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Mirador
La seguridad
Carlos A. Lozano Guillén / Miércoles 25 de febrero de 2009
 

El concepto de “seguridad” en las sociedades modernas, aún con todas las lacras del capitalismo, incorpora varios elementos, que tienen que ver con la “seguridad ciudadana”, la “seguridad urbana” e inclusive la “seguridad democrática”, aunque bien entendida en su estricto sentido semántico y no uribista. Es, sin duda, uno de los desafíos políticos en cualquier proyecto de transformación democrática y social en el siglo XXI. Nada tiene que ver con la “seguridad democrática” de Uribe Vélez, que descansa en la guerra y en la represión. Tal interpretación es anacrónica, totalitaria y hasta fascistoide.

En las sociedades modernas involucra otros conceptos, como los de paz, tranquilidad urbana y rural, tolerancia, participación ciudadana y, además, un conjunto de derechos sociales (seguridad alimentaria, seguridad social plena, trabajo, buen trato y asistencia del Estado, seguridad ambiental, condiciones dignas de vida y reconocimiento humanitario, entre otros), es el derecho a ser “reconocido como ciudadano” (“citoyen”), según la Revolución Francesa. La “seguridad” no se logra a bala como lo cree el gobierno uribista.

Inclusive, si bien es cierto que el concepto de seguridad incorpora la necesidad del monopolio de las armas por parte del Estado, cuando éste es democrático y social, en contraste su esencia radica en un estado desmilitarizado y en que, además, por ejemplo, la Policía Nacional debe ser un cuerpo civil de prevención del delito y de solución pacífica de las disputas entre ciudadanos, cualquiera que sea su entorno. No cabe la menor duda que la “seguridad ciudadana”, la “seguridad democrática” o la “seguridad urbana o rural” son conceptos aplicables a regímenes democráticos y de reconocida participación ciudadana.

En este contexto, se equivocan quienes creen que en “Colombia hemos avanzado en seguridad en los últimos años”, partiendo de la falsa premisa pequeño burguesa de que “se puede viajar de manera libre por las carreteras sin los retenes de la guerrilla o de los paracos” o de la manipulación publicitaria del régimen que quiere convencer al país y al mundo de que bajaron las tasas de homicidios, secuestros y de la guerra sucia contra la izquierda y los sindicalistas. Mientras el presidente de la CGT dice que bajaron los asesinatos de los sindicalistas en el último año, el presidente de la CUT, Tarcisio Mora, asegura, que “así se incomode el Presidente, hay que decirle la verdad sobre la situación de los sindicalistas”. Entre tanto, varias ONG reconocen el incremento de la desaparición forzada en los últimos seis años, seguramente asociado a los “falsos positivos”. Tampoco se puede hablar de seguridad alimentaria, de equilibrio social o de mejores condiciones de vida, cada vez más distantes de los trabajadores y del pueblo colombiano.