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Opinión
El teatro de la crueldad en la relación humana
Colectivo La Trocha / Martes 1ro de marzo de 2016
 

El sentimiento popular en los Estados Unidos de América es el deseo individual de pisotear al otro: aplastarse y patearse unos con otros. El sentimiento de solidaridad supuestamente existente tras el ataque al World Trade Center el 11 de septiembre del 2001, y visto como un compromiso ético colectivo por Slavoj Zizek, es lanzado a la caneca. No se puede hablar de un sentimiento de solidaridad en los estadounidenses tras el 11 de septiembre. El discurso egoísta de los liberales o neoliberales es el verdadero compromiso ético y la piedra fundamental de las relaciones sociales en EE.UU.

Es este sentimiento popular, el código ético que se difunde a través de los programas de televisión. Los programas de televisión de Estados Unidos se puede clasificar como teatro de la crueldad, un teatro similar al que pensó Antonin Artaud, en relación a la voluntad: la pasión por el sufrimiento. El teatro de la crueldad se da en los programas televisivos que muestran peleas, choques, violencia, asesinatos. Es la invitación a matar, torturar, golpear o cometer suicidio. Uno de estos programas se llama Operación Repo, muestra a unas personas fornidas y grandes que les quitan los autos a los que se atrasan con el pago del mismo. El problema de esto es que se concibe que la única relación humana viable y adecuada para respetar la “libertad individual”, es la opresión de unos contra otros, el pisotear a otra persona para lograr los propios objetivos.

Estos programas han inundado el mundo: se ha exportado el teatro de la crueldad; y las personas de los demás países intentan imitar este comportamiento, creyendo que representa la completa libertad. Al imitarse este comportamiento se genera la idea de que el mundo es igual, por tanto los vicios, las depravaciones, el comportamiento agresivo es propio de la naturaleza humana.

Este mismo comportamiento se muestra en un programa que tiene una innumerable audiencia en Latinoamérica. Es el programa de la abogada Ana María Polo, llamado Caso Cerrado. Es el teatro de la crueldad puesto en la cima de la relación humana. El trato de la abogada con las personas que participan del programa, representa la realidad del comportamiento individual en los Estados unidos. Esto representa una asunto vitae momentum para el estudio psicológico. No existe un sujeto consciente, visto como alguien que es capaz de autorregularse, conocer, y además apreciar la dignidad humana en estos programas. La consciencia que ellos conciben (que no es consciencia) es la de la caridad y la compasión que ofrecen las corporaciones, y que según Milton Friedman, representan el eslabón necesario de la “libertad individual”.

La señora Ana María Polo es la imagen de la decadencia a la que ha llegado la individualidad, la persona humana en Estados Unidos. La tolerancia que dicen promover es palabra de escritorio para textos de propaganda ideológica. En un capítulo del programa, una señora demandó a un señor porque tenía imágenes del Che Guevara en la habitación. La señora de la casa no quería que las imágenes permanecieran allí. La señora Ana María Polo le pidió al muchacho que mostrara los afiches, cuando éste mostro el afiche, le pidió que se saliera cuanto antes, incluso pidió a los de seguridad que lo sacaran. La crueldad y el menosprecio son la imagen cotidiana de las relaciones humanas en Estados Unidos.

El discurso neoliberal he generado la idea de que es necesario ‘vivir el momento’. Cada individuo de Estados Unidos hacen lo que desea sin importar el daño que puedan causar: es la lucha de todos contra todos (Bellum omnium contra omnes), como auguró el filósofo Thomas Hobbes. Para cada persona la libertad es simplemente hacer todo lo posible por hundir al otro. “La libertad es no es más que una palabra”, escribe David Harvey en Breve Historia del Neoliberalismo. Es una palabra que se utiliza para embellecer el discurso, y que debido a su connotación cultural es aceptada como vitae essentia, tal como sucede con las palabras ética o democracia: se convirtieron en palabras que todos aceptan como si estuviesen santificadas, pero que nadie analiza más allá de su contenido cotidiano.

Empero, esta llamada “libertad” no se ve reflejada en un pueblo que propone soluciones a los problemas, que imagina nuevas formas de reemplazar los viejos combustibles o que idea curas asequibles paras las enfermedades, sino en los asaltos permanentes, los conductores borrachos perseguidos por la policía, el asesinato por motivos raciales, los asesinatos en serie o las masacres masivas en escuelas, institutos o zonas de mucha confluencia de gente: es el odio individual hacía la vida de la otra persona (la crueldad). Los programas de detectives se vanaglorian de trasmitir las historia de los asesinos en serie como Albert Fish “el vampiro de Brooklyn”, Charles Manson, Ed Gerein “el asesino de Painfield”, Jeffrey Danmer; o la reciente masacre en California. No se puede asegurar que el asesinato en serie sea parte de la naturaleza humana, porque se tendría casos permanentes de masacres por todo del mundo. Además, los asesinos en serie representan casos tan variados que no se puede hablar de una constante psicológica, algunos de ellos fueron amados, vivieron con los padres, tuvieron una infancia sin problemas económicos o familiares; otros fueron rechazados o abandonados, golpeados y sufrieron carencia. Lo que se ve es que por Estados Unidos se mueve una “mano invisible” que lleva a las personas a cometer las masacres.

