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El verdugo exige luz verde para silenciar a Hollman Morris
Dick Emanuelsson / Miércoles 11 de febrero de 2009
 

Uribe quiere que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) regule “las medidas cautelares del periodista Hollman Morris, para ajustarlas al deber de protección consagrado por la Corte Constitucional”, según un comunicado emitido por la Presidencia hoy, miércoles.

Esto no es nada más que una exigencia para que el verdugo tenga acceso libre para silenciar al valiente reportero Hollman Morris. El colega es corresponsal de Radio Francia Internacional, hace trabajos para Telesur, sobre todo a través su programa Contravía pero también es conocido en Inglaterra por los reportajes que él ha hecho para la prestigiosa cadena de noticias BBC.

Según lo que informa el diario gubernamental El Tiempo, que cita el comunicado del Presidente, Morris “ha roto sus compromisos” [1] por haber realizado lo que tiene que hacer: periodismo.

La obsesión de Uribe de no permitir a cualquier costo lo más mínimo de protagonismo político de la guerrilla, lo lleva a tal extremo que comienza a arremeter contra todos aquellos que hacen su trabajo, como en el caso de los periodistas nacionales e internacionales en Colombia. Uribe no tiene problema con 95% de los periodistas locales serviles y se cuida de atacar a los corresponsales internacionales. Pero hay algunos que le irritan a tal grado que los acusa descontroladamente de hacer las tareas de la guerrilla de las FARC-EP.

Morris conoce el “ojo del huracán”: Plan Patriota

Según el gobierno, Morris, “a pesar de alegar riesgo extraordinario para su vida, se sometió a riesgo extremo, sin informar al Estado”, cuando el periodista colombiano cubrió la entrega de cuatro prisioneros de guerra el 1 de febrero. Uribe y el ministro de Defensa acusaron a Morris por haber recibido en mano las coordenadas de las FARC del lugar en donde la insurgencia iba a entregar sus prisioneros. La verdad, como el mismo Morris relató a una emisora local, es que Morris y su equipo habían ingresado a la zona donde él sospechaba que los guerrilleros iban a entregar los cuatro uniformados.

Es la misma zona en donde fuimos unas 15 personas, periodistas, políticos y activistas de derechos humanos, en diciembre del 2004 [2]. Partimos de Florencia y llegamos a Cartagena de Chairá, en el departamento de Caquetá. Como pudimos constatar, la región esta llena de guerrilla y a pesar de las 20 mil unidades de la contraguerrilla, la Armada y las armadas de helicópteros Black Hawk y aviones de guerra, pues ahí está la guerrilla que controla toda esa extensa región con excepción de algunos puntos como Peña Blanca, Remolinos del Caguán y uno u otro retén por el río. Los 15, entre ellos estaba también Morris y su equipo más un corresponsal de El Tiempo, pudimos constatar que el comandante del puesto del abandonado Peña Blanca, el capitán Carlos Álvarez, nos comentaba que cada noche la guerrilla le disparaba al puesto del otro lado del río. Pudimos constatar que no existía un solo habitante en el pueblo que, durante el control de la guerrilla de las FARC-EP, tenía más o menos 1.500 habitantes. Esta zona es el “ojo del huracán”, o mejor dicho: el centro del Plan Patriota, la operación militar más grande del conflicto social y armado de Colombia, dirigido y dibujado por los mejores asesores militares estadounidenses.

Dos retenes del Ejército y dos de las FARC-EP

¿Qué pasó durante las cinco horas del trayecto al municipio de Remolinos del Caguán (no equivocarse con San Vicente de Caguán, en donde fueron las negociaciones de paz 1999-2002), en donde se realizó una cumbre de 1.500 campesinos que denunciaron a las FF.MM. por violar los derechos humanos flagrantemente en esta región?

Pues durante el viaje por el río Caguán pasamos por cuatro retenes fluviales en donde el Ejército nos paraba dos veces y la guerrilla dos veces. Antes de llegar a Remolinos del Caguán, nos “invitó” al corregimiento el comandante Mosquera, quien el 1 de febrero de 2009 también estuvo presente en la entrega de los cuatro prisioneros de guerra a Piedad Córdoba. Nos explicó sobre la situación de la guerra, que esta guerra es una guerra principalmente contra la insurgencia y al campesinado.

