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Cultivadores de coca exigen implementación de los acuerdos de La Habana
 

En las veredas Carbonero, Potrerito, Arrayanales y Turquía, municipio Mercaderes en Cauca, desde el 26 de diciembre de 2016 el Ejército Nacional viene erradicando los cultivos de coca, desconociendo los acuerdos firmados en La Habana, en especial el punto 4. La comunidad organizada del municipio rechaza las políticas de erradicación forzada aplicadas por el Gobierno Nacional, a través de los hombres de la brigada 29.

La Coordinadora municipal de Cultivadores y Trabajadores de Coca de Mercaderes -Coccam- está dispuesta a la sustitución voluntaria en el marco del punto 4 de los acuerdo de La Habana, pero rechaza la erradicación que se viene adelantando desconociendo el sentido mismo del acuerdo. Dicho acuerdo sostiene que un fundamento indiscutible de la solución definitiva se encuentra en el carácter voluntario y concertado de las comunidades para transitar caminos alternativos a los cultivos de uso ilícito (página 107). A partir de la decisión y compromiso de los cultivadores de abandonar estos cultivos se genera confianza entre las comunidades y se crean las condiciones necesarias para contribuir a la solución del problema de los cultivos de uso ilícito (página 103).

En el punto 4 del Acuerdo queda claro que el programa se tiene que diseñar y ejecutar considerando las diferencias económicas, culturales y sociales de los territorios y de las comunidades que lo habitan (página 103). Esta nueva visión y enfoque diferenciado no está siendo recogida en las propuestas del gobierno. El Acuerdo es claro al considerar que para solucionar el problema de los cultivos de uso ilícito se tiene que promover la “transformación estructural de los territorios y la creación de condiciones de bienestar”; esto implica que se apliquen y respeten “las normas del Estado Social de Derecho” por parte de ambas partes: tanto la ciudadanía como las instituciones (página 100). En lugar de esto el gobierno chantajea a los campesinos para escoger entre miseria y represión.

La historia colombiana está llena de experiencias fallidas, de proyectos asistencialistas sin visión estratégica. Los elementos de análisis de suelos para los cultivos sustitutos, de la transformación en el campo de estos, de la construcción de mercados para los nuevos productos, y de desarrollo de la infraestructura vial y de comunicaciones para la comercialización de los mismo, son todas condiciones imprescindibles para que los programas de sustitución sean eficaces.

Nada de lo anterior se consigue con la velocidad y miseria de presupuestos que ofrece la llamada “Agencia para la Sustitución de Cultivos Ilícitos” en representación del Gobierno Nacional. Pareciera que a sus funcionarios civiles sólo les interesa la erradicación a un mínimo costo, convirtiéndose en simples ayudantes que promueven la represión y la labor de los erradicadores militares.

Se exige el trazo de una hoja de ruta o metodología de trabajo acorde con las realidades del campo colombiano y que se instale una mesa de interlocución, concertación y acuerdos en el municipio Mercaderes para la implementación de lo acordado en La Habana. Se debe iniciar por la suspensión inmediata de la erradicación forzada porque estas comunidades han manifestado públicamente su voluntad de sustituir. Se exige además que se respete la organización campesina de todos los cultivadores, agrupada nacionalmente en la Coccam.

Se responsabiliza al Gobierno Nacional, departamental y municipal por lo que pueda suceder con ocasión de la erradicación forzada ya que la comunidad campesina de Mercaderes no va a permitir que se erradique una mata de coca más, dado que este cultivo –mientras no exista un sustituto que funcione- es el que les da el sustento a las familias campesinas mercadereñas.

La paz se construye con los campesinos de Mercaderes.