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A propósito de Salomón Kalmanovitz
Apología del terrorismo sionista en Colombia
Renán Vega Cantor / Viernes 24 de abril de 2009
 
El economista Salomón Kalmanovitz

A raíz de la masacre del pueblo palestino que se convirtió en noticia por el criminal bombardeo del estado sionista de Israel, en todo el mundo el lobby mediático judío se ha dado a la tarea de difundir la idea de que las víctimas son ellos, los genocidas, que sólo han actuando en “legitima defensa” contra los ”terroristas” palestinos, en este caso de Hamas. En Colombia no han faltado las expresiones de apoyo al genocidio del pueblo palestino, por parte de ciertos plumíferos. En esta ocasión nos vamos a referir a uno de los escritos más detestables al respecto, al de Salomón Kalmanovitz, en la actualidad decano (¡!) de Economía en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, titulado “Israel de mis afectos” y publicado en El Espectador, el 18 de enero de este año.

Este artículo, indicativo por proceder de un autor de renombre que alguna vez fue de izquierda, demuestra hasta dónde puede llegar la miseria intelectual y moral de los conversos. Además, como quien lo escribe presume de ser historiador, resulta notable que en el artículo mencionado se repitan grandes mentiras sobre Palestina, con un grado de elaboración tan elemental que no llegan siquiera a tercero de Primaria.

Kalmanovitz empieza afirmando que “el estado judío surgió de la necesidad de un pueblo de defenderse del antisemitismo, recuperarse del genocidio a que fue sometido por los nazis alemanes, de establecer un hogar nacional donde pudiera prosperar en paz, en un régimen democrático que ofreciera educación universal y desarrollara la ciencia y la tecnología. Debió nacer como un estado binacional, reconociéndole al pueblo palestino aspiraciones similares que no se habían concretado hasta 1948, pero eso no fue posible en su momento”.

Si el estado de Israel nació como producto de la persecución nazi a los judíos, no dice nuestro autor por qué razones el territorio escogido para construirlo fue la Palestina histórica, poblada desde hace siglos. Para que allí se instaurara el estado de Israel, sus fundadores sionistas procedieron a expulsar desde 1947 a los palestinos, mediante el terror y el crimen organizado. Kalmanovitz no informa por qué ese estado no se implantó en Europa, ya que eran países europeos los responsables de la persecución de los judíos. Por qué tenía que ser el pueblo palestino el que cargara con la culpa del crimen cometido por los europeos, porque al fin y al cabo los nazis eran europeos. Menciona que no fue posible en su momento el establecimiento de un estado binacional, como si fuera producto del azar, y no de la decisión de los jefes sionistas de expulsar a los palestinos, mediante la destrucción de sus hogares y con el destierro forzoso de millones de ellos, destierro que se mantiene y se amplia desde entonces.

Luego de esas afirmaciones, y sin un hilo de continuidad histórica, Kalmanovitz sostiene que dos movimientos islámicos, Hamas y Hisbulat, apoyados por Irán, “niegan el derecho de Israel a existir y, por lo tanto, a cualquier posibilidad de negociación con el ente a desaparecer. Su carácter religioso informa que creen en su supremacía y están por la erradicación de cualquier culto que les compita”.

El combate que libran los palestinos y Hamas contra Israel no es, entonces, porque sus tierras hayan sido ocupadas y soporten un criminal proceso de genocidio y colonización. En forma simplista el asunto se explica por el carácter religioso de Hamas, lo cual es el argumento del propio estado de Israel y del lobby judío internacional, que entre otras cosas olvida que el fundamentalismo islámico surgió, apoyado por Israel y Estados Unidos, para oponerse a los proyectos revolucionarios laicos, que alguna vez encarnó la Organización de Liberación de Palestina y otros movimientos árabes. Tampoco se menciona el carácter clerical y fundamentalista de Israel y sus clases dominantes, que se apoya, por lo demás, en el pobrísimo argumento que Palestina les pertenece por una especie de mandato sagrado. Éste es uno de los mitos fundadores del estado de Israel, a partir del cual ha justificado sus crímenes.

