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Opinión
Hidroituango, ejemplo emblemático de la “pujanza paisa”
Los que han sido lúcidos y visionarios son los campesinos que denunciaron con toda anticipación lo que venía en camino, pero que fueron calumniados y perseguidos por los representantes del emprendimiento paisa.
Renán Vega Cantor / Martes 12 de junio de 2018
 
Represa de Hidroituango. Foto: Bibiana Ramírez - APR.

“El río Cauca nunca más será el mismo después de esta intervención del represamiento de sus aguas. (…) el eje del poder empresarial antioqueño, desde Medellín, ha demostrado una vez más su profundo desprecio por las poblaciones alejadas del valle de Aburrá y el rico nororiente antioqueño. Las comunidades cercanas a las riberas del río Cauca, del Magdalena y de su zona caribeña no cuentan para ellos.

Es que (a) un proyecto de 12 billones de pesos, considerado el más grande construido en la infraestructura nacional, las leyes, reglamentos, resoluciones, comunidades y el sentido común, no interesan. Un capitalismo salvaje en que para colmo de males se encuentran vinculados como socios entidades territoriales actuando contra sus propias comunidades sin que nadie les diga nada”. Jan Slodvak. [1]

El puente de Chirajara, en la vía a Villavicencio, que se derrumbó a comienzos de este año, era exhibido por políticos (Germán Vargas Lleras, en primer lugar) y “cacaos” dueños de este país (Luis Carlos Sarmiento Angulo, uno de los 500 multimillonarios del mundo) como la gran obra de la ingeniería colombiana. Luego de su derrumbe, y cuando nadie volvió a hablar de ese “indestructible” puente, las propaganda mediática se trasladó a otra gran obra, la Represa de Ituango, en el bajo Cauca, nororiente de Antioquia. Esta fue presentada hasta hace unos veinte días como la máxima expresión de la pujanza de los paisas.

Para la muestra un botón, de comienzos de este año, cuando un comentarista de prensa decía: “En este 2018 que comienza, los paisas culminarán su nueva y espectacular hazaña: construir en apenas ocho años Hidroituango, el proyecto hidroeléctrico más grande en la historia del país, tras arrebatarle un corredor estratégico al crimen organizado y vencer en forma aplastante a organizaciones de fachada que les hacen el juego”. Ese mismo personaje concluía su nota panegírica, titulada “Hidroituango: el nuevo golpe de los paisas”, con estas palabras: “La ambición y la pujanza de los paisas suscita admiración, pero también envidias y antipatías en Colombia. Considerando lo sucedido en obras como El Guavio o en el minúsculo deprimido de la calle 94 en Bogotá, -demoras, robos, sobrecostos-, con Hidroituango llega desde Antioquia otra lección al país acerca de cómo se deben hacer las cosas. Y de cómo hacerlas bien”. [2]

Es difícil encontrar tantas mentiras en tan pocas líneas, algo que por supuesto no nos debe sorprender en ese reino macabro de la simulación que se llama Colombia. No vamos a entrar a desmentir cada uno de los embustes que se dicen en esa nota, solamente queremos destacar un aspecto: el de la pujanza de los paisas, que supuestamente todo lo pueden, hasta desviar un río y construir una obra suicida, que sería el orgullo no solamente de esos paisas sino de todo el país, a pesar de las envidias que eso suscitaría en el resto de colombianos.

Esas palabras, que eran repetidas hasta hace pocas semanas por los gobernantes de Medellín, Antioquia, el gerente de las Empresas Públicas de Medellín y políticos oriundos de la región, para sacar pecho sobre la grandeza de los paisas, han quedado hechas añicos por la dura realidad de lo que hoy está sucediendo en Hidroituango, cuyo historial genocida se ha completado con una acción ecocida, como la que hoy estamos presenciando.

