Agencia Prensa Rural
Mapa del sitio
Suscríbete a servicioprensarural

Necesidad urgente de unidad en el movimiento de los “corteros” de caña
Nuevas formas organizativas obreras y acción popular para enfrentar la mecanización del corte de caña
Fernando Dorado / Jueves 9 de abril de 2009
 
Ubicación general de los ingenios azucareros

El proceso de organización de los trabajadores “corteros” de la caña de azúcar en el Valle y norte del Cauca está en grave peligro. Dicho proceso viene caminando – en su última etapa - desde hace unos seis años. El año pasado (2008) se manifestó con el fuerte y exitoso paro iniciado el 15 de septiembre. Casi dos meses duró la heroica resistencia. Este hecho anunció el resurgir del movimiento obrero colombiano motivando gran simpatía y solidaridad a nivel nacional e internacional. Hoy la mecanización del corte de caña es la herramienta para acabar con la organización obrera.

Breve recorderis de una heroica lucha

Los trabajadores “corteros de caña” obligaron a los poderosos y arrogantes empresarios a negociar. Uribe y su gobierno fueron desenmascarados al colocarse del lado de los monopolios azucareros, aspecto que era de conocimiento de los dirigentes pero que las bases obreras ignoraban y constataron con toda claridad. La lucha hizo más conscientes a los proletarios cañeros de las inmensas posibilidades que tienen cuando se unen y organizan. Ahora son mucho más conscientes de su fuerza.

De igual forma el paro colocó en el ambiente nacional y en el escenario laboral el tema de las Cooperativas de Trabajo Asociado (CTA) y la precariedad de las condiciones de vida y de trabajo de los “corteros” y sus familias. Los empresarios y el gobierno sintieron el peso del movimiento y se esforzaron por desgastarlo. Los primeros, utilizaron las negociaciones individuales por ingenio para debilitar la unidad (y lo lograron en parte). También obligaron a los trabajadores industriales y administrativos, y a otros sectores de la población que depende de la producción fabril, a movilizarse contra el paro. Intentaron aislar al movimiento utilizando falsos argumentos: que existían intereses políticos ocultos y manipulación de actores externos. No lo lograron.

El Gobierno, como siempre, criminalizó la lucha montando “falsos positivos” de supuestas relaciones de los trabajadores con las FARC. Consiguió la retención temporal de cinco dirigentes que todavía hoy tienen sobre sus cabezas un juicio que se va a iniciar por estos días. El gobernador del Valle hizo amagues de mediación pero ni él ni el grueso de la clase política (alcaldes, concejales) se pusieron del lado de los trabajadores. Sólo el PDA, Piedad Córdoba y uno que otro parlamentario tomaron partida por los “corteros”.

La lucha tuvo características muy importantes. Lo más importante fue la construcción de la unidad por la base. A pesar de la existencia de multiplicidad de sindicatos [1] y de 140 CTA, el instinto obrero y la conciencia de su situación se puso por encima de cualquier interés particular. La acción directa, confiscación de la producción y de máquinas cortadoras de caña, las marchas, los bloqueos de carreteras en Candelaria y otros sitios, el acercamiento con la Minga indígena, fue la dinámica que los mantuvo firmes y decididos a sostener la huelga y derrotar la intransigencia patronal y gobiernista.

La solidaridad fue un elemento importante en términos materiales. La importancia de la lucha contra las CTA exigía una solidaridad más fuerte y decidida. Se hizo evidente la debilidad del resto del movimiento obrero y la postración de las centrales sindicales. La solidaridad política fue la gran ausente.

Formas organizativas y de lucha

La debilidad de la organización obrera (y sindical) es un problema mundial. Las transformaciones post-fordistas [2] resquebrajaron, y en algunas partes, destruyeron completamente los sindicatos y confederaciones obreras. Los avances tecnológicos y las nuevas formas de organización empresarial a nivel global impulsaron y facilitaron este proceso, que ha sido estudiado por los investigadores sociales pero no ha sido comprendido a fondo por la dirigencia obrera.

Lo que viene ocurriendo en el caso de la organización de los “corteros de caña” y su movimiento, es un fenómeno muy interesante. Es una lección obrera, una pista que nos envían los “corteros”, que debe ser seguida y trabajada porque tiene implicaciones futuras para la reconstrucción del movimiento obrero mundial.

Las CTA fueron creadas por los empresarios para sobreexplotar a los trabajadores. Eso está claro. Sin embargo, en el camino, fruto de la necesidad, no porque lo hubiera planeado alguien, estas “cooperativas” fueron convirtiéndose en formas de aglutinación y organización obrera. Quienes reducen la organización obrera únicamente a la forma sindical, que ven a las CTA únicamente en su forma empresarial, no perciben ni valoran esa situación. Ellos colocaban el acento en acabar con las cooperativas y, por tanto, estaban negados a interpretar la nueva situación.

