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Debate
Lecciones de Marx al campo de la historia
Jhon Diego Domínguez-Acevedo / Martes 24 de julio de 2018
 

En la producción social de su existencia, los hombres establecen determinadas relaciones, necesarias e independientes de su voluntad, relaciones de producción que corresponden a un determinado estadio evolutivo de sus fuerzas productivas materiales. La totalidad de esas relaciones de producción constituye la estructura económica de la sociedad, la base real sobre la cual se alza un edificio jurídico y político, y a la cual corresponden determinadas formas de conciencia social. El modo de producción de la vida material determina el proceso social, político e intelectual de la vida en general. No es la conciencia de los hombres lo que determina su ser, sino, por el contrario, es su existencia social lo que determina su conciencia. En un estadio determinado de su desarrollo, las fuerzas productivas materiales de la sociedad entran en contradicción con las relaciones de producción existentes o —lo cual sólo constituye una expresión jurídica de lo mismo— con las relaciones de propiedad dentro de las cuales se habían estado moviendo basta ese momento. Esas relaciones se transforman de formas de desarrollo de las fuerzas productivas en ataduras de estas. Se inicia entonces una época de revolución social.

 [1]

La verdad básica sigue siendo que el análisis de cualquier sociedad, en cualquier momento de la evolución histórica, debe empezar con el análisis de su modo de producción, es decir, de: a) la forma técnicoeconómica del «metabolismo entre el hombre y la naturaleza» (Marx), la manera en que el hombre se adapta a la naturaleza y la transforma por medio del trabajo; y b) las medidas sociales por medio de las cuales se moviliza, despliega y asigna el trabajo.

 [2]

Como resultado de su prolija participación en la actividad intelectual del siglo XX, Hobsbawm legó varias de sus contribuciones que nos han llegado en forma de ensayos. Hacia 1968 se preguntaba en Paris ¿Qué le deben los historiadores a Karl Marx? [3]. Más que una tibia apologética fue un esfuerzo por valorar los cambios epistémicos y metodológicos que afrontó el campo de la historia tensionado por las fuerzas desplegadas y desenmascaradas por Marx. Advierte el historiador inglés decididamente que: “(…) el siglo XIX, aquella era de civilización burguesa, tiene en su haber varios logros intelectuales de importancia, pero la disciplina académica de la historia que creció durante dicho periodo no fue uno de ellos” [4]. Añade que algunos métodos que emergieron dieron como resultado trabajos mal documentados, especulativos y excesivamente generales, en los cuales los testigos de la era de las revoluciones burguesas intentaron comprender la transformación de su tiempo. En el marco de una historia académica ―apoyada en las enseñanzas de Leopold Von Ranke― se divulgaron publicaciones especializadas en las postrimerías de finales del siglo, opuestas a la generalización respaldada por hechos poco fehacientes, una mirada que determinaba una serie de “efemérides” que poco aportaron al campo de la historia (excepto algunos criterios empíricos en la valoración de documentos y algunas técnicas auxiliares que aportaron a tal propósito). Pero estas aportaciones, en el siglo XIX, no contribuyeron de manera decisiva a la comprensión de la sociedad humana pasada y presente, su mirada fue insignificante y accidental ya que “…para comprender la sociedad se requería comprender la historia, era inevitable que tarde o temprano se encontrarán formas más fructíferas de explorar el pasado humano”.

No sin razón, Arnoldo Momigliano citado por [5], resumió los cambios experimentados en la historiografía desde principios del siglo XX como una estela de tendencias metodológicas opuestas (aún activas) y sus raíces epistemológicas, en el campo de la historia: i. Una historia política y religiosa que decayó al parejo de las “historias nacionales”, se llegó al acuerdo sobre su carácter anticuado, en cambio, se produjo la notable inclinación por una historia socioeconómica (profundamente ligada a la teoría social de Marx); ii. El debate metodológico mutó a la posibilidad de la explicación en la historia, una ciencia que se apartaba de sus aspiraciones positivistas debía ceñirse a un horizonte nuevo que no anulara su carácter de ciencia rigurosa: la explicación predominante se daba ahora «en términos de fuerzas sociales», esto llegó a plantear de forma más aguda la explicación de acontecimientos históricos y la explicación de acciones individuales; iii. Pero quedó abierta la cuestión para la posteridad, era evidente que la explicación daba apertura a la posibilidad de confiar en la determinación del futuro, frente a lo que cada vez se hizo más claro que no era factible “… hablar de progreso o siquiera de evolución con sentido de los acontecimientos en cierta dirección” [6]

