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Fabiola venció la impunidad y el militarismo colombiano después de 4.428 días de lucha
Dick Emanuelsson / Martes 17 de marzo de 2009
 
Luis Fernando Lalinde, dirigente estudiantil desaparecido, torturado y asesinado por el ejército colombiano.

Fabiola o toda una vida de lucha por justicia y la verdad de su hijo. Hace 25 años desapareció Luis Fernando Lalinde en manos del ejército colombiano. Pero los asesinos del pueblo no lograron doblegar la mujer que al final logró recuperar los restos de su hijo.

Hace 25 años fue detenido, torturado y desaparecido por el ejército su hijo Luis Fernando Lalinde. Pero por la constante lucha y una terquedad extraordinaria, Fabiola logró superar y vencer a un estado terrorista que tiene como primera tarea encubrir sus crímenes. Fabiola Lalinde recibió los restos del joven muchacho del Partido Comunista de Colombia - Marxista Leninista (PCC-ML), a quien le faltaban pocos meses para graduarse como sociólogo en la universidad en Medellín en el momento de ser desaparecido...

Luis Fernando fue uno de decenas de miles de casos ilustrativos de cómo un estado terrorista intenta erradicar físicamente la oposición y de un pueblo luchador que ante esa perspectiva ha tenido que elegir: ser asesinado o encontrar otras formas de lucha para terminar con el infierno en que la oligarquía colombiana ha convertido este bello país. Ayer fue desaparecido Fernando, hoy son miles de jóvenes como él que desaparecen y son fusilados por el Ejército en lo que llaman “falsos positivos”, que solamente el nombre es nuevo y la práctica muy vieja, desde antes de que se pusiera en práctica la Doctrina de Seguridad Nacional en 1962.

Fabiola Lalinde también es un ejemplo de aquellas maravillosas mujeres y madres que con la Biblia en la mano, pero sobre todo con una valentía y coraje inimaginable, han podido enfrentarse a esos “Rambos” que poseen armas, aviones y tanques de guerra de último modelo entregados por el Amo del Norte, han terminado ganándoles la “guerra” política y el corazón del mundo entero se ha entregado a ellas.

Un día fueron entregados en una caja de cartón 69 huesos recuperados y plenamente identificados que eran los restos de su Luis Fernando. Para Fabiola y su familia “representan más que los gramos oro o los 18 millones de pesos de hoy de la supuesta reparación individual vía administrativa. Quedó demostrado que hubo una manifiesta voluntad de hacer daño que no se cubre con ningún dinero”, como dice en la siguiente y extensa entrevista de ’un caso’ de una Colombia que un día no muy lejano tendrá justicia plena, en donde los responsables, con o sin uniforme, tendrán que pagar por los crímenes de lesa humanidad, como en el caso de Luis Fernando Lalinde.


– ¿Cuando se formó y de dónde son las raíces de su familia?

Yo nací en una finca de la zona cafetera cerca a Belalcázar, Departamento de Caldas, un 4 de enero, hace un buen rato; ya pasé por esa etapa de la vida que los gerontólogos han dado en llamar la “tercera edad” y a la cual no le hallé ningún sentido, así que me instalé en el balcón de la existencia porque desde allí se domina todo el panorama de las etapas ya vividas y de las experiencias adquiridas, además, se ven con claridad todos los acontecimientos que de una u otra manera influyeron en nuestras vidas para bien o para mal.

Fui la menor de cinco hijos –cuatro mujeres y un hombre- y llegué cuando, considero, ya no contaban conmigo, razón por la cual fui sobreprotegida y consentida. Hija de dos personas totalmente diferentes: mi papá, un liberal de tiempo completo, finquero, independiente, estratega, inteligente, autodidacta, sólo hizo la primaria porque se fue de su casa después de la muerte de su padre, siendo aún un adolescente. Yo fui la niña de sus ojos.

Mi mamá era conservadora extrema, profundamente religiosa, había estudiado magisterio, el máximo nivel de educación de las mujeres de su época, muy serena, de gran sentido social y antes del matrimonio había sido maestra en una escuela rural. Todos los hijos aprendimos a leer con ella desde muy temprana edad. Muy lectora y con una letra bellísima que es la que utilizan hoy en día para marcar diplomas y las lápidas en los cementerios y criptas. Los nombres nuestros estaban relacionados con sus lecturas con énfasis en las novelas históricas y especialmente relacionadas con las primeras comunidades cristianas. Mi nombre, Fabiola, es fruto de una de sus lecturas sobre las persecuciones a los primeros cristianos y de alguna manera tiene su relación. Mamá murió de cáncer cuando yo tenía 15 años y casi nos vamos juntas. Como era la menor y fui muy cercana a ella alcanzó a dejar sembrados en mi mente y en mi corazón una serie de principios, elementos y comportamientos definitivos para enfrentar, de la mejor manera posible y con dignidad la adversidad que se me esperaba a futuro.

De mi papá heredé algo de su manera de ser, desde joven admiraba sus estrategias, su independencia, a no tragar entero, su interés por las noticias, lector de periódicos, su franqueza, el amor por el campo, por la naturaleza. Vivió y murió como él quiso.

Estudié siempre con las hermanas de la Presentación hasta sexto de bachillerato. El liderazgo en la educación en esa época lo tenían las comunidades religiosas y la educación era de calidad.

Cuando terminé la secundaria inicié Trabajo Social. A los seis meses me retiré para casarme con un primo. El matrimonio fracasó, quedé con cuatro hijos, el menor de un mes. Nunca había trabajado ni pasado trabajos económicos. En su momento fue la experiencia más traumática de mi vida, pero la superé, y cuando estábamos en el mejor momento de nuestras vidas, todos estudiando y trabajando, se viene encima la más insuperable de todas las tragedias: la desaparición de Luis Fernando y todo lo que conlleva para la familia una experiencia jamás imaginada en un país como Colombia.