Oficial violó derecho sagrado de periodismo

En el regreso pasamos por los mismos retenes y cuando llegamos al último, el mayor Espitia, el jefe del retén al frente del muelle de Cartagena del Chairá, exige a la practicante de periodismo de la Universidad Cooperativa en Bogotá, Diana Rojas, de 18 años, que entregue toda su filmación de video durante dos días en Remolinos del Caguán, que contenía innumerables denuncias de los campesinos contra los militares. Protestamos y le dijimos, el corresponsal Álvaro Angarita del semanario Voz y yo, que “usted está violando el derecho sagrado del periodismo, cuyos convenios internacionales el gobierno colombiano ha ratificado y que significa que no se pueden revocar las fuentes periodísticas” .

“Estamos en guerra”, se defendía Juan Carlos Castillo, cabo segundo, justificando su actuación de la revisión de todo el material periodístico. Angarita subrayó que estaban cometiendo un grave error, violando el artículo 57 de la misma Constitución colombiana, artículo que también Morris ponía ante los militares el 1 de febrero cuando fue retenido durante siete horas por el Ejército. Ante la presencia de un corresponsal internacional, el mayor no tenía otro remedio que soltar a la joven periodista que, llorando y asustada, dejó el retén del Ejército.

“¿Y dónde están Hollman Morris y sus dos acompañantes?”

Llegamos a Cartagena del Chairá y fuimos recibidos otra vez por los militares que no querían que regresáramos ese día a Florencia, capital de Caquetá. Comenzaron a chequear otra vez las cédulas y de repente nos preguntó un capitán de la Policía, casi gritando: “¿Y donde están Hollman Morris y sus dos acompañantes?”. Más tarde escribí en mi reportaje: “Nos tienen chequeados hasta el último colega”.

Pero a mí me tocó otro abuso, porque llegando al municipio de Paujil ese día, un retén de la contraguerrilla nos ordenó bajar con todo el equipaje y con la cédula en la mano. “Usted, ¿cómo se llama?”, me preguntó un tipo grandote. Le mostré la cédula y me dice: “Venga conmigo, la Brigada nos ha comunicado”. “¿Sobre qué?”, le pregunté. “No sé, que se va a presentar no más en el Comando acá”, y da la conversación por clausurada.

Un minuto más tarde apareció un oficial que me saludó y sólo preguntaba si era periodista. Fue una “minidetención”, pero nada, sólo quería “verme” y que la Brigada les había comunicado. Pero no dijeron por qué. Así funciona la “protección del Estado” a los periodistas.

“Permisivos cómplices del terrorismo”

¿Qué quiero decir con este relato?

Que Hollman Morris no necesita protegerse por la guerrilla, sino del otro lado. Las mismas declaraciones del mandatario confirman eso.

Uribe dijo el 3 de febrero que Botero y Morris “se escudan en su condición de periodistas para ser permisivos cómplices del terrorismo”. Ataca cínicamente a Morris hoy, 11 de febrero, de que “a pesar de alegar riesgo extraordinario para su vida, se sometió a riesgo extremo, sin informar al Estado”.

¿Informar a quienes buscan matarlo y cuyo máximo jefe, el presidente de la República, lo tilda de “guerrillero” sin pensar en las consecuencias físicas para el periodista que ha hecho reportajes durante los últimos 15 años como nadie en Colombia, visitando cada rincón de los 1,25 millones de kilómetros cuadrados, transmitiendo la realidad de un terrorismo de estado que ha declarado la guerra a su propio pueblo?

¿”Telefarc”?

Hollman Morris no es un bobo, sabe muy bien quién quiere silenciar ese tipo de reportajes que casi semanalmente salen a la luz pública a través el canal de televisión Telesur, ahora rebautizado por Uribe como “Telefarc”. Ni siquiera las agencias continentales se escapan de ser estigmatizadas por el jefe de “la Casa de Nari” en Bogotá.