Desde el momento en que empezó la crisis el 5 de mayo, con el desbordamiento no natural del río Cauca, por haber sido desviado de su cauce, salió a relucir nuevamente ese espíritu paisa, por parte del gobernador de Antioquia, Luis Pérez Gutiérrez que afirmó textualmente en un trino: “tenemos muy buenos ingenieros, estamos asumiendo un pequeño impase (…) no hay ningún riesgo ni para los municipios ni para los habitantes aguas arriba o aguas abajo”. [3] Ese mismo individuo sostuvo que no se debía hacer una telenovela con lo que sucedía en Hidroituango, pues todo estaba controlado. Que la primera autoridad de Antioquia diga semejantes estupideces nos confirma su cordura e inteligencia, si recordamos que el mismo afirmó que Maluma ― ese propagador del odio a las mujeres a través de su horroroso ruido que vende como si fuera música― era un poeta urbano, de la estirpe de Jorge Luis Borges y la artista Débora Arango. La seriedad de ese gobernador se puede constatar por sus declaraciones posteriores, en las que ha dicho que lo de Hidroituango sería peor que el diluvio universal, y pocos días después sostuvo que solamente “sería como una especie de inundación nacional eventual”.

Todo estas bobadas serían una anécdota trivial, si no fuera por los crímenes que ha generado la Represa de Ituango desde antes que comenzara su construcción, cuando políticos de origen regional, que luego serían Ministros, Gobernadores, Presidentes, Senadores…. organizaron la expulsión de los campesinos antioqueños del Bajo Cauca, mediante grupos paramilitares que llevaron a cabo unas cien masacres, en las cuales asesinaron a 3500 personas, desterraron a más de cien mil campesinos de la región, e implantaron un régimen de terror, tras lo cual venía el alabado desarrollo y progreso. Tal y como lo avaló Luis Alberto Moreno, el presidente del BID (Banco Interamericano de Desarrollo), en su visita a la Represa el 15 de abril de 2018: “Hay muchos estudios que apuntan a que en las zonas donde hay energía hay desarrollo. Es muy difícil pensar que traer desarrollo económico a donde no hay energía y por eso nos sentimos muy orgullosos de haber acompañado este proyecto”. [4]

Claro, para la muestra un ejemplo concreto de desarrollo y progreso, como el de Ituango y las zonas ribereñas del bajo Cauca, cuyos habitantes han sido perseguidos y masacrados con saña. Eso viene sucediendo desde hace varios años, porque han sido asesinados o desaparecidos los líderes de las organizaciones populares y campesinas que advirtieron de los impactos destructivos de la construcción de esa represa, arrasadora de la vida y de los pescadores y pequeños agricultores de la región. Ese desangre no ha parado, porque al mismo tiempo que se destapó la “crisis de Hidroituango”, por la fuerza incontenible del río Cauca, en el municipio de Valdivia era asesinado el martes 8 de mayo el humilde barequero Luis Alberto Torres Montoya, de 35 años, integrante del Movimiento Ríos Vivos. Seis días antes había sido asesinado Hugo Albeiro George Pérez, de 47 años, integrante de la Asociación de Víctimas y Afectados por Megaproyectos ASVAM El Aro del municipio de Ituango, Un desangre que no se detiene, porque tiene un objetivo claro: despejar por completo el camino para que este “proyecto de desarrollo” se imponga, porque el progreso no se puede detener, y menos por culpa de los campesinos y pescadores.

Hay que agregar a ese genocidio, el ecocidio en marcha que implica la destrucción de diversas formas de vida, de especies vegetales y animales de la región, empezando por algunas variedades de peces, que constituían la fuente vital y cultural de los habitantes ribereños. Porque, hay que recalcarlo, no se está hablando de un posible desastre futuro, que pretendidamente se ha evitado porque la represa no ha colapsado en su totalidad. No, el desastre ya es un hecho real, en la medida en que las furiosas aguas del río Cauca, sacadas de su cauce normal por los cultores del desarrollo, arrasaron con todo lo que encontraron a su paso aguas abajo, y destruyeron las formas de subsistencia de miles de colombianos humildes, en un área que afecta a 12 municipios, aumentando la pobreza y la miseria de la región y del país. ¿Quién responde por este crimen social, económico y ambiental, producto de la pujanza de los paisas? ¿Dónde quedan los políticos, gobernantes y publicistas que son responsables de estos crímenes, empezando por un senador que fue Presidente de la República y que aspira a regresar a la Casa de Narquiño en el cuerpo ajeno de Iván Duque? ¿Qué dicen ahora los que tanto alardean de la superioridad de los paisas y su espíritu emprendedor? ¿Cómo asumen las Empresas Públicas de Medellín (que muy poco tienen de públicas) su responsabilidad directa en esta tragedia?