Prosigue nuestro balbuceante autor, diciendo que “a pesar de que ganó las elecciones en Gaza, Hamas no se comporta como un estado que establece relaciones con el mundo, respeta el derecho internacional y protege a sus ciudadanos. Hostiga el sur de Israel enviando entre 50 y 70 cohetes diarios, que han obligado a construir costosos refugios, interrumpir muchas veces al día las actividades económicas y sufrir bajas y heridos entre la población civil”.

Resulta de un gran cinismo acusar a las sometidos cuando se defienden y exaltar a los poderosos, como lo hace Kalmanovitz, porque Israel es uno de los estados mejor armados del mundo y cuenta con uno de los ejércitos más grandes del planeta, mientras que los palestinos no pueden ni siquiera usar sus armas de fabricación casera. Además, si se habla de violaciones al derecho internacional, Israel es de lejos el campeón mundial porque ha desconocido todas las resoluciones de la ONU, no respeta ningún tipo de convención internacional, practica la tortura y el asesinato sistemático, incluidos niños y ancianos, no tiene fronteras fijas, pregona el racismo... Y si hablamos de muertos entre la población civil, resulta descarado no referirse a los miles de palestinos ejecutados a sangre fría y con cálculo bestial por los dirigentes del estado de Israel, como se acaba de demostrar con el genocidio de la Operación Plomo Fundido.

Más adelante, agrega Kalmanovitz que “como lo ha mostrado Bernard Henry-Levy, las bajas israelíes son pocas, porque el Estado protege a sus ciudadanos con rigor y eficiencia”. Claro, tenía que basarse en uno de los plumíferos mejor pagados por el estado de Israel, y que con un descaro sin parangón cubre el ataque a Gaza, léase bien, transportado en los tanques de Israel, ¡lo cual le concede una gran objetividad! Por supuesto, en Palestina la gente muere porque Hamas no los protege con eficiencia, como insinúa entre líneas Kalmanovitz, y por eso hay más muertos en Gaza que en Israel. Como esa afirmación no puede catalogarse de ignorancia, hay que considerarla como una vulgar apología del crimen y un aplauso a los asesinos.

Esto lo reafirma líneas abajo Kalmanovitz al sostener, sin tapujos, que “los terroristas de Hamas se refugian en mezquitas, colegios, universidades y hospitales en Gaza para efectuar sus lanzamientos de Qassam y Katiushas de mediano alcance. Atacan a la población civil israelí y se refugian entre su propia población, a la que considera instrumento de inmolación, ambos violatorios de los derechos humanos. Es la vieja táctica de los escudos humanos”.

Es Hamas y la resistencia palestina la que se inmola por deporte, y no es que Israel los asesine desde aviones, helicópteros y tanques. Las mezquitas, universidades, colegios y casas de la zona ocupada se destruyen es por culpa de Hamas y no de los bombardeos cobardes de Israel. No son los sionistas quienes violan los derechos humanos, cuando masacran y destruyen, sino los palestinos, que ni siquiera pueden ejercer su legítimo derecho a la defensa, explicable porque su territorio ha sido colonizado por los israelitas. Esta es la justificación de la “retaliación colectiva”, que Israel es uno de los pocos estados en el mundo en predicar y aplicar.

Kalmanovitz sostiene líneas más abajo que “los llamo terroristas porque su estrategia contra Israel es paralizar de miedo a su población ante un gobierno que, consideraban ellos, no se atrevería a vulnerar los escudos humanos en que se refugiaban. Despiertan así los sentimientos humanitarios del mundo, aunque están lejos de compartirlos. Cuando Israel toma acciones fuertes para neutralizarlos, los medios consideran que está haciendo uso excesivo de fuerza, a pesar de que es la única forma de frenar el flujo de armamento que provee Irán y de neutralizar todas las unidades de Hamas que disparan los cohetes” (énfasis nuestro).