El señor Uribe no solamente ataca a Hollman Morris sino también a Jorge Enrique Botero por haber desenmascarado a los planes siniestros de Uribe & Santos de provocar a la guerrilla para abortar la entrega de los cuatro prisioneros de guerra y así culparla por el fracaso de la operación encabezada por Piedad Córdoba. Esa es la conclusión que 99% de los periodistas serios hacemos hoy. Si no fuera por Botero & Morris y la insistencia de Córdoba para convencer a los comandantes de las FARC-EP de no dejarse provocar, estoy seguro que los cuatro uniformados, Alan Jara y Sigifredo López habrían pasado varios años más en la selva.

Lo imperdonable de Morris es que no haber avisado a Uribe en un papel autenticado al DAS, la policía política secreta que está bajo el mando directo de Uribe, con el texto:

“Ahora me voy para la selva para filmar la entrega de las FARC-EP. Me quedaré en las cercanías de Cartagena del Chairá en donde voy a avisar mi llegada al comandante del Batallón 22 de la Contraguerrilla y el jefe local del DAS. Tengo una semana para encontrar a la guerrilla en las trochas que espero me permitan filmar la entrega. Cordialmente, Hollman Morris”.

Habla el otro Santos, presidente de la SIP

Como si este espectáculo en el más alto nivel fuera poco, el director de El Tiempo hasta pocos meses, Enrique Santos Calderón, hermano y primo de Francisco y Juan Manuel Santos, vicepresidente y mindefensa respectivamente, no tenía otro remedio sino criticar suavemente a Uribe por las declaraciones que catalogan como “desmedidas”. Santos Calderón ahora dirige la siniestra SIP (Sociedad Interamericana de Prensa), es decir, los dueños y los magnates de los grandes medios del continente americano, conocidos por su anticomunismo, su odio de clase hacia Cuba, Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua y, por supuesto, por ser unos explotadores de sus propios periodistas.

Santos Calderón ahora es el presidente de la SIP y un comunicado [3] emitido hoy, dice en su propio diario, El Tiempo, que “las fallas profesionales en que haya incurrido Morris en ningún caso justifican los desmedidos calificativos del Gobierno” y que mas allá de la conducta periodística de Morris se ha incentivado “un necesario debate entre los profesionales y la sociedad sobre el papel del periodismo en temas y contextos sensibles”.

¡Así habla un perro ante el patrón! Que Morris haya fallado en su profesión es un aval y respaldo a la acusación de Uribe & Santos contra Morris. Él estaba en el lugar exacto para la chiva. Eso no le importa a Uribe & Santos tanto, si no fuera por el hecho de que Morris y Botero salvaron la operación de la entrega de los cuatro prisioneros de guerra y que Morris y Botero, ante un mundo entero que seguía minuto por minuto la operación, desnudaba al régimen de Uribe por ser un régimen de guerra que no quería el éxito de la operación.

¿Quiere el señor Santos Calderón “un necesario debate entre los profesionales y la sociedad sobre el papel del periodismo en temas y contextos sensibles”? Pues podría comenzar con la revista Semana (cuya dueña en parte es la familia Santos) y su total falta de ética y guerra contra gente civiles que son víctimas por las sindicaciones peligrosísimas que hace esa revista.

Semana: Socialistas noruegos son guerrilleros

En su primer numero del año, el 4 de enero, la revista repitió sus acusaciones del año pasado contra la Juventud Socialista de Noruega (SU), la organización juvenil del Partido Socialista que es parte del gobierno noruego. En su texto “El mundo de las FARC” [4] dice que “Semana indagó qué ha pasado con él (el supuesto computador de Raúl Reyes) y halló nuevas revelaciones y sus sorprendentes efectos en cerca de 30 países a los que llegaron los tentáculos de la guerrilla”.

Y bajo el subtitulo “Noruega” acusa:

“Varios correos demostraron los lazos entre las FARC y una organización conocida como Juventud Socialista Noruega (SU, por su sigla noruega). Varios de sus integrantes viajaron a Colombia a recibir adiestramiento político y militar en los campamentos de la guerrilla”.

Es la segunda vez que la revista Semana acusa a la SU de tener nexos con las FARC y cada vez han reclamado ellos el derecho a réplica pero ni siquiera han recibido respuesta de Semana.

