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Columna de opinión
La grieta que es Voces de Paz
Shameel Thahir Silva / Sábado 17 de diciembre de 2016
 

Voces de Paz en el Congreso es la grieta que las FARC-EP ayudó a abrir en la pared. Todo lo que no esta prohibido de manera explicita, legal o constitucional, se puede hacer, y es ahí donde entra la imaginación en política.

Voces de Paz es producto de los Acuerdos de la Habana, sí pero, como ya se ha señalado mil veces, no los hace parte de las FARC-EP, aunque claramente las FARC-EP se sienten representadas en Voces de Paz en el Congreso de la República para monitorear el trámite de las leyes para la implementación de lo acordado.

Del lugar del que se tiene que salir, y estoy seguro que lo tienen claro, y donde los mismos medios corporativos les quieren arrinconar, es ese en donde el tema mediático relevante y de visibilidad sea “¿son o no miembros de las FARC-EP?” para pasar a los realmente importante ¿qué debemos hacer por el campo colombiano? ¿Cuáles son los abismos en la participación política en el país? ¿Qué es lo necesario para resolver el problema del narcotráfico? ¿Cómo construir una paz estable y duradera? ¿Quiénes son los responsables de la guerra? … Ese pulso con los medios pasa por el miedo de que el terrorismo de Estado sigue vivo y coleando, lo entiendo perfectamente.

A Jairo lo considero un compañero, estudiamos juntos ciencia política, él es estudiante de la misma maestría de la que ya me gradué y en la que muchos que compartimos historias políticas similares nos formamos. Fue secretario general de la Federación de Estudiantes Universitarios y vocero de la Mesa Amplia Nacional Estudiantil (MANE) en momentos tan complejos y gratificantes como el histórico, y ojala no último, paro estudiantil universitario del 2011; en el que nos encontramos en diversas universidades del país empujando entre todas y todos el freno a la reforma neoliberal.

Tenemos diferencias de forma, estúpidas, pero estoy seguro que no de fondo. Como le leí por ahí a alguien, es confiable un tipo que lea a Zizek y sea seguidor de Game of Thrones. Ha demostrado que su pensamiento es elástico y para nada dogmático, es un fiel representante de la juventud que queremos cambiar este país a pesar de las prácticas parasitarias que desprestigian día a día el ejercicio de lo político.

El profesor Toloza me demostró hace años, cuando yo era un adolescente, la vigencia del marxismo en el pre-grado. No sé si su clase de “Introducción al Marxismo” se sigue dictando en nuestra facultad, a muchos les parecerá “anacrónico”, pero también a muchos nos parece necesario. No concibo un politólogo, aunque se crea de derecha, que no entienda el peso que ha tenido Marx y Engels, Lenin y Gramsci en la ciencia política moderna.

Pacho también me enseñó que a pesar del terrorismo de Estado y la persecución, vale la pena alzar las banderas del pensamiento crítico en este país. Le tengo un respeto enorme. Que un fiscal antiterrorismo afirmara que “su pensamiento es terrorista” y al mismo tiempo aceptara que nunca había empuñado un arma, para mí fue un momento épico. A pesar de la obvia injusticia de pasar 4 meses en la cárcel, en ese momento Pacho para mí se convirtió en un superhéroe junto a Miguel Angel Beltrán, Huber Ballesteros y otros titanes.

Al profesor Jairo Estrada le debo que sea la cabeza de los “Marx Vive” en la universidad desde hace años. Insistió e insisto en Marx, aunque les duela, toca insistir en Marx. Las investigaciones económico-políticas del profe Estrada son un aporte invaluable al pensamiento crítico del país. Junto a su grupo de investigación, se ha encargado de diseccionar la constitución del neoliberalismo colombiano y su articulación al salvaje conflicto armado y el terrorismo de estado. En otras palabras, a poner bajo la lupa las causas estructurales del conflicto social, político y armado colombiano. El profesor Jairo Estrada fue el primer director de la maestría antes mencionada, es todo lo que no es el IEPRI.

A Imelda Daza la vi por primera vez en el clásico y triste documental “El Baile Rojo” mucho antes que el Estado colombiano fuera obligado a devolverle la personería jurídica a la Unión Patriótica. Lo que más me impactó en ese momento fue ser testigo en sus ojos de una esperanza que nos habían arrebatado de la manera más salvaje. El solo hecho de enterarme que volvió al país a pelearse el poder de una gobernación, me mereció mi más sincera admiración. Cuando me enteré hace unos meses que casi la matan en un acto en Cartagena, sentí profunda tristeza y al mismo tiempo me llené de más ganas de colaborar en la construcción de un nuevo país. Esa última parte creo que es la que no entienden quienes se atreven a asesinarnos.

De Judith Mojica Maldonado me enteré siendo ella candidata a la gobernación de Norte de Santander. El solo hecho de que la apoyara la Asociación Campesina del Catatumbo (ASCAMCAT) al cargo era para mí prenda de garantía de que es una mujer comprometida con las luchas de los sectores sociales más amplios, diversos y perseguidos.

Eso es lo que conozco. No conozco al resto, pero con la certeza de que están ahí bajo el mismo rasero de quienes sí sé algo. Estoy seguro que son la mejor elección. He leído por ahí de muchas “ciudadanías” que no se sienten representados en ellos, lo entiendo también, no todos venimos de las mismas tradiciones y peleas, pero lo que si espero es que esas manifestaciones varias de “no me representan” no se conviertan en una fea repetición de las divisiones de la “izquierda”. Lo que nos corresponde a todos es acompañar a Voces de Paz.

Cuando le conté a mi papá de la noticia de Voces de Paz, me miró con cara de preocupación y me dijo “¿y todos estos años negando que su facultad era un nido de guerrilleros cómo lo van a contrarrestar?” Son fuertes los efectos del terrorismo de Estado, hasta en lo más intimo se cuela. Le respondí que toca demostrarle a quienes no lo entienden que el pensamiento crítico no es generador de terror sino de progreso humano, que donde algunos ven peligro, los audaces vemos oportunidad.

El lugar de Voces de Paz para el establecimiento es el Congreso. Hasta ahí se sentirán cómodos. La brecha que se está abriendo se ensanchará si somos capaces de usar la imaginación para volver al centro de la pelea el sentido político que le queremos dar a Colombia. Desde el pesimismo esperanzado lo único que quiero es que esta vez sí se pueda.