Nuestro autor se nota muy preocupado por el flujo de armas a Hamas, que dispone algo así como de caucheras para enfrentar los aviones, tanques y armamento sofisticado con el que cuenta Israel y que le han sido proporcionados por los Estados Unidos y Europa. Valga recordar que Israel es un estado terrorista por excelencia y, no por casualidad, ha sido sostén y apoyo de torturadores y asesinos en todo el mundo, Para no ir más lejos, los grupos paramilitares y sicariales, que usan motosierra para matar a la gente, en Colombia tienen la impronta israelí. Y si así opera el estado sionista en varios continentes, qué tal la suerte de los palestinos que los han tenido que soportar durante seis decenos en sus propias tierras. Lo que Kalmanovitz llama “acciones fuertes para neutralizarlos” son nada menos que los ataques con bombas de uranio empobrecido o de fósforo blanco, dirigidos contra los niños en las escuelas y a los enfermos en los hospitales.

Para Kalmanovitz, los terroristas son quienes se defienden y no su apetecido estado sionista, que ha llevado el terrorismo a tal extremo que hoy por hoy haría avergonzar a Adolfo Hitler, quien nunca se atrevió a bombardear el Gueto de Varsovia, mientras que Israel ha bombardeado todas las veces que se le viene en gana los guetos de Gaza y Cisjordania. Porque no olvidemos que la cobardía de Israel ha llegado al extremo de librar la primera guerra en la historia de la humanidad contra un campo de concentración –eso es Gaza-, sin que sus habitantes ni siquiera puedan huir, porque están emparedados por los muros construidos por Israel.

Más adelante, en su insulso tartamudeo Kalmanovitz sostiene que “la izquierda no considera esta constante provocación contra un estado celoso de la seguridad de su población como motivo de crítica; denuncia, por el contrario, la catástrofe humanitaria así provocada y condena la lucha desigual entre un estado fuerte, apoyado además por el villano de siempre, los Estados Unidos, y un movimiento de liberación “débil”. Sin embargo, es un movimiento que asesina y que utiliza a adolescentes y mujeres para hacerse explotar en medio de una plaza de mercado o de un restaurante lleno de judíos. Tampoco le parece problemático que busquen establecer un estado clerical”.

Que tal la indignación de Kalmanovitz, la misma del estado de Israel y del poderoso lobby sionista de varios países, que está dirigida contra quienes osan criticarlos y denuncian sus crímenes, cuyas voces obviamente se sitúan a la izquierda. Debemos, en concordancia con esta lógica demencial, aplaudir el genocidio permanente del pueblo palestino a manos de Israel, en aras de apoyar la seguridad de sus habitantes. Acaso, ¿quién es el responsable de esa inseguridad? No se necesita ser un erudito para entender que el propio estado de Israel, con su política de limpieza étnica y tierra arrasada contra los palestinos, es el principal responsable de su propia inseguridad. Y, recitando la versión de la historia oficial de los genocidas, Kalmanovitz repite el coro mediático de que Hamas hace explotar bombas por placer, por gusto de matar, y no como resultado de la desesperación a que han sido llevados por el colonizador, que ha revivido las peores prácticas del nazismo con los palestinos.

Y lo del establecimiento de los estados clericales, que tanto le preocupa a Kalmanovitz, no considera a Israel que, repetimos, es un estado fundamentalista. No por azar, los rabinos de ese estado, y muchos de los que se encuentran desperdigados en otros lugares del mundo, pregonan a los cuatro vientos la destrucción de los palestinos e incluso incitan a que se use la bomba atómica contra ellos, con tal de borrarlos del mapa, en un estilo propio de la “solución final” del nazismo alemán.

