Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

Opinión
La doble moral del Parlamento colombiano
Lo que demostró el Parlamento una vez más fue su cobardía, el miedo a que una nueva y promisoria fuerza que está naciendo se materialice y ponga al desnudo 53 años de infame mentira y violencia de Estado.
Nelson Lombana Silva / Domingo 30 de abril de 2017
 
Foto: queulat00 364PlazaBolivar via photopin (license)

No sorprendió pero sí indignó la postura del Parlamento colombiano de impedir que sesionara el Congreso Nacional de Paz en este recinto, con el peregrino cuento de la asistencia de una comisión de las FARC-EP y del ELN.

Acertada la decisión de los organizadores del magno evento de realizarlo en la plaza Simón Bolívar. Eso demuestra dos cosas bien contrarias: La debilidad ideológica de la clase dominante y la entereza del pueblo de impulsar la paz con justicia social.

En ese sentido, resulta contundente la declaración del comandante Iván Márquez, según Telesur: “Quien se atreva en esta hora decisiva a levantar la bandera del odio y la violencia, es porque ha perdido la razón”.

La postura del Parlamento refleja indudablemente la doble moral. ¿Qué hizo cuando los asesinos paramilitares inundaron no solamente la Casa de Nariño, sino el Parlamento, desplazándolos de sus sillas para ellos ocupar esas curules? ¿Tiene autoridad moral el Parlamento cuando más del 30 por ciento fue elegido por paras y narcotraficantes?

Lo que demostró el Parlamento una vez más fue su cobardía, el miedo a que una nueva y promisoria fuerza que está naciendo se materialice y ponga al desnudo 53 años de infame mentira y violencia de Estado.

Teme la rancia oligarquía colombiana la fuerza formidable que significa la paz con justicia social, el papel revolucionario de la insurgencia, que hoy comienza a salir a flote después de tanta incomunicación mediática. A eso le teme la vieja clase dominante. Por eso insiste en enlodar el proyecto político de la insurgencia.

Esa mentira repetida mil veces de que la guerrilla de las FARC-EP era la responsable de todos los males del país, la causante de la violencia y de la crisis económica, se viene a tierra estrepitosamente con los hechos claros, precisos y concretos que hoy más que nunca brillan inmaculados en el firmamento colombiano.

Lucha por todos los medios para que la guerrilla reincorporada a la vida civil no tenga contacto con las masas. ¿Por qué? Porque sabe de la enorme falacia a la que ha sometido históricamente al pueblo en su conjunto.

El pueblo campesino e indígena, que ha sufrido la atroz violencia, sí sabe con claridad quién es el victimario y quién es la víctima. El pueblo citadino no lo sabe, el conflicto lo ha visto “a través de la televisión comiendo crispetas y tomando Coca-Cola”, dijo acertadamente la guerrillera fariana Simona Luna Bolchevique en el congreso regional realizado en Ibagué (Tolima). Es más: Ha recibido una información tergiversada y descontextualizada de la realidad.

El pueblo común y corriente no sabe que RCN, Caracol, El Tiempo, El Espectador, etc., son medios de comunicación puestos al servicio de la clase dominante (oligarquía). Por allí pasa la versión exclusiva de la clase dominante y al cabo de las quinientas dejan pasar alguna opinión de la clase dominada (pueblo). Pero una verdad, entre un millón de mentiras, realmente se pierde, se diluye.

Este es un truco bien guardado de la clase dominante que teme se convierta en un bumerán ahora que la guerrilla se dispone a exponer públicamente su proyecto político y el pueblo desinformado y alienado comienza a entender que la guerrilla no es ese monstruo que dichos medios le vendieron durante más de 53 años.

Por eso hace esa gran payasada de impedir que un congreso tan importante se realice allí con argumento tan estúpido y traído de los cabellos como el que ha planteado en esta oportunidad. Produce hilaridad.

Pero a su vez, demuestra su catadura a las anchas. Esta es una oligarquía atrasada y temerosa que se ha sostenido sobre montañas de mentiras y crímenes horripilantes. Así las cosas, la disputa por aclimatar la paz no es de poca monta, se hace necesario fortalecer la unidad. No hay otro camino.

Con estos desaires a la paz por parte de la clase dominante, se hace necesario profundizar la unidad en aras de la paz con justicia social para decirle adiós a la guerra y darle la bienvenida a la paz con justicia social. Este es un compromiso de todos y todas. Por lo tanto, hay que acoger las conclusiones del congreso de paz realizado al aire libre en la plaza Simón Bolívar en Bogotá. Todos trabajar como obreros en esta hermosa tarea de buscarle una segunda oportunidad a Colombia.