Fabiola Lalinde, madre de Luis Fernando que ha luchado más de una generación para denunciar y esclarecer la desaparición de su hijo hace 25 años.

Por fortuna tenía un acumulado y unas reservas muy valiosas y positivas adquiridas en la infancia que en el momento de enfrentar dificultades y adversidades que nunca imaginé salieron a flote y a pesar de haber sido sobreprotegida he logrado resistir con dignidad.

Detienen y desparecen a Luis Fernando

–¿Cuáles fueron los obstáculos en su búsqueda por su hijo, cuáles fueron los personajes e instituciones del Estado o del departamento que no querían un esclarecimiento del caso de su hijo y, contrariamente, quiénes le dieron la mano?

Luis Fernando, mi hijo mayor, fue detenido, torturado y desaparecido por la Patrulla de Infantería No. 22 del Ejército, en la zona rural del municipio de Jardín (Antioquia, Colombia), el 3 de octubre de 1984, en el marco del proceso de paz del presidente Belisario Betancur con varios grupos al margen de la Ley, entre ellos el EPL, brazo armado del PCC-ML. Al momento de su detención-desaparición, Luis Fernando militaba en la Juventud Revolucionaria de Colombia y en el mes de diciembre se graduaba como sociólogo y todo indica que iba a tener un papel importante en el proceso de reinserción.

Luis Fernando fue detenido-desaparecido por razones políticas, y a este tipo de desaparecidos solamente los busca la familia y llegar a la verdad de la suerte corrida por ellos es toda una proeza por la sencilla razón de que si las Fuerzas Armadas o demás organismos del Estado los desaparecen, es lógico que no van a colaborar en su búsqueda, con el agravante de que nadie sabe de ellos, nunca los han visto ni los conocen. “Búsquelo en otro lado, o se iría con la novia, o seguro estará en la guerrilla” era la respuesta en las unidades militares, y la pregunta de rutina: “¿En qué estaba su hijo?”, lo cual es una constante en todos los casos, con el ánimo de evitar a toda costa que se conozca el paradero de los detenidos y crear esa cruel incertidumbre de cada día sin saber si están vivos o muertos, pues no se tiene la evidencia de su existencia ni la certeza de su muerte. El desaparecido queda como suspendido entre la vida y la muerte.

Yo recibí apoyo de las ONG de derechos humanos de la época, tanto internacionales como nacionales, especialmente del doctor Héctor Abad Gómez, presidente del Comité de Permanente de Derechos Humanos de Antioquia; de la justicia ordinaria en la persona del juez 13 de Instrucción Criminal, Bernardo Jaramillo Uribe, quien se desplazó al lugar de su detención –la vereda Verdún— a varios kilómetros de Medellín, e interrogó a los campesino testigos de los hechos y, transcurridos seis meses, agotado el recurso interno sin ninguna respuesta, el doctor Abad Gómez acudió a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) de la OEA y denunció la detención-desaparición de Luis Fernando Lalinde.

¿Y donde esta la atención, Sr. Santos, por los desaparecidos?

– Los medios de comunicación y la elite política y económica siempre hacen campañas por los secuestrados o los prisioneros de guerra en poder de la guerrilla. Pero muy raras veces se habla desde aquellos sectores sobre los desaparecidos. ¿Qué apoyo le dio la Fundación País Libre a usted?

En primer lugar, en 1984, año de la detención-desaparición de Luis Fernando no existía la Fundación País Libre. Esta fundación surgió en agosto de 1991 a raíz del secuestro del actual vicepresidente, doctor Francisco Santos.

En segundo lugar, hasta donde entiendo, la organización está orientada exclusivamente a los secuestrados, pero da la impresión de que no los incluye a todos, pues solamente se habla de los policías y políticos en poder de las FARC, considerados canjeables. Poco se habla de los secuestrados por otros grupos. El número de personas secuestradas es muy alto, creo que pasan de tres mil, y se da el caso de familias que nunca han recibido pruebas de supervivencia, son secuestrados “olvidados” pertenecientes, en su mayoría, a familias de clase media: profesionales, comerciantes, ganaderos, finqueros, entre otros y de quienes pocas veces se da cuenta en los medios de comunicación.

Los falsos positivos=ejecuciones extrajudiciales

En cuanto a los desaparecidos por razones políticas, son los ignorados del conflicto. Sólo ahora con el escándalo de los desaparecidos de Soacha hallados en fosas comunes y los 27 militares comprometidos en los crímenes se está hablando del tema, aunque estos casos se enmarcan, parece, en los llamados “falsos positivos” con el objetivo de mostrar resultados por la presión a que están sometidos por parte del Gobierno. Pero la práctica de origen nazi (Noche y Niebla) se viene dando en Colombia desde 1977 con la detención-desaparición de Omaira Montoya, bacterióloga, durante el gobierno de Julio César Turbay Ayala y su famoso Estatuto de Seguridad, conocido hoy con el nombre de “seguridad democrática”. Este delito de lesa humanidad se ha ido incrementando en cada gobierno y es más, el número exacto de personas desaparecidas hasta el presente, no se conoce con exactitud, se habla de 30 mil desaparecidos, sumadas las numerosas fosas comunes halladas en lo que va corrido del año, tal como ocurrió durante la dictadura argentina, teniendo en cuenta que Colombia es considerada la democracia más antigua y estable de América Latina.

