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Por amor a Bogotá revoquemos juntos a Peñalosa ¡No sean ridículos!
Shameel Thahir Silva / Viernes 6 de enero de 2017
 

Pensé que por lo menos en eso había consenso, pensé. Supuse que para algo tan operativo como recoger firmas para tumbarlo lo obvio era que todas las fuerzas, personalidades e iniciativas que quisieran sumarse a la causa entenderían que en términos pragmáticos y de efectividad política un solo comité era el camino. Me equivoqué, así estamos. Lo bueno es que se le madrugo a la revocatoria.

Cuando me puse a preguntar por ahí las razones para que existieran tres comités y no uno como debe ser, imaginándome como leí en redes sociales a Peñalosa riéndose en el Palacio del Liévano ante este mal chiste, me encontré con que el tercer comité es de gente desconocida para los otros dos comités (seguramente una maniobra peñalosista para dividir más lo ya dividido). Un segundo comité recoge a las tradicionales y/o típicas fuerzas de izquierda, progresistas, democráticas, etc., de la ciudad (en otras palabras las fuerzas que perdimos la alcaldía), incluyendo a lastres tóxicos (en mi opinión personal) como el MOIR. Todo con tal de mostrar una imagen de unidad, aunque sea solo eso, imagen.

No me cansaré de repetir esta frase de cajón: lo importante es la unidad de acción, no de siglas y banderas.

El último comité es de la gente que ha estado moviendo la iniciativa en redes sociales prácticamente desde antes de la elección de Peñalosa y que por esa vía tienen un interesante motor de difusión de todo lo referente con el tema, por lo menos para esa clase media empobrecida-hipster-geek de Bogotá. No olvidemos la gran convocatoria que tuvo “la estampida”.

La verdad todavía es temprano para saber si los anteriores tres párrafos son lo malo o lo feo de la revocatoria, eso lo dirá si lo revocamos o no.

Como era fácil de prever, y al mismo tiempo uno no entiende como no lo vieron quienes le están poniendo la cara a esto, los medios corporativos de comunicación hicieron un festín de publireportajes pro-Peñalosa de esta evidente división. Digan lo que digan, a pesar de las excusas propias o extrañas, es claro que las razones son las de siempre, las ambiciones personales y/o organizativas de lado y lado se pusieron primero que la ciudad y de paso comenzaron mal algo que puede cerrar el 2017 como victoria, que en esa lógica reclamarán como propia (en términos personales u organizativos) o como una tragedia anunciada que denunciarán como siempre como lo inevitable de un sistema sin garantías, antidemocrático godo y protofascista.

Todavía hay tiempo de que en estas dos semanas que tiene la Registraduria para entregar los formularios, los dos comités que harán lo mismo se sienten y se unifiquen. No tiene ningún sentido que hagan esta tarea separados. Uno dirá que tiene el músculo organizativo (financiero sobre todo ¿o para qué sirven los sindicatos?) para recoger las firmas y que pueden hacerlo sin el otro. El otro reclamará tener la astucia de empezar primero, tener las redes a su favor, recoger a esa gente desencantada de la politiquería tradicional de izquierda o derecha. Ninguno tiene argumentos suficientes para competir con el otro, alguno de los dos tendrá que dar un paso al lado y recoger las firmas con los formularios del otro, por amor a Bogotá, y dejar el “amor” propio a un lado.