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Opinión
La política es una carrera de resistencia, no de velocidad
La lucha política que hoy palpita en Colombia no es una lucha de velocidad, es de resistencia
Johan Mendoza Torres / Miércoles 7 de marzo de 2018
 

Ismael Moreno, director de Radio Progreso Honduras, propone que, para generar esperanza, hay que tener presente la memoria de los mártires. Asimismo creer, impulsar y compartir trabajo con esa gente que le sigue apostando a lo colectivo, lo comunitario y lo alternativo. Por último, propone observar y conocer la entereza de la gente más humilde, su persistencia no solo vivencial sino política y organizativa para continuar siendo foco de resistencia.

El inmediatismo político, la espontaneidad de las situaciones, la cantidad innumerable de instantáneas inconexas mantienen hoy por hoy, a la sociedad colombiana atendiendo como quien apaga pequeños incendios, los golpes de opinión que se generan casi a diario en las redes sociales y medios masivos de información.

La virtud del diálogo político y los argumentos basados en la realidad histórica y estructural de nuestra sociedad, son reemplazados por memes o frases incoherentes introyectadas por mercaderes de la política o simplemente por cualquiera, mucho más en estas épocas de campaña donde no solo se ven palos, piedras y balazos, sino también los más ridículos argumentos con los que algunos buscan obtener un pedazo de la torta del poder.

La mercantilización del lenguaje político, cuyas manifestaciones más absurdas han sido cambiar el concepto gobierno por el de gerencia, o llegar a proponer que en la política hay que ser “impopular”, pone de plano el fenómeno que subyace a tan perversa lógica y que consiste básicamente en la neoliberalización de los conceptos políticos, siendo la “eficacia”, un pretexto para anular el paso por un proceso, o la razón para convertir todo en un medio para lograr un fin individual.

De allí que muchas personas, jóvenes y no tan jóvenes, se desalientan fácilmente ante la dificultad de querer observar cambios estructurales en la sociedad. La razón para dar continuidad a un ideal político se sustenta en la capacidad crítica y en la toma de consciencia política, en donde quizá la conclusión más tangible a la que se puede segar hoy es que seamos la semilla y no la cosecha. ¿acaso hay algo de perverso en esa idea? Para nada. Salvo para el neoliberalismo, que fomenta la exacerbación del aquí y el ahora, como fundamento para salvaguardar estilos de vida en los que el consumismo sea la dinámica que marque la existencia humana, en los que el individuo queda preso de un presente que da la espalda al pasado y por ende no tiene otra perspectiva de futuro más que esperar qué de nuevo le ofrece el mercado.

La lucha política no consiste en una carrera de velocidad. Hay que comprender que consiste en una carrera de resistencia. ¿“Carrera” significa competencia? Por supuesto que sí, tal y como también significa lucha o incluso dialéctica. No hay que olvidar que quienes quieren convencer de que las acciones de la política de base “no sirven”, son los mismos que hoy están situados en el poder, o bien son los que engañados (ideologizados) destruyen las esperanzas de quienes luchan a costa de beneficios que obtienen del mercado o manteniendo “vidas a crédito”.

La lucha política que hoy palpita en Colombia no es una lucha de velocidad, es de resistencia y eso la derecha del país (que siempre ha tenido el poder) lo sabe muy bien y procura salvaguardarse cultivando a sus generaciones, quienes continúan con el paso de los años levantando las banderas de la opresión. ¿Acaso cuando dicen en grandes medios masivos “la nueva cara de la política” no son más sino los hijos, los nietos o amigos de los hijos y los nietos quienes ocupan los puestos que dejan los padres en el poder? Por supuesto oligarquía jamás puede asumirse como un concepto cliché en Colombia, existe y continúa en la política, no obstante, terratenientes y todo su círculo social también han gestado esa clase poderosa que hoy gobierna Colombia.

Desfallecer y sucumbir es el propósito de la competencia. Convencernos falsamente de que es una cuestión de velocidad es el afán de la competencia para que así cada vez más jóvenes al pasar sus años de rebeldía (si es que los desarrolla) se constituyan en una pieza más del andamiaje sistemático en conjunto con el padeciendo de la más absurda parálisis de la crítica.

Es una carrera de resistencia, no de velocidad, quienes tienen el poder en Colombia desarrollan también su consolidación de manera metódica y paulatina, pero infestan la cabeza de sus potenciales enemigos con el malestar del inmediatismo. ¿Por qué lo hacen? Porque saben que así será es más fácil domesticar a quien en principio prometía oponer ferra resistencia, ¿acaso la perseverancia no implica mucho más tiempo que entregarse a la lógica consumista de una vida a crédito?

No es una carrera de velocidad, por eso, teniendo presente el mensaje de Ismael Mejía, podemos como colombianos encontrar en la ruralidad, ese lugar donde el tiempo se observa con una perspectiva paciente, donde el tiempo no es “dinero” sino el proceso integral que forma parte de la vida; sí, podremos encontrar en la ruralidad, los presupuestos más valiosos para asumir la resistencia, calma, no desesperes, resiste.