Adriana Lalinde, hermana menor de Luis Fernando que fue desaparecido, torturado y asesinado por el ejército colombiano

En términos generales, los medios solamente dan a conocer la versión oficial y los gobiernos y Fuerzas Militares no aceptan que haya desaparecidos en Colombia, y cuando el hecho es muy evidente se habla de casos aislados y dejan vencer los términos de los militares implicados. Los mecanismos de impunidad son numerosos. Ejemplos recientes: los desaparecidos del Palacio de Justicia. Los generales responsables quedaron en libertad por vencimiento de términos la semana pasada.

– ¿Cuál es su posición ahora sobre los sobornos que hace Uribe al guerrillero que entregó a uno de los congresistas, mientras la misma recompensa no se da a militares o policías que pueden dar testimonio de dónde pueden ser ubicados los colombianos que han desaparecido en manos de los uniformados del estado colombiano?

Para empezar le comento que en este país la semántica y los eufemismos juegan un papel muy importante según el desarrollo de los acontecimientos. Por ejemplo, lo que usted llama soborno, en casos como el del guerrillero que usted anota, aquí se llama recompensa por colaborar con la justicia. Pero otras supuestas recompensas de “colaboración” con la justicia están generando una serie de hechos sumamente graves, pues gente sin escrúpulos, por ganarse un dinero fácil realiza montajes con drogas, armas, propaganda subversiva o señala a personas inocentes como miembros o enlaces de las FARC o de otros grupos.

En este preciso momento hay un escándalo con los llamados “falsos positivos” del Ejército con el ánimo de mostrar resultados. En este caso, según el jefe del Estado Mayor no se llaman recompensas sino incentivos o mecanismos, según noticia publicada en El Espectador: ”El jefe del Estado Mayor Conjunto, almirante David Moreno, dijo este viernes que el programa de incentivos de las fuerzas armadas no contempla el pago de recompensas, sino mecanismos para mejorar el bienestar de los soldados que participan en operaciones exitosas” [1].

Condecorados y ascendidos los verdugos de Luis Fernando

De los militares de la patrulla No. 22, más comprometidos en la detención, torturas y desaparición de Luis Fernando, cinco fueron condecorados y ascendidos, cuatro fueron enviados al exterior y otros trasladados a diferentes unidades militares del país.

Los pocos soldados que se han atrevido a denunciar o dar testimonio, en casos concretos de desaparecidos, han muerto en circunstancias extrañas; otros han sido declarados dementes o los han desaparecido, como por ejemplo en el caso de Trujillo (Valle) (donde fueron asesinadas por el ejercito en alianza con narcotraficantes más de cien personas, entre ellos el sacerdote de la zona, nota del D.E.).

El tema es bien difícil y todo depende de la víctima y el victimario y, como le anoté inicialmente, del papel que juega la semántica según el caso del supuesto “colaborador” con la justicia.

– Cuéntenos como ha sido el proceso judicial y de indemnización en el caso de su hijo y cuál fue la sentencia que dio la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

La pregunta contiene tres elementos, que son:

1. El proceso judicial.

2. La Resolución 24/87 Caso 9620 (Colombia) de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, ratificada el 16 de septiembre de 1988.

3. La indemnización.

Cada uno de los puntos amerita su explicación y resumirlos no es fácil para mí, teniendo en cuenta que no soy abogada. Sumado a ello lo delicado del tema por el hecho de estar implicada, directamente, en el caso, una patrulla militar del Ejército, quienes, inicialmente, siempre negaron todo, absolutamente todo lo relacionado con la detención-desaparición de Luis Fernando Lalinde e inclusive el caso había sido archivado en lo Penal Militar a los seis meses de su detención.

El proceso judicial

Aparte de aspectos ya relatados (el expediente en la actualidad pesa 25 kilos y se halla en el Consejo de Estado) trataré de hacerle un resumen sobre lo que nosotros trabajamos directamente para que se forme una idea de los numerosos obstáculos que tuvimos que sortear hasta llegar a la verdad, únicamente a la verdad, sobre la suerte corrida por Luis Fernando, en lo cual tardamos 4.428 días ininterrumpidos (octubre 1984—noviembre 1996) hasta rescatar de la Octava Brigada del Ejército una caja de cartón que contenía 69 restos, con acta de inventario, de los huesos entregados, incluido el cráneo (indispensable para la identificación) hallado en otra exhumación diferente. (¡Qué experiencia! Sin palabras…).

Entre el 14 y 15 de abril de 1992, a base de presión nacional e internacional y por cambio del Juez 121 de Instrucción Penal Militar, se realizó la exhumación a NN alias Jacinto en la vereda Ventanas del Municipio de Riosucio, Caldas. Se encuentran parte de los restos y la ropa, pero no el cráneo de Luis Fernando. / Autor: Fiscalía Colombiana

Como ya le comenté, a los detenidos-desaparecidos los tiene que buscar la familia porque el Estado, sin una denuncia internacional ante organismos gubernamentales de derechos humanos, como la ONU y lLa CIDH (OEA), nunca lo hará. Ante semejante incertidumbre y falta de información, mis hijos y yo formamos un equipo de búsqueda y denuncia; cada uno realizó su trabajo de acuerdo a su tiempo y actividad. Sospechábamos que pudiese estar detenido por su militancia política y el proceso de paz que estaban adelantando los movimientos de izquierda y sus brazos armados con el gobierno del presidente Belisario Betancur; y los consabidos hostigamientos que se venían dando de parte de los militares, los cuales –estos hostigamientos- siempre han sido una constante en todos los procesos de paz que se han adelantado durante 50 años (1958-2008) desde el famoso Frente Nacional hasta nuestros días.