La mayoría de los trabajadores vinculados a las cooperativas tienen sentido de pertenencia a ellas. Se identifican por sus nombres, se preocupan por su administración, aunque no todas desarrollan relaciones democráticas o participativas. Al fin y al cabo es a través de ellas como obtienen su sustento y el de sus familias. Esta situación la pudieron percibir algunos dirigentes que – desde el terreno político-electoral – pudieron vincularse al movimiento obrero en ciernes.

Como estos compañeros no tenían el “esquema sindical” en la cabeza, pudieron apoyar la organización del movimiento sin mayores dificultades. “Juntaron lo que ya había en camino”, ayudaron a unir a las bases de las cooperativas, y así surgió el Movimiento 14 de Junio, que como dice un dirigente sindical tradicional “no sabemos qué es”. “No sabemos si es un partido político, una fundación, una ONG, o qué es”. Y, es cierto, es un proceso en construcción que hay que saber comprender (leer) para poder consolidar.

Son diversos los hechos a evaluar. Todos los trabajadores sindicalizados, que son sólo un 20% del total, pertenecen paralelamente a las cooperativas (en total 9.732 corteros). Durante el movimiento se presentaron otras situaciones que deben contemplarse: las esposas (compañeras, cónyuges) de los corteros y sus familias, participaron activamente en el paro, sosteniendo económicamente a sus familias, marchando en las calles, encabezando bloqueos de vías, buscando solidaridad, e incluso, sosteniendo mental y espiritualmente a sus esposos. También, de alguna manera, trabajadores informales, desempleados, estudiantes, solidarios, participaron y ayudaron para sostener la lucha obrera.

Sin embargo, estos esfuerzos no se materializaron en participación real en la orientación del paro o en la toma de decisiones. Se realizaban asambleas informativas pero no eran formas organizativas democráticas. Desgraciadamente no se pudo construir un ambiente de trabajo realmente unificado. Durante toda la lucha, la unidad estuvo interferida. No por una actitud consciente o malintencionada de la dirigencia de los tres sectores (político-sindicales) que integraban el proceso sino porque sus intereses particulares no les permitieron entenderse a plenitud. Esta situación impidió el desarrollo pleno de una democracia obrera y debilitó el movimiento. Nunca la dirección (que se redujo a la comisión negociadora) logró percibir la inmensa fuerza de sus bases y menos canalizarla hacia formas creativas de organización y acción popular.

Si lo hubieran percibido, como mínimo, se habrían podido organizar paros cívicos en todas las poblaciones que hacen parte del área cañera, y fácilmente se hubiera logrado que los trabajadores del Ingenio La Cabaña se sumaran al paro cañero. Y con dicha fuerza, el Gobierno y los empresarios habrían sufrido una derrota monumental, plena y contundente.

El debate sobre las formas de organización debe profundizarse. La organización obrera no debe reducirse a la forma sindical, pero tampoco el problema se resuelve creando una sola cooperativa, como creen algunos compañeros del Movimiento 14 de Junio. Esa “solución” solo juega a favor de los empresarios que van a poder burocratizar y controlar una gran cooperativa sin acabar con la tercerización laboral, esencia del problema. Además, lo más importante, ese hecho le quitaría la dinámica participativa que las cooperativas pequeñas les han permitido a los trabajadores, que ha sido la gran condición que le dio vida al movimiento.

La tarea inmediata es fortalecer la unidad. Por arriba (dirigencia) y por abajo (bases). Hay que crear coordinaciones obreras en las que participen en igualdad de condiciones los trabajadores sindicalizados, los no sindicalizados y los de las cooperativas. En todas las cabeceras municipales y pueblos deben constituirse asambleas permanentes, amplias y participativas, con formas de funcionamiento democrático, que tengan expresión al interior de los ingenios y de los barrios. Hay que propiciar la participación organizada y plena de las mujeres, los familiares de los corteros, los desempleados y la población en general. De esa gran “olla obrero-popular” saldrán nuevas formas de organización proletaria que cosecharán nuevos triunfos y deberán ser escenario de construcción de conciencia socialista.

Toda esa riqueza construida con los brazos de los trabajadores tendrá que servir para resolver los grandes problemas de la nación y de la región. ¡No más monopolio al servicio de la exclusión y la miseria!

La situación actual y la mecanización del corte

La situación actual es muy delicada. Los empresarios han evaluado la situación y le temen a dos cosas muy puntuales: el fortalecimiento del movimiento obrero, y la unidad con otros sectores sociales, en especial con el movimiento indígena. Ellos saben que esa “alianza maravillosa” (corteros - indios - campesinos) es mortal para sus pretensiones de mayor explotación laboral y de expansión territorial.

Tras telones tenemos un peligro potencial que hay que evitar a todo trance: que el camino de la violencia paramilitar sea desencadenado por los empresarios frente a provocaciones y aventuras armadas que puede intentar la insurgencia (o que también puede ser montada artificialmente por ellos). La acción obrera civilista y la vigilancia obrera consciente para evitar provocaciones es la respuesta.

