidad de toda la América Latina y se percibe que quienes la ejercen lo hacen a costa de un tremendo esfuerzo, porque están en sociedades que estimulan todo lo contrario.

Los procesos de izquierda que se han dado mueven el continente en esa dirección, pero queda mucho por hacer, el problema es cómo hacerlo. Uno de los problemas que nos impide ser más efectivos en la solidaridad es la desunión.

Es importante pensar en términos de unidad de la izquierda, porque la solidaridad es un sentimiento que sale de la realidad y una izquierda desunida desestimula a personas que sin estar ahí pueden acercarse. No es lo mismo pedir solidaridad desde la dispersión que estar unidos y pedirla.

–¿Cómo cultivar la solidaridad?

–Hay que buscar maneras de acercarnos a los jóvenes, porque por naturaleza pueden ser solidarios, aunque vemos que muchos que en su juventud tuvieron inquietudes sociales, en la medida que son absorbidos por el medio, por las necesidades que les impone el capital, van dejando esa actitud militante, activa y adquieren actitudes individualistas que luego los convierten en un elemento de una sociedad que prioriza el individualismo.

Hay que utilizar los medios y el lenguaje necesario para acercarnos a los jóvenes, para que entre ellos se estimule el acercarse a las causas que requieren de su solidaridad.

–Es claro que Estados Unidos no se ha rendido en sus intenciones de hacer fracasar el proceso revolucionario cubano, ¿cómo enfrentarán eso luego de un restablecimiento de las relaciones políticas y económicas, del fin del bloqueo?

–Es una preocupación de todo el que quiere a Cuba, de todos los revolucionarios y de nosotros. Tenemos la ventaja de que son los mismos norteamericanos quienes han dicho que el bloqueo no funciona y que hay que hacerlo de otra manera. Sabemos que ellos quieren lograr por las buenas lo que no lograron por las malas y sabemos las maneras sinuosas como el capital puede irse introduciendo en un conglomerado humano para irlo disolviendo y al final destruirlo, por eso estamos alerta.

También es importante el acompañamiento de ustedes de quienes han vivido en contacto directo con el capital y que tienen mucho que enseñarnos. La lucha en Cuba entre el capital y nosotros, los trabajadores, va a depender de en qué manera profundizamos la democracia, de qué manera fortalecemos nuestra institucionalidad, de qué manera somos más abiertos y transparentes para manejar nuestra relación con el capital, de lo contrario el capital ejercerá su poder para corromper, dividir y destruir.