Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

Sí por la vida; sí por la esperanza
Desde que supimos que había contactos exploratorios en La Habana, en Viva la Ciudadanía nos dispusimos a trabajar por el fin de la guerra con las FARC, como lo hicimos con los procesos de paz de la década del 90 que llevaron a la reincorporación a la vida civil del M-19, el EPL, el PRT, el Quintín Lame y la CRS.
Antonio Madariaga Reales / Sábado 1ro de octubre de 2016
 

Cuando el pasado lunes, en Cartagena, participamos con profunda emoción en la firma oficial del Acuerdo de La Habana y mientras gozábamos del encuentro con decenas de personas con las que hemos trasegado por los caminos de la paz y la democracia para Colombia, sintiéndonos afortunados de estar allí y luego de reconocer el inmenso valor del trabajo de las delegaciones y negociadores del gobierno y las FARC-EP que les llevó a las 297 páginas que contienen el Acuerdo Final, me pregunté, ¿cómo llegamos hasta aquí y qué significa?

Recordaba que desde que supimos que había contactos exploratorios en La Habana, en Viva la Ciudadanía nos dispusimos a trabajar por el fin de la guerra con las FARC, como lo hicimos con los procesos de paz de la década del 90 que llevaron a la reincorporación a la vida civil del M-19, el EPL, el PRT, el Quintín Lame y la CRS. De hecho denominamos a nuestro Plan Estratégico, “De la Guerra a la sociedad de los Derechos”. Teníamos claro en ese entonces que el horizonte deseado para Colombia, era el de poner en el centro de la vida de la sociedad los derechos humanos y desde allí ofrecer una alternativa a la guerra.

Cuando se llegó, el 26 de agosto de 2012, al ‘Acuerdo General para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera’, definimos de manera precisa que la tarea de Viva debería ser en primer lugar cuidar y proteger el proceso de negociación para que este no se fuera a frustrar, en segundo lugar ayudar, con propuestas, sugerencias y acciones a los contenidos y alternativas en la negociación misma, en tercer lugar, incorporar al proceso la mayor cantidad de ciudadanas y ciudadanos que fuera posible, comprendiendo los alcances de la agenda y entendiéndola como una agenda hacia la terminación del conflicto armado con las FARC y no el conjunto de la agenda y de las reivindicaciones de los colombianos y colombianas, y finalmente hacer análisis y pedagogía de la negociación y de los acuerdos que de ella resultaban, destacando y diferenciando la negociación del conflicto, como una fase de la construcción de la paz y no la paz misma.

Después de cientos de reuniones, talleres, artículos, propuestas y debates hoy arribamos a esta instancia definitiva en el camino de la solución política negociada del conflicto armado con una clara comprensión de las bondades del acuerdo logrado en La Habana.

Bondades representadas en el punto de Reforma Rural Integral que en su desarrollo van a permitir, rescatar la ruralidad colombiana y quienes allí viven, del abandono, de la precaria presencia del Estado, de la violencia, de la ausencia o baja existencia de bienes públicos, de la discriminación, de la falta de títulos de propiedad, del control de la vida social y comunitaria por las mafias o por los diversos actores armados, de la ausencia de oportunidades para las jóvenes y los jóvenes del campo, de la relación depredadora de nuestro hábitat común, etc.

Bondades representadas en la comprensión de que los dos eslabones débiles en la cadena para los cultivos y las drogas de uso ilícito, no deberían ser criminalizados y que por tanto a los cultivadores se les debería ofrecer alternativas para la sustitución de los cultivos y a los consumidores la oportunidad para ser abordados desde una perspectiva de salud pública. Por el contrario, se debería desarrollar todas las acciones posibles para combatir a las organizaciones criminales que controlan el negocio del narcotráfico. Además el punto contiene el acuerdo de convocar una Conferencia Internacional que discuta y en lo posible acuerde una alternativa frente a la fracasada guerra contra las drogas.

