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Columna de opinión
El cerdócrata de Santos regaló Isagen
Jhon Jairo Salinas / Viernes 15 de enero de 2016
 

Muchos colombianos se están rasgando las vestiduras por la venta de la segunda empresa generadora de energía más grande del país: Isagen. Políticos de “Izquierda”, de derecha, sindicatos, líderes sociales, intelectuales, etc., hacen alarde de la tibia posición demócrata al afirmar: ¡por favor no permitamos la venta de esta empresa! Qué hipócrita reacción: ese negocio, que estaba anunciado desde hace más de dos años, prácticamente estaba hecho. La única instancia para defender lo público es el pueblo organizado, en las calles, bajo cuatro reglas: educación, organización, movilización y lucha... No hay otra salida, no es con cánticos de sirenas enojadas que se defiende los interese del pueblo.

¿Pero de qué se alarman? eso hace parte del Estado lacayo y entreguista de la burguesía nacional que ha tenido como tesis filosófica que las empresas del Estado quedan en mejor manos cuando pertenecen al sector privado, esa es la lógica del capitalismo ramplón del presidente Juan Manuel Santos, fiel expositor de la tesis de la escuela neoliberal.

Los gobernantes de Colombia se han caracterizado por ser peones del neoliberalismo salvaje. Basta no más con recordar como por la suma de 25 mil dólares vendieron Panamá en 1903, la liquidación de Ferrocarriles Nacionales, la venta de la flota mercante Gran Colombiana, la Banca Nacional ahora en manos de los españoles, la cervecería Babaría actualmente en manos de la multinacional Say Miller, la empresa de telecomunicaciones Telecom regalada prácticamente en el gobierno de Álvaro Uribe a los Españoles. Mejor dicho la lista sería extensa de lo que este Estado ladrón le ha entregado a los extranjeros. De las casi 114 millones de hectáreas de tierras que comprende la extensión territorial de Colombia, en estos momento 42 millones están en manos de casi treinta multinacionales.

En nuestro país en 1990 el Estado ya no tenía acceso a ninguna clase de financiamiento voluntario externo o interno, las privatizaciones constituían (al menos para las autoridades) el único instrumento disponible para evitar que se repitiera la experiencia hiperinflacionaria: Si los activos públicos se intercambiaban por dólares en efectivo el gobierno se hacía de liquidez para cerrar transitoriamente las brechas interna y externa, si los activos se intercambiaban por papeles de la deuda pública interna o externa el gobierno conseguía algún saneamiento patrimonial del Estado y una mejor posición para negociar un arreglo con los acreedores externos.

No es exagerado decir que la narco burguesía colombiana ha utilizado la tan cacareada democracia para timar al estado, vendiendo sus empresas y sus recursos a cualquier postor, ¡qué sinvergüenzas los que se aprovechan de la ingenuidad del pueblo para hacer del Estado una cloaca de corruptos y ladrones de cuello blanco!

Quiero traer a colación una frase que me quedó gravada desde una conferencia de la gran escritora y novelista norteamericana Susan Sontag: “La sociedad capitalista requiere una cultura basada en imágenes. Necesita suministrar muchísimo entrenamiento con el objeto de estimular la compra y anestesiar las lesiones de clase, raza y sexo. Y necesita reunir cantidades ilimitadas de información para poder explotar mejor los recursos naturales, incrementar la productividad, mantener el orden, hacer la guerra, dar trabajo a los burócratas”

Interpretando la venta de Isagen servirá para alimentar no sólo a los burócratas, el contrato servirá para alimentar a toda la cerdocrasia de la élite entreguista de la república bananera de Colombia…