Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

Columna de opinión
La juventud rural en los Acuerdos de La Habana
Cristian Hurtado / Sábado 10 de septiembre de 2016
 

2.6 millones de jóvenes entre los 14 y 29 años viven en zonas rurales del país [1], con un 43.1% de mujeres jóvenes y un 56.8% de hombres jóvenes. Las presentes notas buscan enfocar las oportunidades que abre el acuerdo de Política de Desarrollo Agrario Integral para nosotros, en clave de identificar lo que debemos defender, profundizar, o incorporar de cara a una Asamblea Nacional Constituyente. El objetivo es abrir un debate, mediante un ejercicio que pretende ampliarse a cada punto acordado en La Habana. La intención no es fragmentar los acuerdos sino perfilar, de cara a la pedagogía y futura disputa por la implementación, aquello específico para el movimiento juvenil.

Elementos centrales del acuerdo agrario: La búsqueda de formalización y democratización progresiva de la propiedad sobre la tierra; la concepción integral, más allá del acceso a tierra, que el acuerdo proyecta para la transformación del campo; el papel especial que se da a las economías familiares, campesinas y comunitarias como base socio cultural del desarrollo agrario integral; el enfoque de género, transversal y diferencial a los puntos acordados; y la preocupación por la participación comunitaria mediante espacios de incidencia, planeación, implementación y seguimiento al desarrollo de la Política. Estos aspectos, además de oportunidades, deben ser leídos como retos para el campo juvenil, que debe ganar en éstos su lugar e incidencia, propuestas en clave de sus expectativas.

Primera oportunidad: la formalización de la propiedad agraria. No existen datos al respecto para la población joven del campo colombiano. Sin embargo, los estudios de corte descriptivo indican que la gestión y propiedad de la tierra en el campo son asumidos mayoritariamente por hombres, y de ellos, por adultos. Temas como la sucesión y la imposibilidad de propiedad para menores de 18 años, y las condiciones de concentración de tierras sufrida por el campesinado, sugieren que la juventud rural es excluida del acceso efectivo y propiedad sobre la tierra. Con ello, como veremos adelante, la precarización laboral para la juventud se agudiza, y la estructura agraria promueve la migración campo ciudad, con mayor impacto para los jóvenes. Situación más acusada para las mujeres jóvenes, dada la masculinización del campo colombiano.

Al respecto el acuerdo de La Habana establece medidas de acceso a la tierra, que implican para la juventud ganar un lugar apelando al principio de priorización definido en el mismo de cara a los mecanismos de acceso a la tierra: fondo de tierras, subsidio integral, crédito especial. Estos mecanismos se construyen con participación de las comunidades de cara a la asignación de beneficiarios, y nos corresponde ganar un lugar como jóvenes en los mismos.

Especial atención merece la declaratoria de inembargables durante siete años las tierras a las que se accede mediante estos mecanismos; pues estos mecanismos blindan dichas tierras de someterse al mercado y con ello, de cara a la sucesión, proyectan acceso a tierras para la juventud. Este aspecto, y la promoción de formas comunitarias, economías solidarias y el cooperativismo, ponen de presente que los acuerdos de La Habana abren una puerta a la juventud para acceder a la tierra; siempre y cuando exista como sujeto social y político activo, propositivo y deliberante en la implementación. Se trata también de una labor cultural de importancia que debemos emprender como jóvenes en los territorios por nuestro reconocimiento efectivo.

Segunda Oportunidad: el cierre de la frontera agrícola. Es en nuestra opinión uno de los temas de mayor actividad juvenil en el campo. Si bien la problemática ambiental es transversal a todo el acuerdo, es en este acápite en dónde se observa más desarrollo al insistir en el necesario equilibrio entre comunidades y medio ambiente de cara al buen vivir. El acuerdo en este punto habla de la zonificación ambiental –y habrá que añadir arqueológica, patrimonial– y formulación de planes de manejo con la participación de las comunidades en su desarrollo. Apoyo a comunidades en el manejo ambiental comunitario, y reconocimiento de las Zonas de Reserva Campesina como iniciativas campesinas de buen vivir. Estos aspectos, además de que abren una disputa futura en la implementación referente a las formas comunitarias de ordenamiento y manejo territorial ante las promovidas por el Estado, ponen en disputa la definición, manejo y noción misma de territorio. Estos temas son en nuestra experiencia de gran preocupación juvenil y de escenarios de procesos organizativos de jóvenes por la defensa del territorio, los bienes comunes y las comunidades, identidades e historias allí construidas. Estas iniciativas juveniles requieren además, de cara a puntos posteriores, revisar a fondo el acceso a educación de calidad para la juventud rural, dada la necesaria y legítima exigencia de profesionalizar y refinar los ejercicios juveniles y comunitarios de defensa medioambiental. Se pone en perspectiva una disputa abierta por la Cumbre Agraria: el reconocimiento de formas populares y comunitarias de ordenamiento y manejo territorial.