Un sábado de mediados de agosto, Luis Fernando me invitó a dar una vuelta por el oriente antioqueño. Él me notaba preocupada y le manifesté sobre los peligros que se cernían sobre ellos, por el conocimiento que, desde mi experiencia, tenía sobre estos procesos de paz. Pero el creía en el proceso y que, naturalmente, se corrían riesgos. Yo abrigaba mis dudas y le solicité, encarecidamente, que siempre que saliera fuera de Medellín me informara, y así lo venía haciendo, pero ese día 3 de octubre sólo dijo a sus hermanos que si no regresaba esa noche lo haría al día siguiente, en la mañana. Al no regresar el día indicado, presentí algo grave.

Es así como, al transcurrir 20 días sin noticia alguna, Jorge, el segundo de mis hijos, realizó un recorrido de una semana por varios municipios de los departamentos de Antioquia y Caldas visitando unidades militares y centros de detención en búsqueda de su hermano sin ningún resultado concreto, sólo rumores que lo llevaban de un lado a otro, regresando el 2 de noviembre en la noche. De otro lado, Mauricio, que estudiaba Derecho, se encargó de lo relacionado con la denuncia ante diferentes organismos; y mi hija y yo estábamos pendientes de los noticieros y las llamadas. Aún no había regresado Jorge de su recorrido y el doctor Abad Gómez, quien además, participaba activamente en el mencionado proceso, me informó que estaba circulando la noticia sobre la detención de un joven con las características de Luis Fernando en una vereda del municipio de Jardín (Antioquia). Cuando Jorge regresó de su recorrido, al día siguiente, 3 de noviembre, y a primera hora, salió rumbo a Jardín, a varios kilómetros de Medellín, para verificar la información sobre la posibilidad de que Luis Fernando hubiese sido detenido en ese municipio.

Él no conocía el lugar, pero al llegar a dicho municipio, le indicaron donde quedaba la vereda y con una foto de su hermano en la mano –como las madres argentinas- logró llegar al sitio preciso en donde había ocurrido la detención por miembros de la patrulla militar, y allí fue informado, por quienes presenciaron todo lo sucedido a su hermano desde las 5:30 am del 3 de octubre, cuando salía a tomar el bus de regreso a Medellín, hasta las seis de la tarde, cuando fue sacado en el camión militar con rumbo desconocido.

Torturado y atado a un árbol

Según los testigos, durante ese día estuvo sometido, primero, a toda clase de tratos crueles inhumanos y degradantes en una pesebrera y luego pasado frente a la concentración escolar y atado a un árbol en donde continuaron los malos tratos e insultos en presencia de los niños de la escuela hasta la salida en el camión del Ejército, agonizante, despojado de sus documentos de identidad, con las manos atadas atrás y con rumbo desconocido. Estos campesinos de la vereda Verdún fueron las últimas personas que vieron con vida a Luis Fernando. Además, le comentaron a Jorge que no era necesaria la foto por el gran parecido físico que tenía con su hermano.

Una vez confirmada la noticia de su detención en la vereda de Verdún, inmediatamente solicité una licencia por 20 días en la empresa en donde laboraba para viajar a Bogotá a localizar y conocer los miembros del Partido Comunista (Marxista-Leninista) y conocer sobre la situación de Luis Fernando y conseguir a través de ellos las entrevistas necesarias para denunciar lo sucedido con mi hijo.

La desmovilización del EPL

– Su hijo era militante del PCC-ML, partido y movimiento que tenía un brazo armado, EPL (Ejército Popular de Liberación), cuya mayoría se “desmovilizó” en 1990-91. Varios de sus dirigentes se aliaron con los paramilitares y el Ejército en Urabá y otros fueron y son asesores políticos de Uribe y de Francisco Santos (Carlos Franco, en la vicepresidencia). ¿Algunos de ellos le han dado alguna mano a Ud. en su lucha por su hijo?

En los primeros meses Óscar William Calvo (asesinado, al parecer por efectivos de la Policía Nacional, en las calles de Bogotá el 20 de noviembre de 1985), dirigente del PCC (M-L) y los más cercanos a Luis Fernando colaboraron con las gestiones ante el Gobierno en Bogotá, pues según me lo manifestó el propio Óscar William Calvo cuando viajé a Bogotá en noviembre del año 84, el movimiento y su brazo armado, el EPL, estaban en proceso de paz y de cese al fuego para una futura desmovilización en el gobierno de Belisario Betancur, pero el Ejército había violado esos acuerdos con el EPL y, precisamente a causa de una operación de cerco y aniquilamiento de tropas del Batallón Ayacucho de Manizales contra el EPL, una columna de dicho grupo fue emboscada por el Ejército en la zona límite entre los municipios de Jardín y Riosucio a finales de septiembre, y Luis Fernando había sido enviado a Jardín a rescatar un guerrillero herido y, cuando al amanecer del 3 de octubre, una vez sacado el herido del lugar, iba a tomar el bus de regreso a Medellín, fue detenido por la Patrulla Militar Nº 22 del Ejército en la ya mencionada vereda de Verdún. A raíz de la desaparición de Luis Fernando y de los continuos cercos tendidos a varias columnas, el partido se retiró de la mesa directiva del Diálogo Nacional. No volví a tener contacto con ellos durante varios años. Después de su desmovilización en el año 91 sí me enteré de que varios de sus militantes habían ingresado al Partido Liberal y a otros movimientos. Las paradojas de la vida: en un evento de derechos humanos en Bogotá, precisamente sobre los desaparecidos, me encontré con uno de sus amigos más cercanos, quien estuvo unas semanas en mi casa, y me comentó que Luis Fernando lo había refugiado allí huyendo de un cerco militar, porque su compañera había sido asesinada. Hoy en día tiene la misión de defender al Gobierno ante la CIDH (OEA).