Bondades en un acuerdo que pone en el más importante lugar la participación ciudadana y da a las organizaciones sociales y de manera especial a aquellas que han resistido en los territorios la destrucción de tejido social por la guerra la posibilidad de reconstruirse, que define el apoyo del Estado para lograr incidir de manera efectiva en las más importantes decisiones que afectan o posibilitan el ejercicio de sus derechos, a equilibrar las desiguales representaciones políticas entre los territorios de Colombia, y en fin a rescatar la promesa de democracia participativa que nos hizo la Constitución de 1991.

Bondades de un acuerdo que se propone garantizar el derecho de las víctimas a la verdad a través de la comisión de esclarecimiento de la verdad, la convivencia y la no repetición y la Unidad de Búsqueda de las Personas dadas por Desaparecidas en el terreno extrajudicial y la verdad judicial de la Jurisdicción Especial, que a su vez busca garantizar el derecho a la Justicia a través de un muy completo proceso que producirá la triada de individualización, juzgamiento y sanción por parte del tribunal para los autores de delitos de lesa humanidad, crímenes de guerra y graves violaciones a los derechos humanos, y que derrota la impunidad.

Bondades de un acuerdo que busca evitar en términos de garantías que se repita, en este caso con las FARC, el genocidio de la UP, que establece con la dejación de armas supervisada por la Misión Especial de las Naciones Unidas un procedimiento riguroso para el tránsito de las FARC a un grupo político sin armas, que permite el diseño y desarrollo de un proceso juicioso de reincorporación.

Bondades de un acuerdo que considera la perspectiva o enfoque de género y de manera particular los derechos de las mujeres; un acuerdo que incorpora un capitulo étnico.

Este catálogo muy resumido de las bondades de los acuerdos forma parte de lo alcanzado por las partes en La Habana. No tengo duda que a ello contribuyó de muchas maneras la sociedad civil colombiana que estuvo movilizada alrededor de la negociación y de manera particular las organizaciones de mujeres y de víctimas. Sin embargo, quienes durante todo este tiempo reclamamos la insuficiencia o inexistencia de una Ruta Ciudadana para la Paz hoy encontramos los grandes desafíos para afrontar en la perspectiva de dar sentido a esa Ruta Ciudadana. El más urgente e inmediato, contribuir con un contundente triunfo del SÍ el próximo domingo 2 de octubre. Y luego lograr la mayor apropiación e intervención ciudadana que sea posible en la implementación de los acuerdos.

Después de participar recientemente, en la ciudad de Medellín en un debate donde resalté las bondades del Acuerdo que he descrito y algunas otras más, alguien me preguntaba con expresión de incredulidad; ¿será cierto que dejan las armas, será cierto que abandonan la extorsión y el secuestro, será cierto que van a decir la verdad, será cierto que van a pedir perdón, será cierto que aceptan las reglas de la democracia? Allí comprobé una vez más que las barreras del odio y la desconfianza hacen muy difícil la aceptación de la razonabilidad de los acuerdos.

Puestos en ese sitio lo único que nos puede regresar a la perspectiva positiva es darle una oportunidad a la vida; darle una oportunidad a la esperanza. Allí se requiere que salga de nosotros y nosotras lo más valioso del ser humano, su sentido de hermandad y solidaridad. Solidaridad con los y las campesinas que viven de manera directa la guerra y el abandono; hermandad con las víctimas y sobrevivientes para que sus derechos les sean restaurados y su dignidad reconocida.

Ello permitirá acercarse el domingo a las urnas con la certeza de que se abre ante nosotros la posibilidad de una democracia más ancha y profunda donde la aspiración de ser felices tiene más oportunidades sin la guerra y por ello hay que decir que SÍ.

Coda: El acto de hoy 30 de septiembre, en que las FARC en cabeza de Iván Márquez y Pastor Alape, reconocieron su responsabilidad en la masacre de la Chinita en Apartadó y pidieron perdón por ello, nos renueva la confianza en las posibilidades de la reconciliación en Colombia.

Semanario Virtual Caja de Herramientas
Edición 514 – Semana del 30 de Septiembre al 6 de Octubre de 2016