Es también seguro que las guerras en el extranjero ayudan a generar este sentimiento de odio, de querer pisotear a su “conciudadanos” y a foráneos fuera de las propias fronteras. Muchos soldados que regresan de la guerra se convierten en asesinos o drogadictos, mientras otros regresan de la guerra avergonzados. A pesar las pruebas y los estudios de los efectos de la guerra en los soldados, muchos jóvenes se enlistan en el ejército. Existe la necesidad de matar. Existe una necesidad patológica de convertir al otro en “polvo”. En diciembre del 2015 varios medios reseñaron la noticia de que los principales regalos en Estados Unidos eran armas.

El joven norteamericano es seducido para combatir sin consciencia. Las películas de Hollywood y los juegos de guerra en consolas, se encargan de crear las condiciones para que los jóvenes ingresen al ejercito con entusiasmo, y pretendan ser “Rambo” u otro personajes. Esta decisión creada -de pelear las guerras- se hace con la creencia de que es justo, de que están peleando contra los ‘malos’ en el mundo. Los medios de comunicación, el marketing, la educación institucional y el cine crean las condiciones ideológicas, mientras el porte de armas crea las condiciones prácticas. Antes de entrar al ejército muchos jóvenes ya manejan armas automáticas, porque es legal portar armas en Estados Unidos. El cineasta Michael Moore ha denunciado innumerables veces a la Asociación Nacional del Rifle por seguir defendiendo la venta de armas libremente. No es patético asegurar que Estados Unidos puede llevar al mundo a una guerra mundial. Su carrera internacional por imponer al mundo sus consideraciones, no tendrá ningún efecto positivo a largo plazo.

La policía también simboliza el sentimiento de desprecio por la vida ajena en Estados Unidos. Esta reprime con sevicia, menosprecia y discrimina. “El gobierno no publica cifras sobre homicidios policiales; sin embargo, según las estadísticas destiladas de informes de prensa, unas 1.000 personas pierden la vida como consecuencia de la violencia de la policía cada año en los Estados Unidos, un promedio de casi tres muertes al día”, según el sitio de internet World Socialist Web Site. Estados Unidos gasta más en armas que en hospitales, como dijo Oliver Stone; igualmente, la Revista Forbes y el sitio web Global Firepower Index publicaron datos del presupuesto de guerra, ellos aseguran que Estados Unidos gasta más que los países de la OTAN juntos. El presupuesto de guerra es de 612.500.000.000 dólares, mucho mayor al PIB (Producto interno Bruto) de innumerables países. Es paradójico que se diga que ciertos países son amenaza a la ‘paz mundial’, a pesar de que no llegan ni a la mitad del gasto militar de Estados Unidos.

Son muy pocas las voces disidentes que se resisten a este comportamiento. En realidad, el pueblo de Estados Unidos parece un muerto viviente. Nada nos puede hacer pensar que no existe relación entre las películas de Hollywood sobre los zombis que caminan devorando lo que encuentran y las personas en Estados Unidos. Estas películas parecen el reflejo de la sociedad, inconscientemente los directores se valen de su propio pueblo, para la creación de las películas de zombis en las que pocas personas sobreviven. Estos pocos que sobreviven, representan en la vida real el 1% de la población que posiblemente puede escapar de una guerra termonuclear o protegerse de una pandemia. Es el 1% que controla la industria, el comercio, las finanzas y la industria cultural, según plantea el grupo Ska-p en una de sus canciones.

¿Por qué en un país que habla de “libertad” de pensamiento, el pueblo acepta las guerras, acepta que el gobierno los enfrasque en más conflicto en el mundo, acepta un comportamiento bestial y ve en el sufrimiento un motivo para hacer dinero? ¿Por qué se acepta las masacres en las escuelas, el asesinato de personas negras, la pobreza extrema en muchas ciudades, la venta de armas y la carrera armamentista global? ¿Es inimaginable una Revolución en Estados Unidos? ¿Es inimaginable un levantamiento del pueblo contra la opresión y la crueldad?

Las personas en Estados Unidos podrían detener las guerras, ayudar a combatir el hambre y luchar contra las enfermedades, pero solo si detienen a su gobierno, a las corporaciones y a la cultura de la crueldad, esto lo ha dicho el presidente ruso Vladimir Putin en innumerables ruedas de prensa.