Los jóvenes socialistas noruegos tienen un convenio con la JUCO (Juventud Comunista Colombiana) desde hace diez años y hay permanentemente varias personas del país nórdico en Colombia para estudios, entre las autoridades que han sido entrevistadas se encuentra la misma Vicepresidencia.

¿Qué significa eso?

Significa que la revista Semana coloca una lápida en la frente de esos muchachos, da luz verde para que los maten, ya que son tildados de “terroristas” por Semana.

¿Cuáles dos fuentes o derecho a réplica?

Entrevisté a uno de los tres que han llegado a Bogotá para rechazar personalmente las acusaciones de Semana. Después de la entrevista llamé siete veces a Semana, presenté mi solicitud a varias personas de la redacción de Semana, entre ellas Mauricio Sáenz, editor de Mundo, responsable por la publicación del texto. Y sólo decía:

- Bueno mire, el artículo fue escrito por uno de los periodistas (José Monsalve, nota del redactor), ¿si quiere puede llamarlo a él?

- No, yo quiero hablar contigo como responsable de la revista, porque corren peligro si ustedes publican semejante denuncia contra ellos, que ellos prácticamente son “terroristas” que reciben entrenamiento en los campamentos de la guerrilla. Hace un año enviaron ellos un correo electrónico a Semana, ¿de dónde sacan ustedes. . .?

- Como usted sabe perfectamente, nosotros hacemos reserva de nuestras fuentes. Y si usted quiere, nos puede mandar de nuevo una carta y con mucho gusto la contestamos.

­- ¿Pero cual es tu comentario de esto? Porque siempre dice lo mismo: “Envía una carta”, que nunca contestan?

- Es la respuesta que le puedo dar.

- ¿Y la carta de hace un año?

- Es la respuesta que le puedo dar, señor Emanuelsson, no le puedo dar más.

­- ¿Por qué no les da el derecho a réplica?

- Le ruego que me de por escrito y aquí le contestaremos.

­- Ellos están en Bogotá y preguntan si pueden tener una entrevista con usted allá en la redacción de Semana. Yo le puedo pasar ese enlace si quiere.

- Mándeme una carta por favor y. . . por escrito.

La fuente de Semana: La inteligencia militar

Y así funciona la ética de la revista Semana & Santos. Acusan con base en un computador que ha sido cuestionado, no solamente por un mundo entero, sino por la misma Interpol que encontró 38 mil modificaciones en los discos duros entre el 1 y el 3 de marzo del 2008, tres días cuando los supuestos laptops estaban en el poder de la fuente de la revista Semana: la inteligencia militar.

Para Mauricio Sáenz y los dueños de Semana no les importa nada si unos jóvenes extranjeros son asesinados. No les importa hacer lo que todos los periodistas tienen que hacer, es decir, dar el derecho a la persona sindicada o acusada para que pueda dar su versión sobre el tema y la acusación, como en el caso de los noruegos. De no hacerlo, puede destruir la vida o ser asesinada, lo que es orden del día en Colombia.

No creo que los periodistas de Semana sean perezosos o cómodos, que no sean capaces de hacer una llamada o dirigirse a la persona a quien están poniendo una etiqueta de “terrorista”. También sé que así no tratan a su presidente, no se atreven a ignorar a los uribistas y ni hablar de los generales. Pero la revista así trata a personas inocentes y desarmadas hasta que sean comprobadas su culpabilidad.

La cobardía de Semana

Lo que muestra y representa la revista Semana es una cobardía y prostitución extraordinaria, porque si no son capaces de defender su publicación y dar un comentario porque no enfrenta y confronta a la persona o la organización acusada, o porque tiene miedo de sentarse con tres jóvenes que han viajado del otro lado del planeta para limpiar su honra manchada por Semana, pues no podemos ver la revista Semana como más que un simple medio del terrorismo mediático, un medio al servicio de la inteligencia militar y de la guerra del régimen de Uribe.

Por supuesto, ningún reportero de Semana estaba en el lugar de los hechos el 1 de febrero junto a Hollman y Botero.