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Venezuela
La alpargata que quita el hambre
Agencia Prensa Rural / Viernes 15 de julio de 2016
 

Muchas son las historias que difunden los medios de comunicación a nivel internacional sobre las dificultades que vive el pueblo venezolano por cuenta del tema alimenticio. El gobierno bolivariano enfrenta una lucha económica sin cuartel. Los grandes emporios económicos pretender arrasar con la moral de los venezolanos en donde más les duele: con el acaparamiento de productos que después son redistribuidos a través de una larga cadena -en la que cada uno quiere su propio beneficio- con altos precios, inalcanzables para las clases más bajas.

Es cierto, y tampoco se puede pretender tapar el sol con una mano, que dentro de la estructura gubernamental también existen varios funcionarios corruptos que se benefician del acaparamiento y especulación con los precios, o “bachaqueo” como le dicen en Venezuela. Se trata de burócratas que anteponen el lucro económico por sobre el beneficio de sus comunidades. Los productos primarios son pocos por el acaparamiento, desencadenando también que se prioricen ciertos alimentos procesados dada la escasez de materia prima. Un ejemplo ilustrativo se presenta en las panaderías: prefieren utilizar la costosa harina para hornear panes dulces (con panela -papelón- y queso, frutas, entre otros) en lugar de panes simples, pues su precio es más elevado y por ende la ganancia es mayor.

Sin embargo, los medios de comunicación difunden “aquellas largas filas que deben hacer los venezolanos para comprar un rollo de papel higiénico”; esos mismos medios ocultan las alternativas comunitarias con las que se le está haciendo frente a la crisis. Desde movimientos sociales que se oponen al uso de transgénicos y le apuestan a la conservación de semillas y la agricultura en huertas comunitarias urbanas, hasta mercados comunitarios en los que varias familias se ponen en contacto directamente con los productores campesinos para traer a sus comunidades frutas y vegetales que luego son distribuidos entre los participantes. Esta última actividad se conoce con el nombre de alpargata solidaria.

Se trata de una forma de economía solidaria en la que todos aportan parte de su trabajo según las capacidades de cada quien: descargar los bultos de alimentos del camión, hacer una cadena humana para ponerlos en su sitio, acomodar las bolsas donde se guardará el mercado, pesar o medir las porciones que le corresponden a cada familia; en fin todos pueden aportar para hacer de la ardua tarea una actividad más amena.

Al final de la jornada más de 100 familias pueden regresar a sus hogares, no sólo con un bulto de mercado saludable y económico -casi a la mitad del precio que costarían los mismos productos en una plaza de mercado con los precios de la especulación- sino además con la convicción de que a pesar de los errores que tiene el gobierno bolivariano en algunas de sus políticas, la realidad frente a la escasez de alimentos y los altos precios de los productos no es culpa de Nicolás Maduro. Entre conversación y conversación al calor de un café, los venezolanos van tomando conciencia de que los medios masivos de comunicación no siempre difunden la verdad y de que con pequeñas acciones como la alpargata solidaria pueden hacer que su país haga parte del buen vivir.