Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

Análisis
Diálogos de La Habana: El proceso continúa
Como lo reconoció Humberto de la Calle Lombana, hay discrepancias de fondo entre las dos partes. El paso siguiente es la elaboración de una hoja de ruta. El Gobierno Nacional debe aceptar la bilateralidad de la mesa
Carlos A. Lozano Guillén / Sábado 2 de abril de 2016
 

A nadie sorprendió que el 23 de marzo próximo pasado no se hubiera firmado el acuerdo de paz entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla de las FARC-EP. Estaba anunciado. Tanto el presidente Santos como el comandante Timoleón Jiménez, cada uno por su lado, reconocieron en los últimos días que era difícil llegar a un acuerdo definitivo por las discrepancias en temas tan importantes como los que están en discusión y los que reposan en el congelador.

Tal vez fue un error, hace seis meses, en la reunión del mandatario colombiano con el jefe de las FARC-EP, en medio del entusiasmo que desató el acuerdo sobre víctimas, que se hubiera fijado la fecha del 23 de marzo muy próxima para la magnitud de los temas que quedan en la mesa. Eran evidentes las contradicciones y diferencias en la discusión de los subtemas del ”Fin del conflicto” y de la “Implementación, verificación y refrendación” que estaban sobre la mesa, además de “los pendientes”, puntos acordados que quedaron a la espera de la discusión al final del proceso, en el entendido que sobre ellos existen desacuerdos. Estos últimos, para las FARC, son de singular importancia, porque son los de naturaleza política, social y económica donde estriban las causas del conflicto armado.

Hablan las partes

Lo reconocieron, al final de la larga jornada del 23 de marzo en La Habana, Humberto de la Calle Lombana e Iván Márquez. El vocero gubernamental dijo ante los periodistas: “Tenemos que informar que en este momento subsisten diferencias importantes con la guerrilla de las FARC sobre temas de fondo. No vamos a llegar a acuerdos de cualquier manera, para el Gobierno el acuerdo que se logre tiene que ser un buen acuerdo, el mejor acuerdo posible para los colombianos, porque es a ellos a quienes nos debemos y trabajamos desde hace tres años y medio”. El vocero insurgente lo planteó así: “Aunque el deseo expresado en la histórica jornada del 23 de septiembre de 2015 en cuanto alcanzar el propósito de la firma del Acuerdo Final el día de hoy, no fue posible, porque las exigencias lógicas de una prolongada y compleja guerra como la que ha padecido Colombia así lo determinaron(…).

Llamó la atención que la intervención oficial fue muy general, sin mostrar alternativas reales para avanzar, con bastante retórica sobre los beneficios de la paz, pero poco compromiso para lograrla. “Vamos a agotar todos los esfuerzos posibles para lograr un Acuerdo Final. Pero esto exige decisiones prontas”, dijo De la Calle, demostrando que el Gobierno permanece atrapado por el tiempo y con un vago concepto “de los valores esenciales de la nación” que solo sirven para establecer inamovibles absurdos y sectarios. Con ello justifican el camino de la unilateralidad y de las imposiciones que no conducen a los acuerdos.

La declaración del Gobierno siembra dudas. Acabar el proceso a estas alturas, equivaldría como a una especie de coitus interruptus, cuando ya está en la recta final. El comandante Timoleón, en declaraciones recientes a Univisión, reconoció que sobre los puntos en disputa, en particular el cese bilateral de fuegos, hay casi un 70 por ciento de acuerdo.

Hay que reconocer que la declaración de Iván Márquez fue más constructiva. “Nuestra esperanza en la paz se acrecienta”, así la titularon y así lo establecieron en su párrafo final. “Luego del desarrollo de diversas iniciativas está hoy en discusión en la Mesa de Diálogos una propuesta de Hoja de Ruta, que a nuestro modo de ver sintetiza los más importantes puntos de vista del gobierno y de las FARC-EP y señala compromisos claros y definitivos para resolver asuntos pendientes, estableciendo momentos concretos para su ocurrencia”, dijo Márquez. La idea es un cronograma preciso, aprobado por las partes, que establezca el orden de discusión de cada tema, en el entendido que tendrá que agotarse todo, que no quede ningún “pendiente” porque “nada está acordado hasta que todo esté acordado”.

