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Los 10 meses que estremecieron a Barrancabermeja
Barricada I: Cesar Martínez Blanco
David Ravelo Crespo / Sábado 2 de abril de 2016
 

Desde abril de 1987 a enero de 1988 sucedieron hechos en la ciudad de Barrancabermeja que estremecieron todas sus fibras, tanto sociales como humanas. Cesar Martínez Blanco (en la primer imagen con sus piernas en buen estado, rodeado por la comunidad en una reunión política; en la segunda imagen ya sin piernas, con sus prótesis, rodeado por la comunidad en otra reunión política), oriundo de Margarita (Bolívar), llegó a Barrancabermeja a finales de la década de los 50 del siglo pasado. Desde muy joven se convirtió en militante del partido comunista colombiano, la peluquería fue el oficio que practicó al lado de Álvaro Pedroso, su centro de actividades lo tenía en el sector comercial, cerca al teatro Libertadores, allí llegaban los pobladores de Barrancabermeja y el campesinado del Magdalena Medio para un elegante corte de pelo. Ha sido un activista político y social de tiempo completo. Todos los días desde las seis de la mañana recorría a pie los barrios de Barrancabermeja, eso hizo que se ganara el cariño y afecto de los barranqueños que lo eligieron en varios periodos como concejal, también fue diputado de la Asamblea de Santander. Fue víctima de un atentado criminal donde perdió sus piernas, pero a pesar de ello, nunca ha perdido su espíritu jovial y alegre. Fue mí maestro en el arte de la organización política.

El 22 de abril de 1987, a las 7:00 de la noche, en una tienda del barrio La Campana, cerca a la sede de la Coordinadora Campesina del Magdalena Medio se encontraban Cesar Martínez Blanco, concejal por la Unión Patriótica; Alirio Traslaviña, presidente de la Coordinadora Campesina; y Miguel Castañeda, activista del Partido Comunista Colombiano, quienes acababan de salir de una reunión en la sede campesina y se congregaron en esa tienda. De repente un sujeto llegó al lugar y lanzó una granada que explotó dejando gravemente heridos a los tres dirigentes y a otras personas que se encontraban en el sitio.

De inmediato los heridos fueron trasladados al Hospital San Rafael de Barrancabermeja. En las afueras del hospital, nos congregamos y esperamos hasta que nos enteramos que a Cesar Martínez le habían amputado las piernas. Entre desconcertados y adoloridos, con Ismael Jaimes, concejal de Barrancabermeja también por la Unión Patriótica; Luis Eduardo Zuleta, presidente de Usitras Barrancabermeja; Modesto González; el suscrito y otros activistas decidimos tomarnos el sitio estratégico conocido como As de Copas. La actividad sería a las 10:00 pm, para ello se acordó con Diego Rodríguez, quien manejaba una buseta de la Empresa San Silvestre, que trasladara de los barrios nororientales a los militantes de la Unión Patriótica hasta dicho lugar.

Cuando fueron las 10:00 pm el As de Copas estaba totalmente abarrotado de gente, a las 11:00 de la noche ya habíamos más de doscientas personas y la barricada estaba totalmente organizada: no faltaron las llantas encendidas, que con el crepitar por las llamas y el humo daban aumentaban la sensación de un dolor que venía de las entrañas de la tierra para repudiar el olor nauseabundo de la impunidad que campeaba por todas partes con la complicidad de la institucionalidad.

Al siguiente día, siendo las 8:00 de la mañana, la barricada del As de Copas era un hervidero humano, había llegado gente de todos los rincones de la ciudad, en especial dirigentes sindicales, comunales y cívicos que se vincularon a la justa protesta por el derecho a la vida. Recuerdo que varias personas habitantes del barrio Tres Unidos, como Álvaro Busto Castro, Julián Rodríguez, Fabio Lizarazo entre otros, organizaron el sancocho para los manifestantes, en minutos aparecieron los ingredientes, se armaron los fogones y se instalaron las ollas y este comenzó a arder. Estando en esas, Ismael Jaimes y el suscrito fuimos invitados para hablar con el alcalde Juan de Dios Alfonso García, nos dirigimos a su despacho para exigirle garantías a la protesta social.

En la oficina del alcalde le expresamos la gravedad de lo ocurrido, él compartió también el hecho grave que había pasado y que al igual que nosotros se sentía en estado de indefensión, pero que no podía hacer mayor cosa; el poder judicial era ciego, sordo y mudo, había una inoperancia total; la fuerza pública era señalada de ser la autora de los hechos de sangre. Nos quedaba una sola opción: utilizar la protesta social como arma legal para poder visibilizar la grave crisis humanitaria por la que estábamos pasando.

Cuando regresamos al As de Copas nos encontramos con que el Ejército había agredido a los manifestantes, destruido la barricada, decomisado las ollas del sancocho con sus ingredientes: la carrera 28 se convirtió en escenario de una batalla campal entre el Ejército y los manifestantes. Una protesta pacífica que comenzó con una barricada terminó en un paro cívico por el sagrado derecho a la vida, gracias a la intervención brutal del Ejército Nacional.

Logramos reunirnos en la sede de la USO nacional con sus dirigentes y con la Coordinadora Popular y se acordó darle organización al paro cívico: se montaron dos barricadas más que se convirtieron en punto de encuentro, el puente elevado y el paso nivel, además se convocó a una gran manifestación para las 4:00 pm desde la puerta de refinería hasta el As de Copas.

La movilización estuvo muy concurrida, cuando íbamos por la sede del antiguo Telecom, nos encontramos con Bernardo Jaramillo Osa, con quien había tenido la oportunidad de realizar un curso político en Bogotá y en ese momento era representante a la cámara, la manifestación llegó a la carrera 28 y fue agredida por el Ejército: nuevamente se formó una batalla campal. Bernardo en la confusión se perdió y apareció en horas de la noche en la casa Jorge Eliecer Quijano, en ese momento dirigente de la USO. Un sector de los manifestantes, ofendidos por la actitud agresiva de la Fuerza Pública y por el deficiente servicio de agua que prestaba la empresa Emposan. Cuando nos dimos cuenta las oficinas de esta empresa, que quedaba al lado del colegio industrial, estaban ardiendo y las llamas resplandecían con todo su fulgor, como mostrando la inconformidad de un pueblo por la agresión del que era objeto.

El paro cívico por el derecho a la vida se alargó dos días más. En horas de la noche tuvimos la oportunidad de reunirnos con Bernardo Jaramillo, él había hecho contacto con el Gobierno Nacional para que escuchara el clamor de la gente en Barrancabermeja.

El Gobierno Nacional se comprometió a tomar medidas para acabar con la impunidad galopante que vivía la ciudad, lo cierto es que los integrantes de la Fuerza Pública que participaron en el acto criminal contra Cesar Martínez y las demás víctimas, con el fin de borrar toda evidencia y testigos, amenazaron a una mujer que vivía en el corregimiento El Centro quien se vio obligada a irse de la ciudad. Lo más grave que sucedió fue que la niña Sandra Rondón Pinto, quien supuestamente había sido testigo del atentado criminal, fue asesinada el 4 de mayo de 1987 cerca a su casa en el barrio La Campana, después de haber asistido a misa en horas de la mañana, esto trajo como consecuencia otra jornada cívica por el derecho a la vida. El 22 de abril de 1987 quedó registrado en la historia de Colombia como el primer paro cívico por el derecho a la vida realizado por los pobladores de Barrancabermeja.

Cesar Martínez Blanco vive con su esposa y compañera de toda la vida Margot García en el municipio de Girón (Santander), y como siempre, usted lo encontrará con una gran sonrisa.