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Garves
David Ravelo Crespo / Jueves 7 de abril de 2016
 

Hombre,
sencillo, humilde.
Tenía cultura general,
al hablar él enseñaba.
Escribía y ponía a pensar.
Criticaba manejo de la cosa pública,
denunciaba la corrupción y la politiquería.
Persona culta, mordaz, la gente lo quería.
Convencido que la paz pronto llegaría.
Escribir en pared su forma única.
La calle tribuna para denunciar,
el pueblo lo escuchaba.
Nunca hizo mal.
Eso fue,
Él.

Se firmaba Garves, era su seudónimo y su nombre de pila Gabriel. De familia trabajadora, vivió en el Barrio las Granjas, su padre tuvo una carpintería donde Garves trabajó desde muy niño. Cuando cumplió 18 años se fue a pagar el servicio militar. Al regresar trabajaba vendiendo comidas rápidas en la calle. Infortunadamente, como muchos de nuestros jóvenes fue una víctima del flagelo de la drogadicción. El estado lo abandonó, como protesta realizaba su crítica mordaz contra las injusticias sociales, las desigualdades, la corrupción y la politiquería. Era filósofo, politólogo, periodista, crítico, loco y humanista. La gente en Barrancabermeja lo adoraba por su espíritu jovial e irreverente. Era un ser indefenso, su arma era la escritura y la palabra. Sus mensajes quedaron plasmados en las paredes y su voz se escucha en las calles de Barrancabermeja.

Una madrugada lluviosa, mientras Garves dormía plácidamente en un andén de la calle 51 con carrera 19 del barrio Colombia de Barrancabermeja, los paramilitares sobre seguros, a mansalva y de manera cobarde lo asesinaron. Gloria eterna a la memoria del loco Garves.