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Nuevo gabinete: maniobra cosmética
Partido Comunista Colombiano / Jueves 28 de abril de 2016
 

No hay evidencia ninguna de que el nuevo gabinete ministerial implique un replanteamiento de la orientación política, económica y social del gobierno Santos, ni de que facilite la implementación de los acuerdos a concluir con las insurgencias.

Lo que está en disputa es el alcance democrático del proceso de paz, la voluntad política de acompañarlo con cambios impostergables de justicia social que el gobierno y la clase dominante niegan. En 2014 la izquierda votó la reelección sin pedir pagos, zanjando su postura en favor de la paz y en contra de la política agresiva hacia los derechos de las mayorías. Una cosa fue apoyar a Santos en segunda vuelta, para cerrarle el paso al uribismo y garantizar la continuidad de los diálogos, y otra participar de manera directa en el Gobierno Nacional; lo que supone identidad con su programa. Entre otros proyectos están en camino las reformas tributaria y pensional, la implementación de las Zidres, nuevas privatizaciones y alzas de tarifas, mayor carestía y desempleo, locomotora minero-energética que sigue poniendo en riesgo el patrimonio ambiental y cultural, además mayor tercerización laboral con el Decreto 583/16, “regalo” del ex Ministro de Trabajo Luis Eduardo Garzón.

Como lo ha demostrado la historia de los ministros "obreros" que han desfilado por la cartera del Trabajo, su labor ha consistido en ejecutar la política neoliberal y en contener la acción del movimiento de trabajadores. Y esta ocasión no va a ser la excepción, por más que se consideren las calidades humanas y políticas de la nueva funcionaria ministerial.

Este gabinete anunciado no es un pacto de transición para la paz, pues no se basa en acuerdos programáticos mínimos con colectividades políticas y sociales, que implique una cambio real de la orientación; sino más bien un maquillaje para remozar un gobierno que intenta descargar en el pueblo el costo de sus dificultades en el terreno económico, social y político. El proceso de paz con las Farc-EP, ahora ampliado al ELN, no es un regalo de Santos sino una profunda necesidad del país. Su conclusión, implementación, refrendación y verificación requiere mucho más que apariencias cosméticas que ocultan la realidad de un poder excluyente y ventajista que no termina de desprenderse de su estrategia paramilitar, ni renuncia a su feroz corrupción, ni a las directrices de explotación territorial y laboral de los organismos multilaterales. La izquierda que lucha por la paz es la oposición y la alternativa al régimen. Su unidad es fundamental alrededor del programa democrático de cambios para que la paz no se reduzca al fin de los tiros y al continuismo de la desigualdad y de los privilegios.

Hay que salvar la paz de las garras de un régimen que la quiere vaciar de todo contenido de justicia social. La unidad de las fuerzas democráticas y populares exige oponerse a la gula minero-energética, a la tercerización laboral, a la mercantilización de la educación, a la corrupción desbordante, entre tantos males que representa el gobierno Santos. La unidad de los que luchan por la paz se recoge en la voz de la legítima inconformidad popular que crece en sus encuentros unitarios, en la protesta agraria, indígena y sindical en la preparación y en la masiva movilización del próximo 1º de mayo por la justicia social para la paz.

Comité Ejecutivo Partido Comunista Colombiano
Bogotá, abril 25 de 2016