Y nuestro aprendiz de historiador termina su perorata dando recomendaciones de este estilo: “Ya que el presidente Chávez ha sido tan procaz en brindarle apoyo a estos movimientos islámicos, hay que preguntarse qué haría si surgiera un grupo rebelde contra su gobierno que se refugia en La Guajira, desde donde lanza proyectiles día y noche contra Maracaibo, argumento expuesto en una carta de lectores a El Espectador. Seguro que mostraría menos paciencia que la observada por el gobierno israelí”.

Es bueno recordar, de paso, que en América Latina no es Venezuela la que bombardea países vecinos, pues el Israel de Sudamérica se encuentra en otra parte, mucho más cerca de los lares desde donde escribe estupideces nuestro flamante decano de Economía. Y el argumento, si puede llamársele así, es un verdadero disparate que va dirigido a los pocos que, en contravía de esa pacotilla de delincuentes conocida como la “comunidad internacional”, se han atrevido a llamar a los gobernantes del estado de Israel como lo que son, asesinos y genocidas.

El disparate de Kalmanovitz se basa en el desconocimiento consciente de la historia, al intentar mezclar cosas por completo diferentes. La comparación carece de sentido porque, primero Palestina (que no La Guajira) es un territorio invadido por un estado extranjero y sometido a una férula colonial. Segundo, Palestina, y no La Guajira, ha sido divida en múltiples pedazos (cada uno de reducido tamaño), incomunicados entre sí, como en los antiguos bantustanes en la Sudáfrica del apartheid y separada de Israel por un muro, frente al cual el de Berlín palidece. Tercero, quienes bombardean de manera continúa a los palestinos son los israelitas (y no el gobierno venezolano a los guajiros) y aquéllos lanzan en legítima defensa unos pocos cohetes artesanales y caseros que casi nunca producen daños considerables. Cuarto, la paciencia del gobierno israelí es admirable, porque sólo usa bombas sucias contra jóvenes y niños, destruye las casas de los palestinos con buldózeres, masacra a dirigentes políticos con armas sofisticadas, se anexa el agua y la tierra, requisa los pocos productos que pueden producir los palestinos y más encima los culpa por intentar defenderse. Como puede notarse, ¡es digna de emular la paciencia de los sionistas de Israel! Si los guajiros estuvieran sometidos a un sistema de apartheid racial, vivieran en un gueto desde hace 60 años, soportaran de manera continua bombardeos y apropiación de sus tierras, fueran expulsados por miles (como por millones lo han sido los palestinos), su utilización de cohetes caseros estaría más que justificada, porque estarían acudiendo al legitimo derecho a la supervivencia y a defender lo suyo.

De manera que, académico Kalmanovitz, no se las venga a dar de listo, con un ejemplo tan poco edificante, que no tiene la más mínima coherencia, para intentar ocultar los crímenes genocidas de Israel, echándole la culpa a otros, a las víctimas, los palestinos, y a los pocos que en el mundo se han atrevido a denunciarlos.

Lo que hace Kalmanovitz, aprovechándose de las posibilidades que tiene de expresarse en un periódico de circulación nacional, es simplemente una apología del genocidio de los palestinos y en eso cumple el papel de los testaferros intelectuales del sionismo internacional que continúan con la deshumanización a que han sido sometidos los palestinos. Como lo ha dicho el notable historiador judío Ilan Pappé –cuyos libros son prohibidos en el “democrático” Israel: “Los palestinos han sido tan deshumanizados por los judíos israelíes (ya sean políticos, soldados y ciudadanos ordinarios) que matarlos viene de forma natural, como lo fue expulsarlos en 1948 o encarcelarlos en los Territorios Ocupados. La actual respuesta de Occidente indica que sus dirigentes políticos no ven la relación directa que hay entre la deshumanización sionista de los palestinos y las brutales políticas de Israel en Gaza”].

Y en esta deshumanización han desempeñado un papel de primer orden todos aquellos que en el mundo pontifican, a nombre de su supuesta prestancia intelectual, sobre el “Israel de sus afectos”, que no es otra cosa que bendecir a un estado terrorista y escupir sobre los millones de palestinos que han sido masacrados, pisoteados y expatriados.