El mal manejo mediático

Cualquier persona honrada no se sorprendió con que el 23 de marzo no se hubiera dado la firma y esta hubiera quedado postergada debido a las diferencias entre las dos partes. Estaba previsto y anunciado. “Por qué el 23 de marzo no se firmará la paz con las FARC”, tituló El Tiempo del domingo 20 de marzo del presente año, un análisis de Marisol Gómez, sobre las razones que no permitirían firmar el acuerdo definitivo el 23 de marzo. Pero algunos medios asumieron la información como un fracaso, casi como una hecatombe. Titulares como “Sin firma”, “fracasaron los negociadores” o “las FARC no quisieron”, planteados por columnistas y “análisis” en algunas cadenas radiales y de la televisión privada, revelaron la mala fe y la mezquindad de los medios de la mentira, como los calificó hace unos días un destacado sacerdote comprometido con la paz.

¿Cuáles son las diferencias? Aunque no se han publicado se conoce que tienen que ver con el criterio de unilateralidad que maneja el Gobierno Nacional. A las FARC-EP les molesta que pretendan imponer el plebiscito, el momento de la dejación de las armas y las zonas de encuentro donde estarán los guerrilleros una vez firmada la paz, sin que sea fruto de la discusión bilateral y del acuerdo de consenso, ambas han sido planteadas por la parte oficial en el Congreso que las aprueba de conformidad con el criterio de la mayoría que no ha estado comprometida con los diálogos de paz. Pretenden la rendición y la entrega de los insurgentes.

La subcomisión sobre cese bilateral de fuegos y dejación de armas, de la cual hacen parte oficiales de las Fuerzas Militares y de Policía y comandantes de las FARC, lograron ponerse de acuerdo con un informe y recomendaciones que entregaron a la mesa, pero el Gobierno no lo aceptó, así De la Calle Lombana diga lo contrario, con el argumento que las subcomisiones son técnicas y es la mesa la que decide la política y los acuerdos definitivos.

Para las FARC el Gobierno quiere “desmovilizarlos” antes de la implementación de los acuerdos; un planteamiento así es improcedente por el grado de desconfianza entre las partes. Cada paso, cada decisión, debe ser transparente y sobre todo con las garantías legales de seguridad jurídica y de que los compromisos pactados serán cumplidos.

Paramilitarismo y temas sociales

El otro tema es el paramilitarismo, al parecer el esencial, según lo dijo Pablo Catatumbo. Para el gobierno este no existe, son bandas criminales que actúan como paramilitares(?). Hay un afán de subestimar la ola de crímenes y de amenazas contra los partidos de izquierda, sindicalistas, dirigentes populares y activistas de derechos humanos. “Varias de las personas asesinadas se debe a otras razones distintas al conflicto”, dicen las autoridades, al sugerir que son producto de riñas, ajustes de cuentas y hasta de líos pasionales. Mientras que Aída Avella, presidenta de la Unión Patriótica, se las atribuye al paramilitarismo en expansión y en contubernio con militares y agentes del Estado.

Y están las otras, las que tienen que ver con los temas políticos y sociales que son los fundamentales. El acuerdo no se puede reducir, como lo pretende el gobierno, a que las FARC se desmovilicen como organización guerrillera y dejen las armas, haciendo de lado las reformas sociales y políticas que se requieren. Las causas del conflicto estriban en la inexistencia de la democracia y de garantías para la izquierda en la vida política nacional, así como en una necesaria reforma agraria que modifique la crítica situación del campo colombiano. “Los valores esenciales” a los que alude De la Calle son los de mantener a toda costa el statu quo de dominación, la violencia como ejercicio del poder y las normas ventajosas para el bipartidismo y sus variantes en la acción política y electoral.

En este contexto fue importante la reunión del Secretario de Estado John Kerry, el 22 de marzo, con los voceros del Gobierno, primero y con los de las FARC, después. Fue el espaldarazo de la Casa Blanca al proceso de paz y el reconocimiento de hecho a que en Colombia existe un conflicto y al carácter político de las FARC-EP. El “infantilismo” de izquierda, que le hace el eco a la extrema derecha, no puede perder de vista el alcance de la importante reunión, al cuestionar el histórico encuentro.

Pese a que no se cumplió la fecha prevista para firmar el acuerdo, lo importante es que el proceso continúa, el diálogo sigue, la hoja de ruta contribuirá a consolidar un orden de la discusión que allane el camino a la paz estable y duradera.