Es de recordar que el caso No. 12.362, Colombia. Familiares de Luis Fernando Lalinde fue presentado a la OEA el 9 febrero de 2001 por Denegación de Justicia y se halla en período de Admisibilidad. El más fiel de sus amigos y de su misma edad, quien me colaboró mucho en la búsqueda inicial de Luis Fernando, murió de un infarto cuando estaban en el proceso de desmovilización en el año 91.

– Dice Ud. en su testimonio ante la Audiencia del Movice (Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado) que Ud. es apolítica por completo. ¿Es posible serlo después de los 24 años de una intensa labor para saber el destino de su hijo y cuáles fueron los verdugos de él? Le hago la pregunta, porque las Madres de la Plaza de Mayo en Buenos Aires siempre subrayan que van en los caminos de sus hijos, cuyos ideales políticos fueron enfrentados con la muerte y desaparición.

Yo no me considero apolítica, lo que pasa es que no estoy encasillada en un partido político y como lo digo en la audiencia, yo soy demócrata, que ya es una posición política, en el mejor sentido de la palabra de origen griego, que significa poder del pueblo, así en Colombia no se dé una democracia real y nos manipulen y utilicen con el término. Además, el demócrata respeta las ideas de los demás aunque no se compartan, por lo menos esa fue la idea que me infundieron desde muy joven, motivo por el cual he buscado y denunciado durante 24 años lo sucedido a mi hijo marxista (Luis Fernando).

Otro aspecto discutible, con alguna excepción, son las divisiones y hasta subdivisiones en los partidos, lo cual facilita la segunda reelección del actual mandatario, así más de la mitad de los colombianos en capacidad de votar estén en contra de la reelección y aquí, en este punto, es en donde encaja el hecho de que no milite en ningún grupo político, porque aquí se tiene sentido de partido pero se carece de sentido de país. Si realmente importara el futuro de la patria se unirían todos los opositores a la reelección y elegirían un candidato único, y seguro que ganaría, pero desafortunadamente los intereses partidistas priman en este caso y súmele, además, el clientelismo y la corrupción. Por lo menos esa es mi manera de ver, desde el balcón de mi existencia, la situación política de este país.

En cuanto a las Madres de la Plaza de Mayo en Buenos Aires, las admiro profundamente. He participado con algunas de ellas en eventos sobre los desaparecidos y de ellas hemos aprendido su insistencia, persistencia y denuncia permanente en la búsqueda de sus hijos. En mi modesto concepto se da una gran diferencia y es su nivel cultural: ellas pertenecen en general a la clase media, y buen número de sus desaparecidos eran estudiantes universitarios. Las Madres de Plaza de Mayo han obtenido muchos logros en cuanto a la identificación y rescate de sus nietos, hijos de desaparecidos, logros en educación, culturales y otros más. Son muy solidarias con todos los movimientos de desaparecidos en América Latina.

En Colombia el problema es bastante complejo, diferencias culturales muy profundas, teniendo en cuenta que este es un país de regiones, y aquí nos dividimos hasta para buscar un desaparecido.

De la bodega de la Octava Brigada del Ejército

– Ha dicho usted que “sin justicia no hay una verdadera reparación”. ¿Cómo, en el caso de su hijo, podrá haber reparación sin castigo a los responsables del crimen?

En cuanto a la reparación, partamos de la base de que la desaparición forzada es un crimen catalogado universalmente como de lesa humanidad, que ofende la conciencia general de la humanidad por sus efectos destructivos, sumados agravantes como el de despojarlo de su identidad para convertirlo en un NN alias “Jacinto”, esconder su cadáver en la raíz de un árbol en una montaña con el propósito manifiesto de que nunca fuera encontrado y sumirnos en esa eterna incertidumbre, como suspendido entre la vida y la muerte: no se tiene ninguna prueba de supervivencia, ni menos aún la certeza de su muerte.

Alcanzar la verdad sobre la suerte corrida por Luis Fernando, lograr la exhumación de parte de los restos de NN “Jacinto”, identificarlos plenamente y luego rescatarlos de la bodega de la Octava Brigada, tardó 4.428 días, venciendo las dificultades, atropellos y hostigamientos jamás imaginados. Teniendo en cuenta que sus victimarios no fueron delincuentes comunes, ni grupos armados al margen de la Ley sino miembros de una patrulla militar del Ejército, quienes deben de velar por la vida, honra y bienes de los ciudadanos.”

Como lo he expresado en otros espacios: La reparación para el Estado está representada en pagar indemnizaciones mínimas, por perjuicios morales, sin reparar los daños a la dignidad, la estabilidad de la familia, los proyectos de vida truncados, los daños a la salud física y sicológica; a la hora de la verdad se convierte, dicha reparación, en una ofensa, una falta de respeto y un atropello más a causa de todos los trámites que conlleva una demanda administrativa: certificados, referencias, fotocopias, pasajes, los avivatos, siempre listos a estafar a las víctimas ingenuas; sumado a todo ello que ni siquiera el principio de la buena fe opera en estos casos.

14 de Mayo 1992 se realiza una segunda exhumación por solicitud de la OEA y se hallan el cráneo, una vértebra y un hueso de la cadera, en otro lugar diferente, en total se hallan 69 huesos.