De tal suerte, que la transición de una historia política y religiosa a una historia socioeconómica es el trasfondo de los cambios que Marx lideró de una concepción idealista hacia una materialista de la historia. Sin duda, bajo el estímulo de los problemas sociales que dominaron la segunda mitad de siglo XIX. No se ha determinado como el historicismo alemán contribuyó o convergió con los planteamientos de Marx. Así como hoy las ciencias sociales siguen siendo punto de apoyo para la historia. Es más fácil encontrarnos con la usual reducción a la que se somete a Marx como responsable del “determinismo económico”, argumentando que “él fue el primero en recalcar la importancia de la base económica del desarrollo histórico, o de escribir la historia de las humanidades como la de una sucesión de sistemas socioeconómicos” o su originalidad al introducir el concepto de “clase” y “luchas de clases en la historia”. Sin contemplar las posibilidades que abrió al aportar novedosos elementos conceptuales (heurísticos) para la comprensión del pasado y abriendo la historia a las ciencias sociales. Por ello, me permito interrogar por la permanencia de la comprensión materialista de la historia, ¿sigue constituyendo una orientación metodológica? Este no deja de ser un debate actual y al que los historiadores colombianos no le pierden el rastro [7] y al que estamos invitados a proseguir.

Vulgarización de método de Marx

La influencia marxista en el campo de la historia se ha identificado con una serie de ideas sencillas, pero con un nivel de fuerza que se asoció con Marx y los movimientos inspirados en su pensamiento, pero que en absoluto son marxistas, o que, en términos exactos no se corresponden al pensamiento maduro de Marx. Y que el historiador inglés denomina “marxismo vulgar”, subrayando que el análisis consiste en separar los componentes marxista vulgar y marxista en el legado de Marx para el análisis histórico. Así la caracterización del “marxismo vulgar” parafraseando a Hobsbawm (1997) redunda en lo siguiente:

1. La «interpretación económica de la historia», lo que significa que el factor económico es el fundamental del cual dependen los otros. Además, dependerían a dicha interpretación fenómenos distintos a la dimensión económica;

2. El modelo «basesuperestructura», que explica la historia de las ideas, el cual es comprendido como una relación simple de dominación y dependencia entre la base económica y la superestructura.

3. La dependencia entre la base-superestructura se mediaba por la relación entre «interés de clase y lucha de clases» que reificaron las elaboraciones de Marx a que la historia de las sociedades es la historia de la lucha de clases.

4. Las «leyes históricas y la inevitabilidad histórica» se asume, acertadamente, que “Marx insistía en una evolución sistemática y necesaria de la sociedad humana en la historia, de la cual se excluía en gran parte lo contingente, en todo caso en el nivel de la generalización sobre los movimientos a largo plazo” [8]. Asunto que se interpretó como una regularidad rígida e impuesta que conducía a pensar en que no había ninguna alternativa histórica (v.g. las sucesiones de formaciones socioeconómicas, en otras palabras, un determinismo mecánico).

5. Temas de investigación histórica que derivan de los intereses de Marx (industrialización y desarrollo capitalista). Asimismo, algunos intereses de los movimientos asociados con la teoría (agitación de las clases oprimidas o las revoluciones).

Con todo, aduce, nuestro autor, “los que recordamos nuestros primeros encuentros con el materialismo histórico podemos dar fe la inmensa fuerza liberadora de semejantes descubrimientos sencillos” [9]. Empero, era “natural” que el efecto inicial del marxismo derivara en una simplificación de elementos de Marx representó en su etapa inicial.

