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Viaje a Río Mina: tierra de paz
Comunidades de Cauca y Valle de Cauca discuten en torno a la paz
Oscar Mesa Martínez / Martes 24 de mayo de 2016
 

Recientemente tuve la oportunidad de realizar un viaje a las montañas de la región del Naya, hasta llegar a un caserío del municipio Buenos Aires, Cauca, llamado “Río Mina”. Cuando vi el caserío no podía dejar de pensar que era un lugar fundado como Macondo: por hombres y mujeres que decidieron irse a la sierra y soñar en medio del camino, que despiertos, detuvieron la caravana, hicieron un claro en la selva y tomaron la determinación de habitar ahí.

Participé asimismo en el “Tercer seminario por la paz, minería, medio ambiente y territorio” y realicé algunas entrevistas a líderes comunitarios, sociales e indígenas de la zona y a una comisión de representantes de las Farc-EP, invitados por la comunidad para participar en el evento. Esta delegación de las Farc presentó sus saludos y planteó la posición de esta guerrilla frente al evento, socializaron también los acuerdos de la Mesa de La Habana y además resolvieron dudas de la comunidad. Una guerrillera de las Farc, Amanda Ríos, señaló:

“particularmente en la región del Naya hay una preocupación que manifiestan muchos, y dicen: ’bueno, ¿qué va a pasar cuando las Farc hagan dejación de las armas y qué va a pasar con nosotros?’. Hay cierto temor por parte de una incursión paramilitar. Y en eso, el Estado debe brindar todas las garantías de seguridad posibles para que las comunidades puedan seguir allí haciendo el ejercicio de la participación política sin que teman por su vida” [1].

El objetivo de mi viaje, desde Medellín, era realizar una nota para la Agencia Prensa Rural sobre el evento y lograr una entrevista con las Farc: conocer sus opiniones frente al evento, la situación actual de los diálogos y las perspectivas de su organización política. Por estas razones realicé un listado de preguntas y usé un “diario de campo” como metodologías del ejercicio.

El evento fue masivo. A pesar de las dificultades para acceder hasta allí, por la ausencia de vías de acceso, llegaron al evento comunidades y delegaciones de otras veredas, algunas muy lejanas, gentes de otros pueblos y ciudades, que se reunieron para discutir y construir territorios de paz.

La región del Naya es un territorio en lo profundo de las selvas caucanas y vallecaucanas. Allí aquello de que el territorio es fundamentalmente una cuestión social y cultural, resulta evidente. Las fronteras administrativas entre uno y otro departamento no son reconocidas por la comunidad, para quienes la Región es generadora de otros órdenes distintos a los meramente establecidos en los “mapas catastrales” que no coinciden con la cartografía social de las comunidades en el territorio.

El Naya es comúnmente conocido por informaciones del conflicto armado; resuena el tema de “la masacre del Naya en 2001”. También es conocida como una zona cocalera y con presencia de las Farc. Después de conocerlo, de hablar con sus habitantes, sus gentes, y de participar en el evento escuchando las voces de la comunidad; puedo decir con toda seguridad que estas visiones violentas presentan una mirada de la realidad muy corta. Ni toda su comunidad es guerrillera, ni todos son narcos. La coca se siembra porque “aquí no hay más de qué vivir”, señala un campesino entrevistado. “La coca, si bien es un negocio, allí tiene un carácter de subsistencia”, apunta el líder campesino Hernán Polanco:

... “hay que tener en cuenta que es a lo único que nos empujó el Estado al dejarnos abandonados con este tema, con este abandono total en el que nos tiene, pues siempre seguiremos sumergidos en eso; y no es, no es un problema delincuencial, ni de narcotráfico ni de guerrilla: es un problema social al cual hoy en estos eventos le estamos brindando y buscando salidas a esta problemática. Teniendo en cuenta que los cultivos de coca, para que el gobierno nacional los pueda erradicar, tiene que ser con unas estrategias o medidas concertadas con la comunidad de erradicar voluntariamente, y también que se tenga en cuenta primero la inversión social en el territorio. Mientras eso no suceda, nosotros no estaríamos en posición de dejarnos erradicar ni una sola mata de coca porque todas las comunidades están organizadas y están dispuestas a luchar por defender, la comida, la tierra y seguir adelante con lo que tenemos para poder subsistir” [2].