Teniendo en cuenta lo que representa para una familia la búsqueda de un detenido-desaparecido por unidades militares o cualquier organismo de seguridad del Estado, los atropellos padecidos, la plena identificación y entrega de los restos en una caja de cartón cuando ya habían agotado todos los mecanismos posibles de impunidad para evitar encontrarlo, significó una forma de reparación que aunque no está contemplada como tal en la legislación, por lo menos tuvimos la certeza de su muerte y de darle cristiana sepultura. Frente a la incertidumbre y la impotencia que se padece en una experiencia tan dramática, esa caja de cartón con los 69 huesos recuperados y plenamente identificados representa más para la familia y la sociedad que los gramos oro o los 18 millones de pesos de hoy de la supuesta reparación individual vía administrativa. Quedó demostrado que hubo una manifiesta voluntad de hacer daño que no se cubre con ningún dinero. Aún está pendiente la justicia y no hemos renunciado a ella, por tal motivo se halla nuevamente en la CIDH (OEA) por denegación de justicia, radicado como Caso Nº 12.362, Colombia.


Cronología de la búsqueda de Luis Fernando Lalinde:

Noviembre de 1984

Bogotá, noviembre 6 al 16: Entrevistas conseguidas por el Partido (PCC-ML) con los siguientes funcionarios:

• Viceministro de Gobierno.

• Procurador General de la Nación, doctor Carlos Jiménez Gómez.

• Viceprocurador, doctor Jaime Ossa

• Procurador Delegado Para las Fuerzas Militares, general Nelson Mejía Henao.

• Nuevamente, entrevista con el general Mejía Henao: Nos enteramos que el Batallón Ayacucho de Manizales detuvo a N.N. alias “Jacinto”, un guerrillero dado de baja por intento de fuga ese día y en ese lugar; y otro, “Aldemar”, fue detenido y estaba en la cárcel de Manizales.

• Además, a través de mi hermana residente en Bogotá consigo una entrevista con el doctor Eduardo Umaña Mendoza (posteriormente asesinado el 18 de abril de 1998, crimen que hasta ahora se ha quedado impune) y me entero que en Bogotá existe una Asociación de familiares de desaparecidos (Asfaddes). Hasta ese momento me resistía a creer que en Colombia existiera ese tipo de delito, propio de las dictaduras militares como Argentina y Chile.

Noviembre 15: Entrevistas con los dirigentes del Partido (PCC-ML) y contactos para continuar denunciando ante otras instancias y viajar a otras ciudades relacionadas con batallones y brigada responsables de la detención-desaparición de Luis Fernando.

Noviembre 16: Denuncia ante el director nacional de Instrucción Criminal, doctor Antonio Duque Álvarez.

Manizales, noviembre 19: Arriban allí Jorge Iván, mi hijo, y Hugo Vélez del PCC-ML para acompañarme en el recorrido. Nos dirigimos a denunciar el caso ante el director de Instrucción Criminal de Manizales, sede del Batallón.

Noviembre 20: El director de Instrucción Criminal nos aconseja viajar a Armenia y consultar con la Octava Brigada, nos consigue cita con el comandante, además nos enteramos de que el caso de N.N. alias “Jacinto” se encuentra en el Batallón San Mateo, ubicado en la ciudad de Pereira, y el supuesto “Aldemar” nunca estuvo detenido en la cárcel de Manizales.

Pereira, noviembre 20, 2 pm. Batallón San Mateo. El Juez Arnaldo Ayos tiene el caso de N.N. “Jacinto” pero ignora el lugar donde se halla su cadáver y espera una orden de la Brigada para realizar la exhumación.

Noviembre 20, 6 pm. Viajamos a la terminal de buses de Pereira, allí nos reunimos con el doctor Carlos Morales, quien venía de Bogotá, y también llegó a esta terminal el juez del Batallón San Mateo de Pereira, quien viajaba para Manizales.

Armenia, noviembre 20, 7:30 pm: Encuentro en el hotel con el doctor Carlos Morales de la Comisión de Verificación, enviado por el Gobierno a la Brigada relacionado su viaje con el caso de Luis Fernando Lalinde.

Noviembre 21: 9 am. Entrevista con el coronel Héctor Julio Ayala Cerón, comandante de la Octava Brigada con sede en Armenia. NOS INFORMA QUE ESTA ESPERANDO UNA ORDEN DE BOGOTA, DEL GENERAL NELSON MEJIA HENAO, PARA REALIZAR LA EXHUMACIÓN DE JACINTO.

Noviembre 21, 2 p.m. Aeropuerto de Armenia: Regreso sola a Bogotá. Jorge y Hugo Vélez viaja a Medellín por Manizales. Allí, sola, sumida en una profunda tristeza, entendí que mi hijo era un DESAPARECIDO, delito que yo, ingenuamente, consideraba propio de las dictaduras militares como en Argentina y Chile y lloré a torrentes. Una señora me preguntó si se me había muerto alguien pero la verdad es que la incertidumbre sobre la suerte corrida por un hijo desaparecido es peor que la muerte.

OBSERVACION: Es importante anotar que en este recorrido nadie, absolutamente nadie conoce ni sabe de LUIS FERNANDO LALINDE, mi hijo, solamente tienen idea de un N.N. Alias “Jacinto” a quien le dieron de baja por intento de fuga y el cual había sido detenido en la vereda Verdún, de Jardín, Antioquia.

El cráneo de Luis Fernando Lalinde en donde se puede observar como fue golpeado y destrozado parte de su rostro durante la tortura. / Autor: Fiscalía Colombiana

Bogotá, noviembre 22: Entrevistas con ONG de D.H. – Asfaddes (Asociación de Familiares de Detenidos-Desaparecidos). Ignoraba totalmente que ya existiera en Colombia una asociación de esta naturaleza, lo cual me impactó, desconcertó y produjo en mi ánimo una enorme sensación de impotencia y profunda tristeza.

Medellín, noviembre 24, regreso a Medellín (se termina la licencia en la empresa). ¡Qué viacrucis... y es apenas el comienzo de lo que se nos espera!

Noviembre 26. Entrevista con el director de Instrucción Criminal, Seccional Antioquia.