De tal suerte, que, la hipótesis que se puede sostener es que, la influencia marxista ―y la vulgar― forman parte de una tendencia general a transformar la historia en una de las ciencias sociales cuya intención fue predominante en el siglo XX. El principal aporte del marxismo a esta tendencia en el pasado ha sido el reconocimiento de las sociedades como sistemas de relaciones entre seres humanos, entre las cuales se establecen para fines de producción y reproducción (interés central en la obra de Marx). Adicionalmente, implica el análisis de la estructura y el funcionamiento de estos sistemas como entes que mantienen relaciones con su contexto interno y externo. Con razón advierte Hobsbawn: “el marxismo está lejos de ser una única teoría estructural-funcionalista de la sociedad (…) pero difiere de las demás en dos cosas. Insiste, en primer lugar, en una jerarquía de fenómenos sociales (como, por ejemplo, la «base» y la «superestructura»), y, en segundo lugar, en que todas las sociedades existen tensiones internas («contradicciones») que contrarrestan la tendencia del sistema mantenerse como empresa en marcha” [10].

La importancia de estas particularidades se hace visibles en el campo de la historia, pues son estas las que permiten explicar por qué y cómo las sociedades cambian y se transforman; dicho de otro modo, los hechos de la evolución social.

Cabe argüir, que el cambio histórico se convierte en la permutación de ciertos elementos de los cuales, en un plazo suficientemente largo, se combinen para formar pautas diferentes y, si son suficientemente limitados agotar todas las posibles combinaciones, “la historia es por así decirlo el proceso de agotar todas las variantes en la etapa final de una partida de ajedrez” [11]. Esto extiende un peligro: hace demasiado cómodo el método para el historiador, puesto que “el análisis de los elementos y sus posibles combinaciones” más que proporcionar “un saludable control sobre las teorías de la evolución” se han construido en el cimiento de determinaciones de horizontes sociales posibles, donde se confunde el rigor científico con los ideales de clase.

Evolución social ¿Un efecto esperado?

El grueso de la obra histórica de Marx está integrado, en los escritos teóricos y políticos, en la que los fenómenos históricos se consideran dentro de un marco más o menos a largo plazo que comprende la totalidad de la evolución humana. Igualmente, se debe conjugar con las elaboraciones del autor alemán que se centra en periodos breves, asuntos determinados o en la historia detallada de acontecimientos. Empero, en la obra de Marx no se encuentra una síntesis completa de la evolución social.

Se puede indicar que existen algunas razones que dan cuenta de esta particularidad: primero, “a Marx le costaba llevar a cabo sus proyectos literarios”; segundo, sus puntos de vista continuaron evolucionando hasta su muerte “dentro de un marco instaurado en el decenio de 1840”; y tercero, en la obra de madurez, Marx estudió la historia de manera inversa tomando el capitalismo desarrollado como punto de partida “el hombre era la clave de la anatomía del mono”. Este último aspecto, significa que el pasado no puede entenderse exclusivamente en sus propios términos: no sólo porque forma parte de un proceso histórico, sino porque tal proceso solo permitirá analizar y comprender asuntos relacionados a ese proceso y al pasado. El historiador británico complejiza dicho tratamiento, al respecto aduce

El planteamiento de Marx sigue siendo discutible, por cuanto no puede decirnos si el análisis futuro, basado en la futura evolución social, no habrá descubrimiento analítico comparables que permitan a los pensadores reinterpretar la historia de la humanidad en términos de algún otro concepto analítico fundamental. Esto es en potencia una laguna en el análisis, aun cuando no nos parezca probable que esta hipotética evolución futura abandone el carácter fundamental del trabajo de Marx, al menos en lo que se refiere a ciertos aspectos obviamente cruciales de la historia humana.

 [12].

No obstante, la influencia de Marx en los historiadores se ha basado en su teoría general; a saber, la concepción materialista de la historia, con los esbozos relacionados con la forma general de la historia de la evolución histórica de la humanidad ―desde el comunalismo primitivo al capitalismo― como sus aportes sobre determinados periodos y problemas del pasado (lo que no excluye, inevitablemente, que gran parte de lo que escribió Marx sobre algunos aspectos del pasado refleje el conocimiento histórico que existía en su tiempo).