Como es apenas obvio, los responsables y criminales paisas miran para otro lado, esperando que el olvido encubra esta nueva tragedia, creada por sus propios intereses, que suceda lo mismo que van a hacer las aguas de la represa cuando inunden completamente la región, esto es, que desaparezcan los miles de cadáveres de las fosas de los paramilitares, como si nunca hubieran existido.

Por eso, Sergio Fajardo, en cuya gobernación se iniciaron las obras, dice que nada tiene que ver con el asunto, aunque haya afirmado a través del Twitter –el único medio por el que el pobre puede expresarse, puesto que no sabe ni hablar ni que decir: “A volar se dijo. Hoy un día extraordinario para el proyecto HidroItuango. Desviación del río Cauca”. (17 de febrero de 2014); ese mismo día afirmaba con regocijo: “La segunda explosión: la desviación del río Cauca para construir Hidroituango. Oportunidades vs Barbarie”. Y el ex gobernador Luis Alfredo Ramos, además ex presidiario y hoy jefe de campaña de Iván Duque, dijo con esa típica prepotencia paisa, el 13 de diciembre de 2017: “Visitamos Hidroituango, la más grande iniciativa de mi gestión como Gobernador y la obra civil más importante de la historia del país. ¡Que orgullo!”. [5]. Claro, ellos mismos nos dicen en estos instantes que nada tienen que ver con lo sucedido en Hidroituango, y con esa perspectiva el candidato presidencial que representa a esos mismos sectores ha dicho que debemos “unirnos como país, cero mezquindades para manejar esto, acá se necesita es pensar en el futuro de nuestro país, ese es un proyecto estratégico para Colombia y necesitamos que en este momento la solidaridad se sienta”. [6] Es decir, unámonos a los paisas para tapar sus crímenes y olvidemos para que todo quede cubierto por el manto de la impunidad.

En el mismo entorno del empresariado paisa se sostiene que la crisis de Hidroituango es resultado de un fenómeno de tipo natural, de una falla geológica, pero que la situación de la represa no está relacionada con la forma corrupta, criminal, antidemocrática y anti-campesina como se desarrolló el proyecto de principio a fin. ¡Qué va! Nada puede afear la grandeza paisa, de sus capitalistas y terratenientes, que se lucrarán del dolor y de la miseria, ya que, como es típico de la Doctrina del Shock, se aprovecharán del miedo y del pánico creado, para completar su faena de despojo y expulsión de los campesinos y pescadores remisos, que se niegan a plegarse a los planes de desarrollo, que los arrinconan y matan.

Esta tragedia humana pone de presente que hay una diferencia entre los paisas y los antioqueños. Paisas son todos aquellos permeados de esa cultura traqueta y ostentosa (desde Uribe Vélez hasta Maluma y todos los que claman por la continuación de la guerra de exterminio, adoran la violencia y son machistas, racistas y clasistas); antioqueños son los que han buscado un mejor país, con sus luchas y sus proyectos alternativos al capitalismo mafioso enquistado en Medellín y en el resto de Colombia. Esos antioqueños han pagado con su vida, su resistencia al modelo paisa de progreso y desarrollo, un eufemismo para ocultar que ha sido un modelo de muerte.

En la tragedia de Hidroituango los que han sido lúcidos y visionarios han sido los campesinos de la región que denunciaron con toda anticipación lo que venía en camino, pero que fueron calumniados y perseguidos por los representantes del emprendimiento paisa. Al respecto, no debería olvidarse que Aníbal Gaviria, por entonces alcalde de Medellín, señaló que detrás de los que se oponían a la construcción de la Represa percibía "intereses oscuros entre quienes quieren manipular a personas de la región" y por eso exigió a la Agencia Nacional de Licencias Ambientales que no se convirtiera en el cuello de botella del proyecto, porque "hay que ser más efectivos en la gestión. No se puede frenar el desarrollo". [7] Estas afirmaciones hoy pueden catalogarse, con base en lo sucedido, como una apología de los crímenes que han realizado los que han hecho de Hidroituango su modelo de vida, o mejor de muerte. ¡Pero todo sea hecho por la grandeza paisa, con su cortejo de paramilitares y políticos de motosierra grande y homicida!

Rebelión