Diciembre 1 de 1984: Se envía mensaje al señor presidente Belisario Betancur Cuartas.

Diciembre 15: Denuncia penal por la detención-desaparición de Luis Fernando Lalinde, ante el juez 13 de Instrucción Criminal, doctor Bernardo Jaramillo Uribe.

Diciembre 29: El doctor Héctor Abad Gómez publica una columna en el periódico “El Mundo” de Medellín sobre la desaparición de Luis Fernando.

1985 – 1986 – 1987:

Una vez agotado el recurso interno sin respuesta alguna sobre la suerte corrida por Luis Fernando Lalinde se continúa la denuncia ante ORGANISMOS INTERNACIONALES TANTO GUBERNAMENTALES COMO NO GUBERNAMENTALES DE DERECHOS HUMANOS.

1985

Febrero de 1985: Ante el Grupo de Trabajo de la ONU sobre desapariciones forzadas presentado por Asfaddes.

Abril 27: Denuncia del doctor Héctor Abad Gómez ante Fedefam (Federación Latinoamericana de Familiares de Desaparecidos)

Junio 21 Denuncia del doctor Abad Gómez ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA

1986

Febrero 27 de 1986: Comunicación para Américas Watch (Hoy Human Rights)

Junio 20: Se denuncia ante Amnistía Internacional de Londres.

Julio 8: El doctor Abad Gómez se dirige al Programa de D.H. Humanismo Cristiano de Chile.

1987

Mayo 20 de 1987: Visita a Medellín de Amnistía Internacional. El doctor Abad Gómez hace entrega de un dossier con toda la documentación de los trámites realizados en la búsqueda de Luis Fernando Lalinde.

Agosto 25 de 1987: Es vilmente asesinado el doctor Héctor Abad Gómez en la ciudad de Medellín.

1988

Enero de 1988: Un miembro de Amnistía Internacional de Alemania que viene a Colombia y conocía el caso, me contacta y continúa con el seguimiento y la denuncia.

Mayo: Nace la Comisión Andina de Juristas (hoy Comisión Colombiana de Juristas), continúan con el proceso ante la Comisión de la OEA.

Septiembre: Sale en firme la Resolución 24/87, condenando al gobierno de Colombia por violación de derechos humanos. Es la primera resolución emanada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA contra Colombia. La resolución es divulgada en octubre de 1988.

Octubre 23: Mi casa es allanada por militares del Batallón Bomboná, hacen un montaje con dos kilos de droga (cocaína de alta pureza) en el clóset de mi hijo que llevaba cuatro años desaparecido, me acusaron de terrorista, subversiva y jefe de la narcoguerrilla en Antioquia, con ello se pretendían restarle validez a la Resolución 24/87 y para mí representaba 25 años de cárcel, además del desprestigio a través de los medios de comunicación.

Octubre 30: me visita en la cárcel de mujeres del Buen Pastor una comisión del Grupo de Trabajo sobre Desaparición Forzada de la ONU y quedo en libertad incondicional el 3 de noviembre de 1988.

1989

Enero: Tengo que retirarme de la empresa por terrorismo telefónico y amenaza de otra captura.

Marzo: Mauricio, mi hijo menor, miembro activo de Asfaddes, sale en calidad de refugiado, con el apoyo de Amnistía Internacional. Se continúa con la presión y la denuncia para conocer la verdad sobre la suerte corrida por Luis Fernando y me vinculo como miembro activo de Asfaddes en reemplazo de Mauricio.

1991

Abril 4: Debo salir del país por hostigamientos y me envían a Caracas a realizar una pasantía en Derechos Humanos en Cofavic (Comité de Victimas del Caracazo), recibo capacitación en Ciencias Forenses.

1992

Abril 14 y 15: A base de presión nacional e internacional y por cambio del juez 121 de Instrucción Penal Militar, se realizó la exhumación a NN alias Jacinto en la vereda Ventanas del municipio de Riosucio (Caldas). Se encuentran parte de los restos y la ropa, pero no el cráneo.

Mayo 14: se realiza una segunda exhumación por solicitud de la OEA y se hallan el cráneo, una vértebra y un hueso de la cadera, en otro lugar diferente. En total se hallan 69 huesos. Se inicia el proceso de identificación el cual dura cuatro años, el ADN mitocondrial, que dio negativo en Colombia, el doctor Emilio Yunis Turbay dictaminó que no era un miembro de la familia Lalinde, a pesar de los estudios realizados y se logró que el estudio se repitiera en el laboratorio de la Universidad de California en Berkeley, por la doctora Mary Claire King y el resultado dio positivo en un 99.99% de que alias “Jacinto” era Luis Fernando Lalinde.

1996

Noviembre 18: Después de cuatro años de toda clase de obstáculos y gracias a la presión nacional e internacional, la Octava Brigada de Armenia hizo entrega de los restos de Luis Fernando Lalinde, plenamente identificado, a su madre Fabiola Lalinde

Noviembre 19: Se realizó la inhumación de los restos en una bella y sobria ceremonia en la iglesia de Santa Gema, en Medellín.

1998

Marzo 27: El juez castrense de primera instancia, el 27 de marzo de 1998, cesó procedimiento a favor de los militares vinculados al proceso. Quedó en la total impunidad. (El proceso en lo penal militar lo conoce la Comisión Colombiana de Juristas en su totalidad).

Situación actual

Abril 27 del año 2000: Por solicitud de la Comisión Colombiana de Juristas, el caso se halla nuevamente en trámite ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, en la que se denuncia al estado colombiano por denegación de justicia, y es radicado con el consecutivo No. 12.362 (Colombia), familiares de Luis Fernando Lalinde el día 9 de febrero de 2001. Se encuentra en período de admisibilidad.