La concepción materialista de la historia merece una comprensión compleja y dinámica que constituye el núcleo central de la teoría de Marx. Así, pues, Marx y Engels la elaboraron a partir de la crítica a la filosofía y las ideologías alemanas y a dirigida a enfrentar las creencias de que “las ideas, los pensamientos los conceptos producen, determinan y dominan a los hombres, sus condiciones materiales y la vida real” (Marx y Engels, 1988). Y que de acuerdo con Hobsbawm se puede resumir en la frase de Marx en La Contribución a la crítica de la economía política, “No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia”. Esta concepción de la historia se basa en exponer el proceso real de producción, a partir de la producción material de la vida misma (en su dimensión compleja de muta dependencia entre la naturaleza, el trabajo, el trabajo social y la organización social), y comprender la relación con este modo de producción, creada por la sociedad civil en sus diversas etapas, como base de toda la historia: describirla en su actuación ―el Estado, por ejemplo― y explicar como la producción teórica y formas de conciencia, religión, filosofía, moral… surgen de ella y así es posible presentarlo en su totalidad.

En definitiva, “dado que los seres humanos tienen conciencia, la concepción materialista de la historia es la base de la explicación histórica, pero no la explicación histórica misma” [13]. Lo que significa que, el argumento central sobre la concepción materialista de la historia se ha referido a la relación fundamental entre el ser social y la conciencia. No necesariamente a la determinación de un horizonte posible del orden social.

Coda

La concepción materialista de la historia y su extensión al dominio de fenómenos sociales superó dos herencias en la historia. Primera, solamente se examinaban, los móviles ideológicos de la historia de los hombres, sin inquirir su origen, las relaciones sociales que los constituyen y mucho menos observar el grado de desarrollo de la dinámica de producción material. Segundo, no abarcan las acciones de las masas, a diferencia del materialismo histórico que permitió estudiar, las condiciones sociales y materiales de la vida de tales masas y los cambios internos y externos de dichas condiciones. Antes de las elaboraciones de Karl Marx, la historiografía proporcionaba una serie de datos y descripciones de fenómenos fragmentarios y asilados respectivamente del proceso histórico. Marx posibilitó dimensionar lo social desde una comprensión dinámica y total del desarrollo de las formaciones y relaciones sociales. Queda por discutir ¿cuál es la vigencia del pensamiento de Marx en la teoría social?; ¿cuál es la importancia de comprender la producción material de la vida como un complejo dependiente para el análisis histórico? ¿cuáles son las condiciones objetivas de producción de la vida material que crean la base de toda la actividad histórica de los hombres? Marx diseño una arquitectura conceptual que le permitiera una interpretación coherente del devenir histórico en la que propuso una teoría para estudiar a las sociedades en movimiento.

[1Marx, K. [1859] (1989). Contribución a la crítica de la economía política. Moscú: Editorial Progreso.

[2Hobsbawm, E. (1984). “Marx y la historia” en Sobre la historia. Barcelona: Crítica.

[3Participación en el simposio “El papel de Karl Marx en la evolución del pensamiento científico contemporáneo”. Posteriormente fue compilado por el autor bajo el título Sobre la historia en 1997.

[4Hobsbawm, E. (1997). Sobre la historia. Barcelona: Crítica. p. 148

[5Hobsbawm, E. (1997). Sobre la historia. Barcelona: Crítica

[6Hobsbawm, E. (1997). Sobre la historia. Barcelona: Crítica. pp. 149-150

[7Jesús Antonio Bejarano “Guía de perplejos. Una mirada a la historiografía colombiana”, Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura No. 24, (1997): 283-329.

[8Hobsbawm, E. (1997). Sobre la historia. Barcelona: Crítica. p. 152

[9Hobsbawm, E. (1997). Sobre la historia. Barcelona: Crítica. p. 153

[10Hobsbawm, E. (1997). Sobre la historia. Barcelona: Crítica. p. 155

[11Hobsbawm, E. (1997). Sobre la historia. Barcelona: Crítica. p. 158

[12Hobsbawm, E. (1997). Sobre la historia. Barcelona: Crítica. p. 165

[13Hobsbawm, E. (1997). Sobre la historia. Barcelona: Crítica. p. 167