A pesar de que existe una presencia de las Farc también existen comunidades que, independientemente de su organización política, trabajan en favor de la paz. Ya nos señalaba la profesora María Teresa Uribe, no recuerdo dónde, que “en territorios con presencia de órdenes de facto nunca podrá existir un control absoluto del actor armado”. Aquí las comunidades también resisten. Aunque se debe reconocer que para la comunidad, o para una parte de ésta, mal que bien las Farc han ayudado a ordenar la vida social, política, económica y militar del territorio: “aquí no hay Estado pero hay ley”. Existen otros órdenes, unos creados por las Farc -no se permiten “sapos”, ni colaboradores del Ejército-, pero también otros establecidos en el seno de la comunidad -como mantener los bares o cantinas abiertos en semana sólo hasta las 2:00 a.m. sopena de una sanción-. Allí, como señalaba un líder comunitario de la zona, “las Farc han ayudado a ordenar la vida en esta zona y ese es un mérito”. Así también lo comentó Juan Diego Restrepo en un reciente artículo “el reto del pos acuerdo es grande pues las Farc en muchos territorios obra como Estado” [3].

Las Farc no son una simple banda de ladrones o criminales, son fundamentalmente una organización político-militar. Al respecto, la comandante Mireya Andrade de las Farc señalaba que “no nos desmovilizamos, nos movilizamos políticamente, eso significa que precisamente nos vamos a unir, no nos vamos a aislar, vamos a hacer un grupo de trabajo con todas las unidades para continuar las tareas políticas; ese es el deseo: la diferencia. Por eso es la diferencia en el DDR … Nosotros, primero, siempre hemos estado informados de lo que sucede en La Habana, en la Mesa de conversaciones de La Habana”.

También la misma guerrilla deberá llamar a su máxima instancia de dirección, la X Conferencia de las FARC. Además han discutido sobre un cambio en el nombre de su organización política. Señaló Mireya Andrade:

“Se realizó una reunión amplia, interna de la organización, en la cual se concluyó que íbamos a realizar la X Conferencia para poder lograr cambiar estatutos, reglamentos, todo lo que tiene que ver con la documentación para lo que se nos avecina, para lo que estamos esperando en el futuro; pero nosotros hemos pensado que cambiar el nombre, o yo personalmente, cambiar el nombre de las Farc, no me gustaría; pero es una decisión de todos, en síntesis”.

En otro texto apunté que “la participación política de las Farc y su transformación en movimiento y partido político es, más o menos claro, uno de los elementos centrales de ese proceso (el de la Mesa de La Habana). Sobre todo porque, como han señalado estudiosos de los procesos de paz, la inclusión en las agendas de negociación sobre temas de participación política se constituye en un indicador (presencia o ausencia) y en un factor que induce al éxito en el intento de poner fin a un conflicto armado interno" [4].

Insisto: no se trata del simple paso de una estructura armada que se desarma y desmoviliza. Como ellos mismos aseguran “se trata de movilizarnos políticamente por la paz”. ¿Cuál paz? Sin duda una paz “más allá de una paz mínima” que coincide con los planteamientos de la Plataforma Bolivariana y cuyos alcances frente a los acuerdos de La Habana, referentes a la plataforma bolivariana, tienen que ver en primer lugar con la solución política al grave conflicto que está padeciendo nuestra patria desde hace más de 50 años; ese es uno de los fundamentales. Así como la participación política y la inversión social. Otros puntos entonces han quedado para ser tratados en una Asamblea Nacional Constituyente”. Estos planteamientos, los alcanzados en la Mesa y los que quedan pendientes para la futura constituyente, representan un avance significativo en la cultura de paz en Colombia “toda vez que no sólo se plantea la dejación de armas sino también de una paz maximalista, que intenta reducir la desigualdad social, política, económica y cultural” [5].

Estos son algunos de los planteamientos recogidos en las entrevistas realizadas con la comunidad y los delegados de las Farc. Debo señalar para finalizar la calidez de las gentes del Naya. Además debo reconocer que preguntarse por las Farc, aún en un contexto de negociación como el actual, tiene sus riesgos. Muchos investigadores prefieren no tocar este tema, otros consideran que es un tema trillado; pero a pesar de ésto, otros consideramos que sobre ese tema -que se pregunte por la visión del actor- existe una reducida producción académica. Este recorrido ofrece un material empírico acuciosamente levantado y sistematizado sobre la opinión de las Farc, la voz del actor, dando razón por sí mismo mediado por una propuesta de investigación que se planteaba el objetivo de comprender qué entienden las Farc por participación política, entre otros temas, y cuyo propósito es aportar desde la academia en la comprensión de la “personalidad y el carácter político” de las Farc para que sirva a la propuesta de una salida política al conflicto social y armado que vive el país.

[1Entrevista Amanda Ríos, Mireya Andrade y Alonso González. Oscar Mesa. 2016.

[5Valencia Agudelo, German. La paz que plantea las Farc. Periódico Alma Mater. N° 651, Universidad de Antioquia. Medellín, Marzo de 2016