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Errores del M-19 que no deben cometer ni las FARC ni el ELN
“Hay que mantener la unidad de cuerpo de las estructuras. Mire, cuando la gente forma parte de una organización que pretende transformar la sociedad busca un proceso o una apuesta política, no una apuesta individual”. Entrevista con el excombatiente del M-19 Javier Forero
Nelson Lombana Silva / Sábado 1ro de abril de 2017
 
Javier Forero, excombatiente del M-19. Foto Nelosi.

La entrevista es con el excombatiente del M-19 Javier Forero. Estuvo de paso por Ibagué participando del lanzamiento de la mesa de organizaciones sociales por la paz.

No se amilana, ni se disminuye al reconocer que el M-19, básicamente su comandancia, se equivocó y en vez de hacer política como era su objetivo una vez la dejación de las armas, se dedicó fue a la politiquería, según señala el excombatiente de esta organización guerrillera.

Desde Ibagué, le pide excusas al pueblo colombiano por cuanto los ideales que animaron la lucha guerrillera, después de la entrega de las armas se esfumaron en las alturas de la dirección del M-19.

Con fundamento en esa amarga experiencia, el excombatiente Javier Forero llama a la guerrilla de las FARC-EP y al ELN a no cometer los errores que cometió su organización.

Desde esa perspectiva, el primer llamado es a mantener la unidad de cuerpo de las estructuras. En segundo lugar, la unidad no se hace con todo el mundo; y tercero, no perder la estructura orgánica ni los ideales de lucha. Son como los tres elementos esenciales que anota el compañero Javier Forero.

“Nosotros tuvimos una total orfandad, nosotros quedamos totalmente disgregados”, dijo. “Cuando uno pierde el sentido de organización, el proyecto político es mucho más difícil de desarrollar”.

Reconoce que el M-19 renunció a la política y se dedicó a la politiquería. Se dedicó a pensar solo el tema electoral y se olvidó de las bases y la dinámica diaria con las masas, entonces el M-19 aparecía cada dos y cuatro años, solo en períodos de elecciones.

Reconoce la complejidad de la unidad, que no se puede hacer con todo el mundo, que es necesaria y fundamental. Dice sin ambages que, para que esta se dé, “hay que acabar con los egos”.

La entrevista completa con el excombatiente del M-19 Javier Forero es la siguiente:

—¿Cuál es la experiencia del M-19 en el proceso de paz?

—Fundamentalmente es un camino que todos debemos recorrer y debería haber recorrido hace mucho tiempo en el caso de los compas del ELN y las FARC.

Digamos que, como parte del proceso, tendríamos algunos elementos que aportar. Hay que mantener la unidad de cuerpo de las estructuras. Mire, cuando la gente forma parte de una organización que pretende transformar la sociedad busca un proceso o una apuesta política, no una apuesta individual.

Digamos que bajo el imaginario de la gente hoy se están planteando unas lógicas un poco diferentes, piensan que la presencia del movimiento guerrillero del ELN o de las FARC ha sido una presencia por conseguir una beca, un carro, la asignación de un estipendio para la reintegración.

Eso no es cierto. Desde la lógica de cada uno de los hombres y de las mujeres que han formado parte de la guerra, su propósito ha sido diferente, ha sido de transformación y de hecho hacer parte de estas organizaciones o movimientos lo coloca a uno en un escenario diferente.

Es decir: yo no soy el trabajador normal o el trabajador que se complace o que se llena con cumplir una jornada laboral yendo a la fábrica o yendo a la oficina, porque es que mi razón de ser como vida ha sido otra, ha sido una forma de vida diferente, política, de relación con la comunidad, de buscar otras alternativas. Ahí es donde hay que mirar lo que nos sucedió a nosotros. Nosotros tuvimos una total orfandad, nosotros quedamos totalmente disgregados, organizativamente perdimos el sentido de organización y cuando uno pierde el sentido de organización, el proyecto político es mucho más difícil de desarrollar. ¿Qué es lo que podríamos en términos objetivos plantear como experiencia? Eso.

Hoy venimos caminando un camino mucho más doloroso y es tan tarde recomponer y juntar esas esperanzas de esos hombres y esas mujeres que hicieron parte del proceso y que hoy aún quieren, desean y aspiran cumplir con lo que nos comprometimos cuando hicimos la dejación de armas: paz y justicia social.

—Usted hace una autocrítica seria como M-19. Ha dicho que este movimiento en vez de salir a hacer política, salió fue a hacer politiquería. ¿Cómo entender esta afirmación?

—Sencillo, hermano. Nos metimos en el tema de que era hacer presencia en el Congreso y eso generó un fraccionamiento en la organización. Porque fue que nos metimos en la lógica que yo ya a vos no te trataba como el ciudadano, como el compañero, como con aquel que buscábamos transformar la sociedad, si no eres un voto posible y caímos en la misma lógica politiquera de los partidos tradicionales y era aparecer cada dos y cuatro años para hacer una representación más bien en el Congreso con el senador que puede denunciar o dos senadores que pueden denunciar, pero que realmente no construyen desde la comunidad y su excusa “chimba”, porque es una excusa “chimba”, es que nosotros desde aquí del Congreso estamos haciendo patria.

