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El “cambio”: el marketing de la política
A propósito de las campañas electorales en Argentina
Colectivo La Trocha / Domingo 24 de abril de 2016
 

En las elecciones a la presidencia, la campaña de Mauricio Macri en Argentina, sostenía dos eslóganes que llamaban la atención de los votantes: el primero de ellos el lema del “cambio”, el segundo la idea de que él no pertenecía a los partidos tradicionales. Tuvo mayor encanto entre varios segmentos sociales el discurso del “cambio”, sin embargo la idea de la no pertenencia a un partido tradicional también tuvo amplia acogida.

Estos dos eslóganes para campañas presidenciales, han sido muy bien preparados entre especialistas en psicología y marketing para ganar el apoyo de la gente. Ergo, ambos eslóganes tienen la virtud de ser una fórmula que no tiene contenido, sólo superficialidad. En el fondo -que es a donde debe ir la discusión y la práctica política- no existe cambio ni novedad de los candidatos adscritos al orden internacional capitalista (neoliberalismo).

En primer lugar la propaganda de las ‘caras nuevas’ gana adeptos entre las personas. Se cree que se si no pertenece a un partido tradicional, éste es el mejor medidor para asegurar que es un candidato honesto. El neoliberalismo, con su discurso de acabar con el Estado, ha comenzado a generar la bancarrota de la política. Y son precisamente los candidatos del “cambio” y la “novedad” los que hunden aún más en la ignorancia a las personas y los que destrozan la política.

Las personas ya no se preguntan qué piensa hacer, cuál es la visión política, cuál es el planteamiento económico, cultural y social del candidato. Nadie se preguntó en Argentina sobre la política de Macri, abiertamente centrada en el libre mercado ¿Acaso los Argentinos se preguntaron qué es el libre mercado? Muchos simplemente repetían las frases muy bien introducidas por la prensa, y formuladas por expertos en psicología de masas y marketing: el “cambio”, ‘caras nuevas’, luchar contra la inseguridad, la corrupción, por la democracia. Frases que tienen la habilidad de llamar la atención de la gente pero que no representan ninguna novedad.

Sencillamente la política, el pensamiento y la práctica política –por obra del neoliberalismo- ha entrado en la etapa de la superficialidad, la charlatanería y el desencanto. A los neoliberales les sirve que la gente se desencante de la política, que la gente la aborrezca, para ellos seguir dejando caminar libremente al mercado (esencialmente el de las corporaciones y el sistema financiero) y luego llegar con la propaganda del “cambio” y la “novedad” -y las ‘caras nuevas’-.

El neoliberalismo, y sus adeptos, siempre centran sus acciones en lo superficial, nunca van a lo concreto, sólo llegan a los gobiernos con promesas de “cambio” y “renovación”. Sin embargo este modelo es semejante al librecambismo del siglo XIX. El “cambio” que se plantea es permitir que se venda Coca-cola en el colegio, donde antes se vendía jugo de naranja. El “cambio” es echar maquillaje a las imágenes de miseria y pobreza que pululan en sus países, tal como sucede actualmente en Estados unidos donde las películas de Hollywood muestran un mundo de maravillas y fantasías, pero la verdad es que hay 50 millones de personas en situación de pobreza extrema. Estados Unidos es el principal actor en la destrucción del pensamiento político, ya que como un Estado plutocrático (según un estudio de la Universidad de Princenton), no le interesa que los Estados-nacionales se fortalezcan, sino que su mercados estén abiertos a las corporaciones económicas y financieras.

Los neoliberales quieren que el Estado no interfiera en la economía para que este papel lo desempeñen los grupos económicos. El ejemplo evidente es el Grupo Carso de Carlos Slim que controla escuelas, centros recreacionales, avenidas, clubes, centros de comercio y un sin número de negocios: el neoliberalismo es la política de reemplazar los Estados por los grupos económicos que, en todo caso, no respetarán los derechos fundamentales. Estos grupos económicos funcionan como verdaderos gobiernos, ya que hacen todo tipo de actividades y actos, generan eventos en los que se invierte dinero para caridad u otras cuestiones. Con los grupos económicos no hay derechos que valga.

Argentina lentamente transitará el sendero de un Estado insostenible políticamente y sometido al arbitraje del mercado, por absoluta voluntad del gobierno de Macri. La imagen evidente del rumbo que tomará Argentina es: el Fondo Monetario Internacional, junto al Banco Mundial y los grupos económicos, buscarán invertir en la deuda pública, comprar empresas de salud, educación, cultura, deporte, recreación, carreteras, servicios, explotaciones energéticas… Luego se le dirá a la gente que tienen que trabajar fuerte; que todo consiste en "ganarse la vida", así la gente tendrá que trabajar 12, 14 o 16 horas al día, porque lentamente la productiva del trabajador se verá truncada por el aumento de la inflación y el deterioro del poder adquisitivo. Y finalmente movilizaciones todos los días en donde la gente muestra su descontento.

Precisamente es lo que sucede ahora. Los políticos neoliberales también incluyen dentro de su propaganda de marketing político el lema de la reconciliación (ellos aseguran que los grupos de izquierda incentivan la división social). Macri por otro lado, con el lema de la “reconciliación”, logró llamar la atención de más de uno, pero las ciudades argentinas ya se convirtieron en campos de batalla. Las huelgas y las protestas son el resultado de las políticas contra el pueblo. El “cambio” es precisamente la lucha contra el pueblo trabajador y campesino por parte de las corporaciones económicas y financieras (lucha de clases).

No hay que seguir creyendo que el “cambio” y la “renovación” son políticas trasversales en la actualidad. Hay que romper con la estigmatización de las discusiones políticas y abrir los ojos bien para escanear a aquellos políticos neoliberales que con la idea del “cambio” llevan al pueblo a un estado de conflicto permanente, explotación y opresión.