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Poema
Villarrica
Edison Peralta Gonzalez / Miércoles 2 de noviembre de 2016
 

Tú fuiste el jardín de mi infancia,
el vigor de las horas aciagas,
el afán de la sombra y el surco,
el amargor de mis sueños ajados
y el dolor de tus calles maltrechas.

Yo crecí contigo
entre yerbas y miedos
con la pobreza al hombro
huyéndole al tiempo,
al maullido brutal de los tusos,
al olor de la sangre,
al ruido de los halcones,
al martirio del aire,
y el maullido fantasmal de la hiena.

Yo crecí contigo
con los ojos henchidos
y toqué muchas veces
la puerta de mi abuela
en el fragor de la trifulca
para comer sueños y lágrimas
y esconderme
del ruido de los chopos y el hambre.

Hoy atisbo con tristeza ignota
la desolación de tus calles hundidas
el suplicio de tus niños perdidos
sin dios y sin patria
sacudiendo la muerte


Esta bruma silenciosa
que circula con el viento,
estos brazos rasgados de la noche,
estos rostros famélicos
perdidos en los ojos del tiempo,
estos labios hendidos
balbuceando tu nombre
en la espesura y los atajos,
este afán de encontrarte
en los anaqueles
perdidos de la historia,
estos callos dolidos
que acarician la utopía
en el borde de los surcos
aún vigilan
el sempiterno fantasma
de los Cuindes y sus dioses.