Eso es “chimbo”, mano, porque parte del ejercicio de los congresistas es de representación de las comunidades y de que su voz sea expresada ahí, pero cuando estos “manes” se quedan solamente de la casa al Congreso y del Congreso a San Andrés a descansar, pues pierden el sentido y se desligan del trabajo comunitario.

Ahí es donde uno tiene que hacerse la reflexión. Nosotros caímos en esa lógica perversa y digo que caímos en esa lógica perversa, porque nos volvimos solamente de elección en elección y para de contar. Vuelvo y digo: Sí es necesaria la participación electoral, pero esa participación tiene que estar ligada en el territorio con la gente y tiene que estar construida en los procesos de transformación.

Miremos el tema de la salud, es un tema en el que tenemos que avanzar. El fenómeno de la salud ha colocado más muertos que los que ha colocado la guerra, lo que llegó a colocar las FARC en 50 años de guerra como muertos caídos en combate. Esa ley 100 de 1993, aprobada por el Congreso de la República y auspiciada por Álvaro Uribe Vélez, ha asesinado más gente y ha asesinado más niños que el mismo conflicto armado colombiano.

En ese tipo de prácticas, en ese tipo de articulaciones, de organizar con las comunidades y buscar alternativas es donde nosotros fallamos, nosotros fallamos fue en que nos quedamos solamente en la campaña electoral, el proyecto político, la coalición o los acuerdos para saber quiénes eran los próximos candidatos y ahí perdimos el norte y perdimos el sentido de la lucha.

—¿Cómo recuperar ese tiempo perdido y colocar de nuevo en el centro esos ideales genuinos que enarboló el M-19 desde la clandestinidad?

—Que tiene el M-19, porque nosotros decimos: quienes estamos en este trabajo aún seguimos bajo esa perspectiva y lo que hemos venido haciendo es esto, participar de estos escenarios y reencontrarnos con los compañeros y fundamentalmente reencontrarnos con la comunidad, para decirle: Sí, la embarramos y como la embarramos y no hemos cumplido, seguimos en el propósito de intentar cumplir en ese propósito de transformación social. Ahí es donde nos venimos encaminando.

—El Che decía que la unidad es táctica y es estrategia. ¿Cómo hacerla posible con tanta polarización y complejidad en la izquierda colombiana?

—Hay que acabar con los egos fundamentalmente para poder hacer la unidad, porque se necesita y de qué manera. Coincido con los compañeros que en lo táctico y lo estratégico es coincidente al tema, pero también hay que entender una cosa: que la unidad no se hace también con cualquiera.

Puede sonar muy contradictorio, porque se supone que la unidad debe ser entre pares iguales de diferentes escenarios o de diferentes sectores, pero vos también tienes que conocer con quien te unes, hasta dónde va y qué tipo de práctica en su vida genera.

Que es donde uno tiene que ser muy cuidadoso. Te lo voy a colocar en el siguiente ejemplo que para mí es lo más sencillo para tratar de aplicar en el tema de las alianzas políticas: Si yo sé que usted como socio es un socio ventajoso y nos proponemos montar una mueblería, ¿cuál va a ser el resultado de esta sociedad? Que el socio ventajoso saque tajada de la sociedad.

Es lo mismo que sucede en la política o en la politiquería fundamentalmente, porque aquí la política electoral no se trabaja con honestidad. Y, claro, tenemos muchas desconfianzas frente al tema, podemos ir y hacer las cosas, pero tenemos que tener los mecanismos que eviten que el socio ventajoso siga sacando provecho de este proceso. Por eso, la unidad no se hace con cualquiera.

O, sencillamente, por ejemplo, si usted me invita a hacer sociedad, pero es que resulta que usted, yo estoy pretendiendo hacer una sociedad, usted se me plantea como socio y lo que usted pretende generar a través de nuestra empresa es un lavado de activos, eso es una actividad ilegal lo que usted pretende desarrollar ahí, por eso no se puede desarrollar la unidad con cualquiera.

—Sin embargo, hay que persistir en la unidad. No hay otro camino. ¿Qué opina usted?

—Claro, sí. Eso es cierto. Pero es que la unidad no se hace únicamente con ese tipo de personajes, la unidad la tenemos que hacer entre las bases que somos los que realmente podemos desarrollar. ¿El problema sabe cuál es? Que entre nosotros mismos no nos creemos que somos capaces sin necesidad de buscar caudillo o un redentor que nos venga a salvar en la vida.

Y ese es el fenómeno que dificulta los procesos porque lo que empieza uno es a mirarse perplejo. La pregunta común del momento es: Y, ¿quién es el candidato ahora? El candidato es el pueblo, el candidato es la gente. Lo que nosotros tenemos que garantizar es que de los que formamos parte del montón, el que salga a representarnos, cumpla con lo que se comprometió con nosotros. Si no, quítese de ahí, hermano, y el espacio es para otro. Ahí es donde debe funcionar la revocatoria del mandato.