Por otro lado, el plan de mecanizar el corte de caña va con todo [3].

El impacto social que se viene va a ser muy amplio y fuerte. No sólo es el trabajo de los corteros. Amplias masas de población marginada sobreviven de los ingresos de los corteros. Todos van a ser afectados por esta avalancha de desempleo. Se impactará a los dueños de vivienda (arrendadores), tenderos, vendedores de chance, lotería, comidas informales, pasando por los transportadores y toda clase comerciantes, hasta las mismas administraciones municipales de más de 20 municipios y más de cien pueblos pequeños. Los costos sociales son enormes.

Propuestas de acción

El momento es de acción concertada. Y hay que hacerlo con visión amplia y civilista. El responsable principal es el Gobierno. Es la política económica y laboral la que está detrás del problema. Los empresarios también tienen una amplia responsabilidad social con la región y con los trabajadores. La deuda social, económica y ambiental que tienen con la sociedad es enorme [4]

Por ello, en forma resumida se presentan las siguientes propuestas:

1. Hay que fortalecer la unidad obrera y popular en torno a este problema. Esto es fundamental. Hay que ponerle cabeza y organización obrera a esta lucha.

2. Debemos convocar a universidades, economistas, profesionales demócratas y demás sectores académicos para que nos ayuden a formular una propuesta integral. No con la concepción de negociación sindical (economista) sino con la visión de la Minga indígena (política).

3. En primera instancia, no se puede permitir que la mecanización del corte continúe. Hay que pararla.

4. Hay que involucrar a alcaldes, concejales, gobernadores del Cauca y Valle, Juntas de Acción Comunal, otras formas de organización de la población, sobre la base de impulsar la propuesta obrera y popular. No para colocar al movimiento a la cola de los políticos.

5. Hay que iniciar una campaña de difusión del problema, conseguir recursos económicos para financiar la lucha, y hacer de esta lucha una causa de todos.

6. Debemos participar en el proceso de coordinación regional (suroccidente colombiano) y prepararnos para llevar propuestas a la Gran Cumbre Social y Política que se viene preparando a nivel nacional.

El momento es de lucha y organización amplia. Que los intereses grupistas cedan al interés colectivo en bien de la lucha obrera y popular. Muchos ojos están detrás de nuestra acción y muchas esperanzas hay en el resurgir obrero. No seamos inferiores al momento.

Adenda: En una sola década se perdieron en Colombia 950 mil contratos de trabajo asalariado, mientras los independientes o "contratistas individuales" aumentaron en 2,7 millones, sector en el cual la población femenina representa el 57,9%. El nivel de sindicalización en Colombia es muy bajo (4,5%). Mas del 80% de los trabajadores sindicalizados son del sector estatal, los servicios y el transporte. Los trabajadores de la industria sindicalizados no llegan al 1% del total.

[1Sindicatos de industria o sector: Sinalcorteros, Sintraicañazucol, Sinaltrainal; sindicatos de base o por empresa: Sintracauca, Sintraincabaña, Sintraindulce, Sintraindul CTC, Sintraprovidencia CTC, Sintracañavalc, Sintrapichichi CTC, Sintrasancarlos CGT, Sintracarmelita, Sintracastilla, Sintrariopaila.

[2Cambios post-fordistas que consisten en la transectorización, desconcentración, descentralización y desmantelamiento de los procesos productivos, y las transformaciones operadas en la legislación laboral, la desregulación y la tercerización de la contratación, trabajo temporal, informalidad, y otras.

[3Las áreas mecanizadas en el corte son (aprox.): Incauca 20%, Providencia 35%, Manuelita 45%, Mayagüez 20%, Carmelita 15%, Central Castilla 25%, Central Tumaco 10% , La Cabaña 0% y María Luisa 0%.]. En los últimos meses se importaron 60 máquinas de las cuales las de mayor potencia reemplazan hasta 120 trabajadores cada una. Los argumentos: que los costos laborales en Colombia son muy altos, que la competencia internacional los obliga a tecnificar, que el trabajo de los corteros es inhumano, que la mecanización es del 100% en Australia y EU, y que en México es el 16%, Brasil 36% y Argentina 65%. Asocaña plantea: “Es cuestión de supervivencia. La industria azucarera no puede depender del trabajo de los corteros. Hay que sopesar los impactos y buscar alternativas laborales para los corteros”.

El presidente del ingenio Riopaila-Castilla, Bernardo Quintero Balcázar, dijo: "Los sucesos recientes que son de conocimiento público, convirtieron el corte manual de caña en Colombia en el más caro del mundo occidental. Esta circunstancia nos obliga a mecanizar, no obstante que tiene un costo social alto"[[Portafolio, 12.12.08

[4Ver: Pérez Rincón, Mario y Álvarez, Paula. “Deuda social y ambiental del negocio de la caña de azúcar en Colombia”. Grupo Semillas, Bogotá, abril 2009. Primera Edición.