1. La Resolución 24/87 Caso 9620 (Colombia) de la Comisión Interamericana de Derechos humanos de la OEA, ratificada el 16 de septiembre de 1988.

La Resolución 24/87 de la CIDH de la OEA fue definitiva para llegar a la verdad, para comprobar la responsabilidad del Ejército, después de haberlo negado siempre; para realizar la exhumación, luego el proceso de identificación que tardó cuatro años, además, a raíz del allanamiento y el montaje con droga que fue gravísimo y que representaba 25 años de detención para mí y restarle toda validez a la resolución, la Comisión se pronunció al respecto y le hizo seguimiento al proceso hasta donde fue posible. Los gobiernos de Colombia son sumamente hábiles para eludir las normas internacionales, de todas maneras, si bien es cierto que está pendiente la justicia, pero seguimos trabajando en ese sentido, por lo menos logramos rescatar los 69 huesos plenamente identificados y su ceremonia de acuerdo a nuestra cultura y creencias.

Además, tiene el mérito, en mi concepto, que esta resolución abrió las puertas a la Comisión y si bien los costos que la familia ha pagado por este pronunciamiento en contra de las violaciones de los derechos humanos en Colombia, no es menos cierto que los beneficios son superiores porque muchos son los casos que hoy se tramitan en la Comisión y de allí pueden pasar a la Corte Interamericana.

La dentadura de Luis Fernando Lalinde que fue afectada por la tortura y en donde fueron arrancados tres dientes. / Autor: Fiscalía Colombiana

2. La Indemnización.

Como lo manifesté en la Audiencia del Movice (Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado) la demanda administrativa se convirtió, para mí, en otro viacrucis; la diligencia más deprimente y ofensiva después de conocer todos los padecimientos a los que fue sometido, por integrantes de una patrulla del ejército colombiano, mi hijo mayor, Luis Fernando: despojado de su identidad, sometido a toda clase de tratos crueles inhumanos y degradantes, torturado, asesinado y, años después, esparcidos parte de sus restos en un monte, sumado todo lo que conlleva para la familia la incertidumbre y el dolor; luego y, siendo muy afortunados, comparado con la crisis humanitaria que padece este país, sembrado de fosas comunes y cadáveres sin nombre que navegan por los ríos de la patria, tener que subir, con mi hija, por un monte de pinos después de siete años de búsqueda incesante a escarbar con nuestras propias manos la tierra para rescatar los pocos restos que dejaron de su joven humanidad y luego, como si no fuera suficiente, tener que esperar cuatro años para una plena identificación porque a Luis Fernando no sólo no lo querían identificar, sino que le violaron todos los derechos, incluida hasta la ley de la gravedad porque el cráneo rodó monte arriba, además no había voluntad para la identificación y el médico genetista colombiano lo iba a dejar convertido en un N.N. para toda la vida por un dictamen negativo, pero gracias a la solidaridad que nunca nos ha faltado y al apoyo jurídico y científico internacional la prueba fue repetida en EU por la médica genetista más reconocida que trabaja con las Abuelas de la Plaza de Mayo, la doctora Mary-Claire King. El estudio realizado por ella era tal cual el correspondiente a mi tipo de sangre y también realizó el estudio con cada uno de sus hermanos y sin costo alguno.

Ahora es imposible imaginar lo que se puede sentir después de todo lo que nos han atropellado y ofendido, asistir al Tribunal Administrativo para conciliar nada menos que los perjuicios morales causados y así se trate de un acto simbólico, duele y ofende que la famosa conciliación consista en negociar la vida del hijo y todos nuestros sufrimientos y lágrimas por los gramos oro que la víctima rebaja a favor del Estado. ¡Increíble pero cierto!

Los perjuicios materiales debidamente sustentados no fueron reconocidos y pasaron al Consejo de Estado en el año 2001, pero todo indica que en el Tribunal extraviaron 124 folios que sustentaban los gastos y, más ofensivo aún, niegan haberlos recibido a pesar de las firmas y sellos en las copias. Otro tanto sucedió con el Derecho de Petición que presenté el 1 de diciembre del 2006: no llegó a su destino, teniendo la copia con firma y sello, es decir todo, absolutamente todo en este caso se “desaparece” empezando por la persona de mi hijo; luego lo despojan de su identidad y de sus restos sólo me entregaron una caja de cartón con 69 huesos, sumado al crimen, la total impunidad que es como echarle sal a una herida.

Nunca tuve en mi mente presentar una demanda administrativa, porque consideraba y sigo considerando que la vida no tiene precio y todos los perjuicios morales, las enfermedades y todas las secuelas que nos afectan a toda la familia son irreparables, pero tomé la decisión de hacerla efectiva y la presenté en octubre de 1990 a raíz del montaje con droga, las acusaciones, el desprestigio y las ofensas de que fui víctima y aprendí que el único medio para que el Estado reconozca los atropellos, torturas, ejecuciones extrajudiciales y demás delitos de los miembros de las fuerzas armadas y demás organismos de control es a través de la demanda administrativa. Igual sucede con la Justicia Penal Militar, era el único medio para rescatar el expediente que reposaba en la Octava Brigada, a través del Tribunal Contencioso Administrativo. Se conciliaron los perjuicios morales, y están pendientes los materiales por el extravío de los 124 folios. La demanda cumplió en el mes de octubre 2008, 18 años de haberse presentado. En el momento se halla en el Consejo de Estado.

Fabiola Lalinde

[1Fiscalía investiga a cerca de 800 reclutadores de jóvenes”, Por: Stefanie Matiz Cortés | Elespectador.com — Judicial | 31 octubre 2008.