Tercera Oportunidad: programas de desarrollo con enfoque territorial. Estos planes buscan la transformación del campo, atendiendo un enfoque de género, edad y contexto socio cultural, ejes que han sido de exclusión en el campo, sumados a los de clase. Dentro del paquete de medidas y planes allí señalados podemos resaltar en clave juvenil los siguientes:

Superación de la pobreza en el campo: La cual refleja la desigualdad con respecto a la ciudad. Ello no implica que las ciudades reflejen mejores condiciones de vida para las gentes del común, más bien demuestran que son aún peores en el mundo rural colombiano. De los jóvenes rurales entre 18 y 26 años el 35.5% viven en condición de pobreza, mientras que el 47.5% en condición de indigencia; por su parte de la población mayor de 27 años la pobreza alcanza un 36.4% y la indigencia 52.4%.

Formalización laboral rural y protección social: hace parte del paquete de medidas para el estímulo a la producción rural. Su vigencia para la juventud rural es incuestionable: el 42.2% de los jóvenes rurales ni estudian ni trabajan. Y el 61.8% de los jóvenes del campo que trabajan lo hacen en el sector agrícola, de ellos el 24.9% son mujeres, mientras que el 71.1% son hombres. La tasa general de subempleo es del 25.74%. Mientras que la informalidad laboral es del 63.5% para menores de 18 años; 38.7% entre 18 y 26 años y 50.3% para mayores de 27 años. A nivel general la informalidad en mujeres jóvenes es del 75.8%. Esta problemática se asocia a la exclusión juvenil en acceso a la tierra, la baja cobertura, calidad e infraestructura educativa, la negación de bienes públicos para la juventud. Medidas como eliminar el trabajo infantil, la garantía y acompañamiento estatal para acceder a seguridad social integral, y el seguimiento e inspección para la formalización laboral son sin duda fundamentales para la población juvenil derivados del acuerdo. Ello sumado a las garantías estatales para la asociación y defensa colectiva de nuestros derechos como jóvenes trabajadores del mundo agrario; lo cual implica fortalecer las dinámicas sindicales y con éstas las políticas juveniles de los sindicatos y organizaciones de trabajadores agrarios rurales.

El tema educativo y la asistencia técnica. La disputa por ambas caras de una misma moneda: este tema es medular en la precaria situación del mundo rural en general, y de la juventud rural en particular. Dentro del conjunto de planes nacionales para la Reforma Rural Integral se identifican temas como infraestructura: vial, de riego, eléctrica, de conectividad; salud; educación rural; vivienda; y erradicación de la pobreza. Lo anterior como parte del enfoque integral del acuerdo.

El campo educativo actual ofrece una situación frustrante para la juventud: el 9.9% de los hogares con niños, niñas y adolescentes entre los 6 y 16 años refleja inasistencia escolar; el 4.8% de dichos hogares no tiene acceso a programas ni educación para la primera infancia; los jóvenes entre los 17 y 24 años que registran no asistencia a educación son el 73.7%; el 80% no termina la secundaria, y sólo un 1% acceden a educación superior.

Los acuerdos señalan al respecto un plan de educación rural. Caracterizado por su carácter contextual a las condiciones y particularidades territoriales y proyectando la promoción al acceso a todos los niveles educativos. Especial énfasis tienen la superación del analfabetismo y la atención integral a la primera infancia.

Es acá en dónde se abre una de las más importantes disputas para la juventud en la implementación del acuerdo agrario. Nosotros, quienes hemos tenido que salir de nuestras veredas al acceder a educación superior, sabemos que nuestra última expectativa en el fin de la guerra no es otra que volver a nuestro suelo a aportar el conocimiento que tenemos en la edificación del buen vivir de nuestras familias y vecinos. Es decir que uno de los pilares del acuerdo, referente a asistencia técnica, desarrollo de infraestructura y adecuación de tierras, manejo ambiental, promoción del papel de la mujer y reconocimiento a las disidencias sexuales, defensa de nuestras culturas rurales como pilares del nuevo campo; son escenarios que requieren de la juventud rural como protagonista.

No nos basta con recibir capacitación, asistencia técnica, acompañamiento e inspección. Queremos dar la capacitación, la asistencia, diseñar con nuestras comunidades los proyectos, su implementación, ejecución y disfrutarlos colectivamente. Tenemos el reto de profundizar el acuerdo, de modo tal que el acceso a educación en todo nivel, y de calidad, incluida la educación superior para los jóvenes del campo, sean premisas del desarrollo y concreción de toda la transformación rural. La juventud se apresta a defender y transformar el campo colombiano a nivel político, cultural, y también técnico, científico, académico y profesional, es nuestra exigencia.

Decimos sí al nuevo campo. Dispuestos a transformarlo, profundizar el acuerdo, y asumir como jóvenes campesinos, afros e indígenas, el reto del nuevo tiempo. Las luchas que siguen, son las libertades que faltan.

[1Las fuentes de datos que no especificamos acá, de cara a un texto más detallado, son: Jóvenes Rurales: Mapa de actores institucionales y oportunidades en Colombia. Corporación Procasur; Censo Nacional Agropecuario; JUACO – Colombia Joven.